Pilar Mesa Arroyo: «Lo que sea por cambiar de clase. En torno a la película ‘Altas capacidades’»

En Granada solo se puede ver Altas capacidades en Cines Megarama, los cines del Centro comercial Neptuno. La película surge a raíz de un hecho real que leyeron los guionistas en prensa, el asesinato de un padre en la puerta de un colegio privado. Además, estos se encontraban en situación de búsqueda o cambio de colegio de sus hijos/as y a partir de todo ello urdieron el argumento.

La familia protagonista se entera del asesinato, y, de repente, parece ser que podrían quedar plazas vacantes en un colegio donde no suele haberlas y en el cual los precios son prohibitivos. Para ellos siempre ha sido un ideal que su hijo pudiera entrar en ese centro educativo privado caro y elitista y comienzan un sinfín de sucesos y peripecias a partir de este motivo. Además, se muestra que los padres no desean el cambio por razones pedagógicas.

El fin justifica los medios, las triquiñuelas que llevan a cabo los protagonistas que quieren cambiar de clase así como los que quieren conservar los privilegios de la suya nos recuerdan a la picaresca española. Se trata de un retrato descarnado de la sociedad actual, me atrevo a decir que al estilo de La Celestina o Lazarillo de Tormes. En La Celestina se hace una representación de la sociedad capitalista que comienza en la cual, por ejemplo, los criados critican continuamente a su amo, cosa que, sin embargo, no sucede en esta película, retrato de un capitalismo tardío muy posterior del s.XXI.

Se centra Altas capacidadesen la cuestión de la educación. No obstante, esta, al final, no es más que una excusa porque se habla poco de lo que es esta en sí y, de hecho, lo que se nombra (por ejemplo las “altas capacidades”) se hace de modo muy superficial. Observamos, en ese sentido, una crítica a cómo a veces se habla de ciertas cuestiones que se escuchan sin mucho conocimiento ni criterio.

Nos preguntaríamos por qué y para qué desean tanto que su hijo cambie de colegio los protagonistas, y esta cuestión se hará y se responderá en la película más adelante por parte de otro personaje, el jefe del padre.

Destaca, precisamente, la interpretación magistral de Juan Diego Botto, el cual representa a ese jefe de Gonzalo, un personaje despreciable al máximo que despierta nuestra antipatía aunque, paradójicamente a la vez también pueda resultar un personaje atractivo, deseable y envidiado por muchos. Ahí está el ingenio de los guionistas los cuales consiguen con sarcasmo y humor presentar una representación lamentable de la sociedad actual, ya que la película es tristemente muy divertida. Además, sabemos que ese personaje estaría en las antípodas de la forma de pensar del actor en la vida real.

La cuestión es que los problemas reales del niño protagonista no se abordan. Su familia carece absolutamente de valores, de criterio, de principios y se mueve con el único objetivo de cambiar de clase. Por ejemplo, la madre se preocupa por la alimentación de su hijo pero de una forma no efectiva y basada en el postureo en redes sociales. También se critica en la comedia el mal uso o abuso de los móviles y los grupos de WhatsApp de las familias de los/as alumnos/as.

El tema central de la película es el cambio de clase con la utilización de las altas capacidades como excusa. El invento de excusas no nos es ajeno, quién no ha oído hablar de padres que, por ejemplo, se han empadronado en casas de otros para que sus hijos fuesen a un determinado colegio.

En el cumpleaños de un niño del colegio público en conversación de los padres se dice casi de soslayo que cada uno debería tener un colegio público cerca de su casa al que poder ir. Esto sabemos que sucede, por ejemplo, en Finlandia, que es un lugar que destaca por un alto nivel en las evaluaciones de su sistema educativo.

Tenemos, por otro lado, la obligación, el jefe obliga al empleado a que haga todo lo posible para matricular a su hijo en ese colegio privado aunque no lo pueda pagar por su propio interés y por el del resto de familias que luego los ningunean y desprecian absolutamente en distintas situaciones crueles y desternillantes. En relación con ello, aparece la cuestión de las apariencias, que se puede observar en el símbolo del traje prestado de la mujer que está fuera de lugar en el nuevo entorno perseguido, ella resulta absolutamente overdressed y deviene en un trasunto del personaje del escudero en El Lazarillo de Tormes, el cual, obsesionado por el horno, aun viviendo en la miseria y no teniendo para comer cuidaba su único traje para aparentar nobleza.

No queremos destripar la película para quienes no la hayáis visto aún pero también hay una crítica a la cuestión de los enchufes así como una representación del racismo y la hipocresía en nuestro país. Así se suceden escenas hilarantes y críticas pensadas para mostrar contradicciones como la de la crítica al narcotraficante mientras se consume. Son detalles que agradecemos en el guion de Borja Cobeaga y Víctor García León.

