Virtudes Montoro: «Que todo nos importe lo justo»

Hace más de 2300 años nació en las costas de Chipre, Zenón de Citio. Fue mercader al igual que su padre hasta que un día su barco naufragó enviando la mayor parte de su fortuna al fondo del mar. Cuando Zenón conoció el hecho su comentario fue: ha querido el destino que dedique más tiempo a la filosofía y menos al comercio.

Arruinado se marcho a Atenas donde se formó en filosofía en las corrientes del Cinismo aunque también estudió con otros filósofos de las escuelas platónica y aristotélica llegando a fundar su propia escuela en el año 301 antes de Cristo. Zenón se reunía con sus discípulos en el ágora de Atenas debajo de un Pórtico pintado que en griego se denomina Stóa pokile que ha derivado en Estoicismo.

El estoicismo fue la última gran escuela de filosofía del mundo griego y continuó existiendo como tal hasta que el emperador Justiniano en el año 529 d. C. clausuró la escuela de Atenas aunque en nuestra época está teniendo un importante resurgir contando entre sus miembros con personajes ilustres. Ha habido grandes filósofos estoicos siendo algunos de los más famosos: Cicerón, Séneca, Epicteto o Marco Aurelio.

El pensamiento debe ser más fuerte que la materia y la voluntad más poderosa que el sufrimiento físico o moral. Zenón de Citio

Los estoicos proponían que, aunque no podemos controlar lo que nos pasa en la vida sí que está en nuestras manos controlar nuestra percepción y nuestra reacción ante las situaciones externas. No podemos elegir que llueva el día que habíamos planeado ir a la playa, pero sí que podemos decidir buscar el lado bueno y pensar que hace un día fantástico para ver la lluvia tras los cristales con nuestra estufa.

Zenón de Citio que podía haber sido un floreciente mercader seguramente reconocido en su época, pero del que seguramente nunca hubiésemos tenido la más remota noticia, podría haberse desesperado cuando perdió todas sus riquezas no obstante optó por ver el lado bueno y se dedicó a la filosofía dando lugar a una escuela que ha trascendido hasta nuestros días.

Ante un mismo hecho externo, por ejemplo, que se nos cuele una señora en la cola de la carnicería tenemos varias opciones:

  • Hacer uso de nuestros conocimientos avanzados de asertividad y hacerle ver con toda educación y contundencia nuestro derecho a ser atendidos antes por nuestra ventajosa posición en la lista de espera. En ese caso pueden ocurrir diferentes situaciones: que nuestra longeva amiga con una deteriorada capacidad auditiva esté impedida de oír nuestros argumentos o bien esté empezando a sentir que sus esfínteres ya no son lo que eran y necesita urgentemente volver a casa a aliviar su vejiga con lo que le da igual toda nuestra oratoria y nos quedemos en una situación bastante ridícula. Es posible que nuestra amiga atienda a nuestra razones se ubique en una posición postrera y esto nos reporte una victoria pírrica ya que seguramente nos sintamos como gusanos por no haber dejado a esta pobre mujer tranquila, a saber la de circunstancias que la han llevado a necesitar adelantar posiciones.
  • La segunda opción es valorar si hacernos con nuestro cuarto de kilo de carne picada diez minutos antes o después es algo trascendente en nuestras vidas y llegar a la conclusión de que tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos y por tanto nos da igual si esta mujer es atendida antes.

Cuando elegimos ser dueños de nuestras percepciones y nuestras reacciones empezamos a no ser víctimas de las circunstancias, ya no es el destino, el clima, nuestro jefe, el vecino, el gobierno, los políticos quienes deciden nuestro estado de ánimo.

Si hacemos balance seguramente perdamos muchos minutos al día preocupados o agobiados por cuestiones intrascendentes: si llego tarde a la reunión, si he perdido al autobús, si tengo que dar tres vueltas más para aparcar, si me incomoda la mascarilla o es un fastidio tener que terminarme el café antes de las seis en mi cafetería preferida. Conforme vamos madurando nos vamos dando cuenta que son cada vez menos cosas las que tienen un impacto duradero en nuestra vidas.

El estoicismo es una corriente filosófica tremendamente potente puesto que hace personas difíciles de manipular, personas que no se rinden fácilmente ante las adversidades, personas con un tremendo autodominio conscientes de que no merece la pena que perdamos el tiempo frente a cuestiones que no podamos controlar. La simplificación estoica nos hace más felices.

Que todo nos importe lo justo no significa que permanezcamos indiferentes a todo si no que estemos cómodos con todo lo que venga, que dediquemos nuestras energías a aquello que es realmente importante para nosotros: nuestra familia, los buenos amigos, los pequeños placeres cotidianos,… Al luchar por aquellas cosas importantes es cuando nos tienen que importar poco las adversidades.

Te propongo que elijas las pocas cosas que tienen que importarnos de verdad y en las que debemos centrar nuestra atención, como siempre que el amor sea nuestro primera elección, el nudo gordiano, el sistema de referencia inercial de nuestras vidas y todo lo demás que nos importe lo justo

Dios mío dame el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, la serenidad para aceptar las que no puedo cambiar y la sabiduría para distinguir entre las dos. Marco Aurelio

 

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

Correo E:
aceptayrespira@gmail.com

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