José Luis Abraham López: «Carlos Vázquez y sus memorias como mánager musical»

La vida musical con todas sus excentricidades y riesgos en la incesante vorágine que muchos aceptan con tal de conseguir una fama efímera o una fortuna igual de pasajera.

En muchos lugares hemos tenido ocasión de ver anunciado un libro –que si no lo ha hecho ya, levantará mucha polvareda–, Tibu, memorias de un manager, con el que la Editorial Malpaso, bajo su sello Lince Ediciones, da a conocer las memorias de todo un gurú de la música en España, Carlos Vázquez Moreno.

Este relato conforma una exposición en el intenso devenir personal y sobre todo profesional de su autor, quien va entrelazando el tiempo carcelario en el centro penitenciario de Soto del Real (2015-2019) con las vivencias en el mundo de la música. Hecho a sí mismo, el contacto con la vida real le curtió en el esfuerzo diario y en su innata habilidad para los negocios.

Portada ‘Tibu, memorias de un manager

Con la exposición de los acontecimientos, esta autobiografía profesional supone un recorrido por rincones de ocio en su día emblemáticos. También hay un lugar para el desencanto en el amor.

Su temprana fascinación por la música condujo a Carlos Vázquez a figurar como bajista en el efímero grupo “Cráter”, también con figuras estelares como Ramoncín en “WC?”, la banda francesa “Bijon”, la Orquesta Mondragón. La lista es demasiado extensa como para reproducirla.

Durante un breve paréntesis, se dedicó a probar motos de competición y su habilidad a los mandos le permitió participar en algunas películas españolas. En 1982, se incorporó de nuevo al circuito artístico con la banda de rock “Banzai”. Luego vino su inolvidable experiencia con “Scorpions”. Al lado de Patricia Kraus, en 1987 viajó a Bruselas al certamen de Eurovisión. Posteriormente, se enroló como director artístico de varias discográficas, una de ellas Zafiro.

Conocido con el acortamiento de tiburón, en estas memorias Carlos Vázquez expone sin ambages la vida musical con todas sus excentricidades y riesgos, sacrificios e ingratitud en la incesante vorágine que muchos aceptan con tal de conseguir una fama efímera o una fortuna igual de pasajera.

Aunque en sus comentarios Carlos Vázquez no deja títere con cabeza, en ocasiones se acoge al secreto ético cuando opta por una voluntaria omisión o encubrimiento de ciertos nombres. Durante ocho años llevó la carrera de Javier Gurruchaga, siendo mánager de grupos como Hombres G, El Canto del Loco, entre otros muchos. El mundo que ha vivido es el mismo mundo que ha sufrido, un mundo que te engulle despiadadamente, sea en el pop, rock o en el flamenco, en el que durante dieciséis años estuvo al lado de José Mercé.

Como todo mánager, si bien Carlos Núñez fue el “culpable” de grandes hitos en el mundo de la música también fue su cabeza invisible. Su magisterio en las relaciones públicas llevó a la unión y gira de Hombres G por México, así como legendarios y multitudinarios conciertos de nombres como Silvio Rodríguez junto a Luis Eduardo Aute, o el tema que Sting quiso compartir con Vicente Amigo. En sus trescientas páginas desvela contratos, extravagancias de artistas estrafalarios y altos cargos públicos, y grotescos personajes de medio pelo.

Acusado de apropiación indebida y deslealtad societaria, esta autobiografía profesional refleja cómo la industria y el mercado de la música devoran a sus hijos, porque todos son víctimas de su devastador poder de seducción. El relato está alentado en muchas ocasiones por el formato narrativo, vibrante en su discurso como atrevido y sorprendente en su contenido que, sin duda, no dejará indiferente a ningún lector.

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José Luis Abraham López

Profesor de Educación Secundaria y Bachillerato

 

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