Emociones que escriben historias, I: Indeleble

Con este título abrimos un espacio en el que nuestro mundo interior encuentra su camino de expresión a través de la narrativa.

Las letras juegan formando palabras y se unen entre sí con los hilos de la imaginación, construyendo historias con las que podemos sentirnos identificados.

Mientras escribimos o leemos, vemos u oímos, infinidad de emociones van despertándose en forma de recuerdos, sentimientos y sensaciones que condicionan nuestro estado de ánimo. Son respuestas fisiológicas, reacciones conductuales que experimentamos por causas internas o externas: una broma puede hacernos reir (alegría) o enfadarnos (ira); un grito puede asustarnos (miedo) o puede ser una forma de expresar dolor (tristeza); un acto ajeno puede desagradarnos (asco) o puede resultar inesperado (sorpresa).

Cuando a la emoción le sumamos el pensamiento (nuestra forma personal e individual de evaluar el hecho), nace el sentimiento. Valga como ejemplo, el nacimiento de un hijo (hecho), el cual genera una emoción (alegría) y un sentimiento (felicidad). La persona, en este caso, asocia el nacimiento con el pensamiento positivo que tiene sobre lo que es ser padre/madre o sobre crear su propia familia, entre otras posibles razones.

Es en ese despertar de pensamientos y sentimientos, a través de la narrativa, donde se abre la puerta a la introspección personal sobre cómo somos, pensamos y actuamos. Esa toma de conciencia nos ayuda a mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás.

La finalidad de esta sección es facilitar ese crecimiento personal a través de pequeñas historias que despiertan emociones. En las siguientes publicaciones se adjuntará una breve orientación que invite a la reflexión.

Voy a decirte algo; los pensamientos nunca son honestos. Las emociones, sí”. Albert Camus

 

INDELEBLE

Sonó el teléfono. No hacía mucho tiempo que usaba un móvil y aún le sobresaltaba esa musiquilla inesperada. Estaba en la cocina y salió precipitadamente, así que cuando llegó al salón respondió sin mirar quién era el remitente. Su rostro se iluminó al escuchar la voz familiar, pero su rictus se alteró al percibirla acelerada y con la respiración entrecortada. Dejó el desayuno a medias, se vistió rápidamente y llamó a un taxi.

Cuando llegó corrió a su lado, con la ligereza que le permitía su cuerpo, y se abrazaron entre lágrimas y preguntas propias de la inquietud inherente a la espera sin plazo.

Las horas pasaban, pero el cansancio no hacía mella en la ilusión que latía en sus corazones. Rescataron anécdotas del pasado y recuerdos familiares que fueron llenando los minutos en aquella sala soleada y cálida.

De pronto la puerta se abrió y una enfermera, portando entre sus brazos un remolino blanco de sábanas los miró amable y sonriente, mientras se acercaba a ellos. En un instante, el mundo cambió. En ese soplo de tiempo, en el que confluyen una cascada de emociones y sentimientos junto a la genuina inocencia de un alma nueva, una indeleble huella emocional quedó grabada en la infinitud del amor incondicional.

Había nacido su primer nieto.

Nesilea Roca

Licenciada en Derecho

Narradora de Letras y Emociones

Reseñadora de Cuentos

Colaboradora en Revista Literaria Freibrújula

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