Hay unos versos de Álvaro Salvador que dicen: otra vez el otoño y nadie me responde. Y a mi mente acude una frase similar al pensar en el día 8 de marzo: otra vez 8 de marzo y seguimos navegando en las mismas aguas y sorteando los mismos escollos que hace miles de años y pocos nos responden.
Estamos en fechas de efemérides, en este fin de semana es el Día de Andalucía y con tal motivo se suceden por todas las instituciones y ayuntamientos distinciones a los ciudadanos que han destacado por sus méritos y contribuciones al bien común. Y curiosamente en general hay más hombres que mujeres a los que se les distingue por sus méritos. Y esto me lleva a reflexionar sobre la situación actual de la mujer. Aún queda mucho por conseguir y no vivimos tiempos precisamente venturosos. En menos de dos meses han sido asesinadas diez mujeres. Hay partidos políticos que consideran la lucha por la igualdad poco menos que una lacra. Las mujeres siguen cobrando sueldos mas bajos que los hombres. El camino a la igualdad está siendo muy largo y está aún lleno de baches y retos.

Las mujeres hemos servido durante siglos como espejos mágicos que reflejan la figura del hombre al doble de su tamaño. Virginia Woolf
Vienen a mi memoria todas esas mujeres que siendo merecedoras de reconocimiento estuvieron a la sombra de sus maridos y no ocuparon el lugar que les correspondía en la historia.
Mujeres que para poder publicar su obra tuvieron que firmar con un pseudónimo masculino o tuvieron que usar el nombre de su marido, porque la literatura no era asunto de mujeres, como alguien dijo a las hermanas Bronte. Mujeres como CeciliaBöhl de Faber (Fernán caballero).
«Durante la mayor parte de la historia, ‘Anónimo’ era una mujer». Virginia Woolf
Mujeres de las que aún tenemos que mencionar el nombre de su marido para ubicarlas en la historia. Mujeres como la escritora María Teresa León (esposa de Rafael Alberti), como la gran escritora, traductora y lingüista Zenobia Camprubí Aymar (esposa de Juan Ramón Jiménez) como la gran poeta Concha Méndez (pareja de juventud de Emilio Prados) como la escritora María Lejárraga (esposa de Gregorio Martínez Sierra).
Las mujeres son el talento más grande y desaprovechado del mundo. Hillary Clinton
Virginia Woolf revindicó para las mujeres una habitación propia, afortunadamente muchas de nosotras, contamos con un espacio donde escribir. Pero lo que no somos aún es dueñas de nuestro tiempo, nos falta ese apoyo en nuestro proceso creativo que es esa ayuda en casa y con la crianza de los hijos, esa persona asistente personal, economista, psicólogo… Un apoyo que, de existir en el mejor de los casos, lo tenemos gracias al trabajo de otras mujeres que lo hacen desinteresadamente (familiares y amigas) o a cambio de un sueldo precario.
Pero no se trata solo de las escritoras sino de la situación en todas las profesiones y en todos los ámbitos de la vida social y política. En la ciencia y en la política el papel de las mujeres ha sido aún más infravalorado, si cabe.

Hoy en día, son muy pocas las mujeres que han conseguido llegar a puestos de poder y responsabilidad incluso en profesiones como la enseñanza. La mayoría de las docentes en Educación Infantil y Primaria son mujeres y, sin embargo, los cargos directivos están en su mayoría ocupados por hombres, a pesar de la Ley Orgánica de representación paritaria en España.
Queda mucho camino por andar hasta que los cuidados y las tareas del hogar y el mérito laboral sean compartidos y disfrutados de forma igualitaria.
Decían que el siglo XXI sería el siglo de las mujeres. Ya ha transcurrido mas de la cuarta parte del siglo y seguimos peleando por los mismo.
Mientras tanto, el 8 de marzo seguirá siendo el día de visibilización de la lucha de las mujeres y el resto de los días del año seguirán siendo días de lucha por la igualdad, para poder ser dueñas de nuestra propia vida, porque es un reto del día a día, de puertas adentro y de conciencia social e institucional.

Un tiempo propio
Tengo una habitación propia,
pero anhelo y reclamo
un tiempo propio, pagado a un precio justo.
Un tiempo para bailar con el verso y el silencio.
Un tiempo para cultivar sueños de paz.
Un tiempo de creación y sosiego merecido.
Un tiempo de aire limpio y sol sereno,
para disfrutar de mi habitación propia
y de mi propio tiempo sin estrecheces,
para construir a tiempo mi propia vida,
mi propia identidad, siguiendo mis maltrechos deseos.
Una habitación propia sin un tiempo propio
es una habitación desangelada donde se repliegan las alas
y los sueños se convierten en migajas.
El verbo es una planta viva y hermosa,
que necesita para florecer su espacio
y también su propio tiempo.
Un tiempo de puertas abiertas.
Ana Barea





Deja una respuesta