Rubén Martín, Premio TIZA al Proyecto del Año por educar en valores con serpientes del maíz en Educación Infantil

La innovación educativa continúa demostrando que las ideas más transformadoras nacen muchas veces dentro de las propias aulas. Un ejemplo de ello es el trabajo desarrollado por Rubén Martín Pérez, maestro de Educación Infantil en el Colegio Juan XXIII del Zaidín (Granada), quien ha sido reconocido con el Premio TIZA al Proyecto del Año por su iniciativa pedagógica basada en el respeto hacia los animales y la superación de prejuicios sociales.

Su proyecto, titulado “Cachorros”, ha convertido el aula de tres años en un espacio de aprendizaje singular donde dos serpientes del maíz (Pantherophis guttatus) se han transformado en protagonistas de un proceso educativo que combina ciencia, valores y educación emocional.

La idea comenzó a gestarse tras una experiencia personal que llevó al docente a reflexionar sobre los estereotipos sociales. En junio de 2025 fue entrevistado en La Sexta Noticias, donde habló sobre cómo se sentía desempeñando una profesión que tradicionalmente en España se ha asociado más a mujeres. Aquella conversación puso sobre la mesa la existencia de ciertos clichés sociales que, en ocasiones, pueden derivar en comentarios o situaciones incómodas.

A partir de esa reflexión decidió que el proyecto educativo que iniciaría en septiembre debía abordar precisamente el tema del rechazo social y los prejuicios. Así surgió la idea de trabajar con un animal que históricamente ha sido víctima de miedo y estigmatización: las serpientes.

El primer paso fue contactar con la comunidad de aficionados P. Guttatus Spain, un grupo de especialistas y amantes de las serpientes del maíz que asesoraron al docente en todo el proceso. Tras contar con el apoyo y la autorización de la dirección del centro educativo, el proyecto pudo comenzar a tomar forma.

En octubre de 2025 la propuesta fue presentada a las familias del alumnado de tres años. La acogida fue muy positiva: el 95 % de las familias apoyaron la iniciativa, entendiendo su valor educativo, aunque hubo una excepción motivada por el miedo cultural hacia estos animales.

Rubén Martín Pérez, maestro de Educación Infantil en el CEIP Juan XXIII del Zaidín, con el Premio Tiza

Poco después, el aula recibió a sus nuevas compañeras: Pitágoras, una serpiente adulta de seis años, y Virgulilla, cuyo proceso de nacimiento fue documentado desde el huevo. Ambas llegaron gracias a la colaboración de diversos amantes y especialistas del mundo de los reptiles como Antonio Folch, Joaquín Saida y Diego (Breizhsnake), así como de la veterinaria Vicky y el herpetólogo Carlos, quienes ayudaron a garantizar el bienestar de los animales y la seguridad del proyecto.

A partir de ese momento, las serpientes se convirtieron en un recurso pedagógico con el que el alumnado trabaja diferentes áreas del conocimiento. Los niños y niñas observan las mudas de piel al microscopio, miden a las serpientes con el metro, aprenden sobre su anatomía, su alimentación y su papel dentro del ecosistema.

Incluso el momento de la alimentación se transforma en una oportunidad educativa. El alumnado observa el proceso de preparación del alimento y participa en el ritual cotidiano de respeto hacia los animales, llegando a decir a las serpientes antes de comer: “¡Que aproveche!”.

Más allá del aprendizaje científico, el proyecto ha mostrado también un fuerte impacto en el ámbito emocional. Según explica el propio docente, en numerosas ocasiones algunos niños que llegaban llorando al aula se calmaban al interactuar con las serpientes. Esta experiencia ha permitido comprobar cómo el contacto con los animales puede convertirse en una herramienta educativa y terapéutica.

specialmente significativo ha sido el trabajo con una alumna diagnosticada de trastorno del espectro autista, con quien la interacción con la serpiente ha mostrado resultados muy positivos en términos de atención, calma y vínculo emocional.

La originalidad y el valor pedagógico del proyecto han despertado el interés de diferentes colectivos y asociaciones relacionadas con el mundo de los reptiles, como FAUNA o Snakeroom Serpentarium, así como de profesionales del ámbito educativo que han mostrado curiosidad por esta experiencia.

El Premio TIZA al Proyecto del Año reconoce precisamente este tipo de iniciativas que nacen del compromiso docente y que logran generar un impacto real en el aprendizaje del alumnado.

Para Rubén Martín, sin embargo, el proyecto no tiene un final definido. Se trata de una experiencia viva que continúa creciendo y que pretende inspirar a otros centros, docentes e incluso universidades a explorar nuevas formas de aprendizaje basadas en la curiosidad, la empatía y el respeto.

Porque, como defiende el propio maestro, educar también implica derribar prejuicios, incluso aquellos que la sociedad ha construido durante siglos hacia determinados animales.

Una manera de entender la educación en la que el aula se convierte en un espacio para descubrir, respetar y aprender del mundo que nos rodea, incluso de aquellos seres que tradicionalmente han sido incomprendidos.

Redacción

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