Hay además, una conversación sobre la delincuencia, sobre si habría que pedir un certificado de antecedentes penales para entrar al colegio privado, a pesar de su ilegalidad, en la que se descubre una nueva contradicción, depende de cuáles. Nos recuerda a la pregunta de Bertold Brecht en La ópera de los tres centavos, quién es más delincuente quién roba un banco o quién lo funda. En este caso, quién tiene más delito el narcotraficante o aquellos que consumen y que defraudan o malversan dinero público con lo cual, y esto nos lleva al tema de la película, están perjudicando a todos los que tienen que llevar o llevan a sus hijos/as a la escuela o sanidad pública, por ejemplo.

Solo hay un momento de lucidez hacia el final en el que parece que algo de cordura podría imponerse. No desvelamos más, finalmente la película termina de forma redonda y coherente con la trama.

La película, a pesar de ser una comedia, es pesimista, es una crítica cargada de sarcasmo de una sociedad que se mueve por el dinero y por la apariencia, que carece de valores, de amor a la familia, de amor de pareja, y que hace un tratamiento de los/as hijos/as como como un objeto, como un capricho y como un instrumento para medrar.

No veíamos una película así de crítica con la cuestión de la diferencia de clase (por ejemplo cuando se suceden las escenas de los dos cumpleaños), desde El buen patrón de Fernando León de Aranoa en el cine español o desde Parásitos en el cine internacional.

Si en este sistema en el que vivimos, aunque decir esto esté pasado de moda, para que haya ricos/as tiene que haber pobres. Para que haya élite, colegios privados y concertados tiene que haber exclusión. Esto es así, queramos reconocerlo o no. No es fácil analizar una película como esta sin granjearse una legión de enemigos toda vez que la concertada, esa educación que actúa como privada siendo sostenida con fondos públicos es en la ciudad que vivimos mayoritaria frente a la pública.

De cómo la concertada nació, cómo continuó y cómo hemos llegado a dónde estamos podríamos hablar. Podríamos decir que nació como necesidad y que se ha mantenido como tal pero no olvidemos que diariamente y anualmente se dan pasos para que una esté mejor y la otra peor, no nos engañemos, aplicando, por ejemplo, recortes en una sí y en la otra no.

Para que un colegio no haya extranjeros/as, ni alumnado con necesidades educativas ni disruptivo, por ejemplo, en otros centros tienen que estar todos/as estos/as últimos/as. Digamos que la segregación y la exclusión que fomenta el hecho de que haya centros privados y concertados (en general, con honrosas y determinadas excepciones) evita que los centros educativos sean heterogéneos y favorece la existencia de guetos.

Que haya guetos, que los centros de los barrios llamados ignorados (en capitales o municipios menos extensos) recojan a mucho alumnado que algunos centros no acogen hace que haya numerosos/as alumnos/as y profesores/as que tengan que luchar con más obstáculos en contra para asegurar una educación igualitaria y equitativa en todas partes que asegure una educación de calidad para todos/as y que el sistema educativo pueda cumplir la función de ser transgresora para superar las desigualdades sociales, actuando como un motor de movilidad social. Función esta última que queda muy lejos de la concepción de la educación de muchos/as que esta película retrata descarnadamente.

Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra porque casi nadie lleva a sus hijos/as al colegio público más cercano, salvo, insisto, honrosísimas excepciones, igual que no nos vamos, en general, a pasear por los barrios ignorados de nuestras ciudades de noche porque nos da miedo o respeto.

Es muy difícil que cada uno lleve a sus hijos/as al colegio público más cercano, a veces es casi imposible. Pero es que es una pescadilla que se muerde la cola, si no es fácil y no defendemos y hacemos uso de la pública, cada vez será más difícil hacerlo.

En fin, tras ver la película sale uno con ganas de defender la pública y sus valores como educación de calidad para todos/as pero sobre todo con el cuerpo un poco cortado por ver a dónde hemos llegado. Porque también y además, es una película que nos muestra una sociedad con familias sin valores, sin amor, sin criterio, sin principios con un solo objetivo que se antepone a todos los demás incluso a la vida.

El capitalismo se ha hecho vida como dijera el maestro y crítico de la Literatura granadino, Juan Carlos Rodríguez y nos impide o intenta impedir imaginar o anhelar otros mundos posibles. Es más fácil imaginar el fin del mundo que del capitalismo tal y como se recoge en la frase que retoma Mark Fisher en su libro Realismo Capitalista atribuida a Fredric Jameson o Slavoj Žižek,

Espero no haber revelado demasiados detalles importantes de la trama, queda mucho por ver y por analizar, y no sin carcajadas casi aseguradas aunque la mueca quede helada al pensar en de qué nos reímos.

Me he dejado una cuestión para el final, ¿por qué los padres tienen tanto interés en cambiar de colegio a su hijo al principio y durante la trama? Vean la película, quiénes no lo hayan hecho y hallarán las respuestas. Y, después, planteémonos si la defensa histórica y actual e incluso las vidas perdidas de maestros/as y ciudadanos/as en lucha por una educación pública de calidad para todos/as, merecen estos fines y no la persecución de los contrarios.

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