Daniel Morales Escobar: «Maestros jubilados por la pandemia»

La maldita epidemia que irrumpió en marzo en nuestras vidas para trastocarlo todo ha tenido sus peores efectos en las miles de vidas perdidas, sobre todo entre nuestros ancianos. También han sido demoledoras sus repercusiones en la economía de innumerables familias, que están pasando un doble infierno: el miedo a la enfermedad, como todos, y el miedo a no llegar a fin de mes o, peor, no tener ni para los primeros días.

Sin duda, nada es comparable a esas consecuencias, siendo todas las demás secundarias o, incluso, anecdóticas. Vaya por delante mi cariño a todos los que se hayan visto o se estén viendo afectados por una de esas dos situaciones. Pero este artículo va a centrarse en el mundillo de la enseñanza, donde la realidad no es trágica pero sí está siendo difícil y triste.

Y en este contexto, siempre me acuerdo de tantos maestros y profesores que se han jubilado en estos meses, voluntariamente muchos y obligatoriamente otros. Pero, en ambos casos, han dejado su profesión, a la que han dedicado décadas, sin la despedida tan merecida y el homenaje de los amigos y compañeros. Por el contrario, se han ido, a veces, sin que los demás se enteren. Por eso, he querido recoger las impresiones de dos maestros, muy buenos amigos míos (aunque ellos no se conocen) que se jubilaron voluntariamente en septiembre después de toda una vida dedicada con intensidad a la educación.

Manuel Salcedo Cortés empezó en 1981, tras aprobar las oposiciones como maestro de Francés, siendo su primera plaza en un centro de formación de mayores de Atarfe. Posteriormente realizaría en Melilla una nueva especialidad, la de Educación Especial (hoy Psicología Terapéutica) y vendrían nuevos destinos profesionales, como Galera y Salobreña. Ha sido en esta última donde ha trabajado y vivido más de treinta años, pasando por sus distintos centros educativos: el colegio Juan Ramón Jiménez, el Mayor Zaragoza y desde 1998 el instituto Mediterráneo, en el que ha finalizado su carrera docente.

Sus recuerdos más entrañables los tiene del centro de Atarfe, en el que se dedicó a enseñar a leer y escribir a mujeres adultas, con las que tenía que empezar las clases con un café o una merienda. Era, como él dice, un ambiente casero, hogareño, que tantos años después le sigue viniendo a la cabeza. También habla con nostalgia de sus cinco años como vicedirector en el IES Mediterráneo, hasta el 2011. De esa etapa conserva muy buenos amigos: los que fueron sus compañeros en el equipo directivo.

En la foto superior y aquí el profesor Manuel Salcedo con alumnos de Salobreña en un viaje de estudios. (Año 2014)

Igual que su colega, Manolo quería haber seguido trabajando, pero el coronavirus le ocasionó momentos de angustia, en gran medida por sus dificultades con la informática; finalmente, tomó la decisión de jubilarse antes de empezar el actual curso escolar, que tan imprevisible se presentaba.

De su despedida en septiembre destaca el gran afecto que le mostró la directora, así como un sinfín de compañeros. Me dice que ha tenido muchas felicitaciones muy cariñosas, pero no ha sido posible un acto de homenaje, ni a él ni a los otros cuatro profesores jubilados en el centro. Tampoco ha recibido ningún mensaje de adiós o de buenos deseos de la delegación provincial de Educación, cuestión esta que le pregunto yo.

Ahora, cuando lleva cinco meses sin la obligación de ir cada mañana al instituto, todavía se siente, a veces, “como si le faltara algo”, “perdido” y un poco “desamparado”. Pero por lo pronto le queda una larga tarea por delante: ha empezado la lectura de Trafalgar, el primero de los cuarenta y seis Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós.

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Juan Manuel Cano Matas aprobó las oposiciones en 1979, pero no pudo empezar a trabajar hasta septiembre del 80 por estar haciendo la mili. Se incorporó a un colegio de EGB de Albolote que todavía llevaba el nombre de Francisco Franco. Pero no sería el único que recordaba a un dictador. Poco después pasaría, en Granada, por el Primo de Rivera (hoy Los Cármenes). También enseñó en Moreda, Alamedilla, Cástaras, Peñuelas,… y en el IES Padre Manjón, donde se ha jubilado después de diez años en él como maestro de Ciencias Sociales, Geografía e Historia.

Aunque afirma y reitera que “todas las etapas han sido gratificantes”, me habla con mucho interés de su experiencia en el colegio La Paz, de la capital granadina, allá por los ochenta. Juan Manuel se implicó, sobre todo, en las actividades deportivas, como el voleibol para las chicas, y cuenta con orgullo cómo, pese al claro avance de la droga en el barrio, la violencia, cotidiana al principio en el colegio, disminuyó claramente en esos años.

Me cuenta cosas, también, de su larguísimo periodo de director en el colegio público rural Los Pinares, al que llegó en el 92. En ese centro se agrupaban las escuelas de cuatro pequeñas poblaciones, Peñuelas, Castillo de Tajarja, Fuensanta y Trasmulas. La suerte, según dice, fue contar con un equipo directivo muy comprometido, lo que permitió que el buen trabajo fuera finalmente agradecido por los padres con una placa de reconocimiento.

Juan Manuel Cano en la inauguración del colegio de Fuensanta (Año 2008)

Su jubilación voluntaria ha sido, textualmente, porque “le ha tocado las narices el virus”. Habría querido seguir un año más, pero en una enseñanza como siempre, presencial, con los alumnos delante, viéndoles las caras, y no ante un ordenador, mediante videollamadas, que le deprimían. Reconoce, además, sus dificultades con las TICs, que le suponían un gran esfuerzo adicional que no le compensaba personalmente. La incertidumbre de la primavera y el verano ante este curso terminó por empujarle a pedir la jubilación.

Para él, el final ha sido triste. Le habría gustado invitar a sus compañeros al chocolate con churros habitual en el Manjón en estos casos. No obstante, se reconforta gracias a los muchos mensajes de despedida y de felicitación que ha recibido de los propios alumnos, de los padres de su tutoría e, incluso, de otros padres. También agradece infinitamente la cena organizada por su departamento y el regalo de todos sus compañeros del mismo, así como el de su amigo alcalaíno, como él, Manolo Vela. Por el contrario, le sentó mal, en agosto, cuando lo sacaron del grupo de WhatsApp del claustro y del correo corporativo del centro, porque “ni siquiera aún me había jubilado”, comenta con humor. Y de la delegación provincial no ha tenido despedida, pero no la ha echado de menos porque, sencillamente, “no esperaba nada”. Termina diciendo que, lo mismo que ha estado en cada destino en el momento oportuno, ha sido un acierto jubilarse cuando lo ha hecho. Así, sus recuerdos de las últimas clases con los alumnos, en el aula, con la cercanía de siempre, son muy agradables.

Juan Manuel Cano en una visita reciente con sus alumnos a la Alhambra y al Generalife

A ambos y a todos los maestros y profesores que se han jubilado en estos meses les deseo lo mejor en su nueva y merecida etapa. Sin duda, además, la sociedad les debe mucho, porque el trabajo está pagado, pero todo el esfuerzo, la constancia y la dedicación extraordinaria de tantos años no han sido suficientemente agradecidos.

 

Ver artículos anteriores de

Daniel Morales Escobar,

Profesor de Historia en el IES Padre Manjón

y autor del libro  ‘Un maestro en la República’ (Ed. Almizate)

 

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