José A. Delgado: «Cuidando la lengua española»

Soy de los convencidos de que la lengua española es la seña de identidad más significativa de España. Los constitucionalistas, sabedores de la importancia de esta realidad, hicieron referencia a ella en la Carta Magna en estos términos: «El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus Estatutos. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección»: artículo 3.

El incunable ‘Sinodal de Aguilafuente’ (1472) está considerado como el primer libro impreso en nuestra nación en castellano, y su contenido hace referencia a las actas del sínodo celebrado en la villa de Aguilafuente (Segovia) del 1 al 10 de junio de ese año: tiene sólo 48 hojas; el ‘Diccionario de Autoridades’ se publicó entre 1726 y 1739; la primera Gramática académica apareció en 1771; María Moliner creó el ‘Diccionario de uso del español’. publicándose entre 1966-1967; y Manuel Seco fue el autor del ‘Diccionario del español actual’ (1999).

La Real Academia Española fue fundada en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, marqués de Villena. Trece años después de su fundación nació el ‘Diccionario de Autoridades’, y ahora, el 20 de mayo de 2026, trescientos diez años después, la institución ha presentado su primer ‘Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines’ (2026), una herramienta fundamental para el uso preciso del español avalada por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). La Real Academia Española (RAE) actual, cuya biblioteca alberga 300.000 volúmenes, es una institución con personalidad jurídica cuya misión principal es la de «velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes, no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico, cuidar de que esta evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como éste ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección y de contribuir a su esplendor». En la actualidad la componen cuarenta y seis académicos de número elegidos por la institución: pág. web de la RAE.

Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia, ha dicho en el acto de presentación del ‘Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines’, que «debido a la extraordinaria riqueza léxica del español, dominarlo en plenitud exige no solo conocer sus palabras, sino saber elegir la más precisa en cada contexto». La obra recoge 255.000 sinónimos o afines y más de 20.000 antónimos u opuestos distribuidos en más de 44.000 entradas. Como muestra valga este ejemplo: la palabra «acabar» contempla 58 sinónimos y cinco antónimos. Dicha obra facilita decisiones lingüísticas precisas y favorece un uso más matizado del español en contextos profesionales, educativos y creativos. Pensada como una herramienta de gran utilidad para el uso activo de la lengua, constituye un complemento del Diccionario de la lengua española.

La RAE, en ‘La representación gráfica del lenguaje’ (2010), afirma que «las lenguas son sistemas de códigos de representación y comunicación esencialmente orales. Se generan en una facultad, el lenguaje, que nos diferencia de los animales y es común a todos los seres humanos». El Diccionario de 2026 citado se une a la Nueva Gramática (2010), al Diccionario (2014), al Libro de Estilo (2018), a la Ortografía (2021) y la Crónica (2021). Según el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, «el español es una lengua global que se encuentra entre las cinco primeras lenguas del mundo en número de hablantes y en número de países donde es oficial. Es idioma de referencia en las relaciones internacionales y lengua oficial de las Naciones Unidas. También la segunda lengua materna del mundo por las que lo hablan, y la tercera en un cómputo global al sumar dominio nativo, competencia limitada y estudiantes de español, rozando así los 600 millones. Igualmente es la tercera más utilizada en la red».

También desde la escuela se cuidan los componentes orales y escritos de nuestra lengua. En este sentido, los neurólogos afirman que la edad apropiada para aprender a leer gira en torno a los seis años. Los maestros de Educación Infantil, consciente de ello, dedican mucha parte de su tiempo a que los alumnos vayan adquiriendo el aprendizaje lector-escritor, el más importante de todos los que conforman el sistema educativo dado que de él dependen todos los demás. También se van familiarizando con los libros en el ‘Rincón de lectura silenciosa’. Los pequeños de mi generación aprendimos a leer con un maestro bajo un método muy simple pero eficaz. Nos agrupaba en semicírculo al grupo de cuarenta y tres niños –¡esto sí era una ratio!– y señalaba con su regla las letras para que las nombrásemos. Primero las vocales, luego las consonantes y después nos explicaba cómo se unían para formar sílabas y palabras. Este saber lo acompañaba de una melodía inventada por él para que se nos hiciese más llevadero. Pero es que también los antiguos maestros griegos utilizaban semejante estrategia con sus alumnos como así lo expone con maestría Irene Vallejo en su enorme ensayo El infinito en un junco (2022): «Los niños cantaban a coro las letras alfa, beta y gamma y después las sílabas; beta con alfa ‘ba’. Este modelo se repetía mil veces».

La lectura requiere concentración y esfuerzo pero merece la pena por la cantidad de conocimientos que proporciona y por los mundos desconocidos a los que nos transporta. Los niños que desde pequeños han manejado libros serán buenos lectores de mayores. Hoy los libros diseñados para ellos son verdaderas obras de arte por su asequible contenido y, principalmente, por sus atractivas ilustraciones. Quiero cerrar este artículo con una cita de Irene Vallejo en su obra reseñada: «La invención de los libros ha sido tal vez el mayor anuncio en nuestra lucha tenaz contra la destrucción».

José A. Delgado

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