Cuando paseo por Granada uno de mis lugares favoritos es Plaza Nueva, encrucijada entre la ciudad, la Alhambra y el Albayzin. Me gusta llegar al atardecer porque en el momento del ocaso el sol ilumina de lleno la torre de la Iglesia mudéjar y renacentista de San Gil y Santa Ana proyectando sobre ella un tono rosáceo que unido al color natural de la piedra produce un efecto cromático inigualable, son unos escasos minutos pero de una belleza única.
Subiendo desde la calle Reyes Católicos a la derecha empieza la Cuesta de Gomérez que termina en la Puerta de las Granadas y es el acceso peatonal al bosque de Gomérez y a la Alhambra a través de la Puerta de la Justicia.
Y enfrente de la Cuesta de Gomérez se encuentra La Real Chancillería edificio de estilo manierista que se empezó a construir en 1531 y se terminó en 1587 y cuya soberbia fachada siempre he contemplado fascinada sentada en uno de los bancos que hay delante. Todo el edificio está labrado en piedra franca, y la decoración y las molduras de sus puertas, balcones y ventanas es de mármoles de Elvira y Macael.
Esta plaza me ha atraído tanto que incluso escribí un relato titulado “En un mercado persa”, título también de una nostálgica melodia cuya letra cierra mi texto, el relato está ambientado en el kiosko de prensa que hay en la plaza, de los pocos que ya van quedando, y en los artistas callejeros que la visitan, esta historia fue publicada en IDEAL en Clase.

Y como me ocurre casi continuamente cuando paseo, acuden a mi mente voces literarias que antes que yo ya contemplaron el lugar o el monumento que en ese momento estoy mirando.
En este paseo y delante de la fachada de La Real Chancillería recordé a Luis de Góngora y a Mateo Alemán que también se detuvieron y la admiraron.
El gran poeta barroco, cordobés y canónigo de la catedral de Córdoba, Luis de Góngora y Argote (1561-1627) viajó por Andalucía entre 1585-6 y visitó dos veces Granada instalándose por ser canónigo en las dependencias de la parroquia de la Magdalena, en la calle Gracia.
Entusiasmado con la ciudad escribió en su primer viaje un bello soneto dedicado al Sacromonte que empieza . “Este monte de cruces coronado”

En su segundo viaje en 1586 escribió un largo poema titulado “A la ciudad de Granada, estando en ella” de 235 versos, poema que empieza:
“Ilustre ciudad famosa,
infiel un tiempo, madre
de Cegríes y Gomeles,
de Muzas y Reduanes,
a quien dos famosos ríos,
con sus húmidos caudales,
el uno baña los muros
el otro purga las calles….”
Y termina el poema con estos preciosos versos:
“ …pues eres, Granada ilustre,
granada de personajes,
granada de serafines,
granada de antigüedades,
y al fin, la mayor de cuantas
hoy con el tiempo combaten,
y que mira, en cuanto alumbra,
el rubio amador de Dafnes”.
Conocía Góngora muy bien los romances fronterizos que hablaban de Granada y mostró estusiasmo en su largo poema por la Alhambra, el Generalife, el Albaicín, el Sacromonte, la Capilla Real, la Catedral, la Chancillería, los cármenes, el clima y hasta la belleza de las mujeres de las que escribe:
“…y a ver de tus bellas damas
los bellos rostros iguales
a los que en sus hierarquías
las doradas plumas baten..”
Los que dedica a la Real Chancillería y a su fachada no pueden ser más hermosos:
“ y de tu Chancillería
a ver los seis tribunales,
donde cada dosel cubre
tres o cuatro majestades;
y a ver su real portada,
labrada de piedras tales,
que fuera menos costosa
de rubíes y diamantes,
para cuyo noble intento,
por que más presto se acabe,
se echan a culpas de cera
condenaciones de jaspe;”
Dejo los exquisitos versos gongorinos y sin abandonar el siglo XVII ni el Barroco cambio el verso culterano de Góngora por la prosa picaresca de Mateo Alemán. Cambio más que evidente en las descripciones que ambos autores hacen de la fachada de la Real Chancillería granadina.
Mateo Alemán
Mateo Alemán andaluz también como Góngora (Sevilla, 1547 / Ciudad de Méjico, 1614) fue un escritor del Siglo de Oro recordado sobre todo por la novela picaresca “Guzmán de Alfarache”, publicada en dos partes, en 1599 y en 1604.

En esta novela, cuya segunda parte lleva el subtítulo de “ atalaya de la vida humana” el autor recoge todas sus experiencias vitales acumuladas desde niño cuando acompañaba a su padre médico- cirujano en sus visitas a la cárcel sevillana además de sus años de estudio de Medicina en Salamanca y Alcalá que tiene que interrumpir por la muerte de su padre, protagonizando a partir de este momento una serie de situaciones difíciles, hasta que es encarcelado por deudas en 1580 en la misma prisíón que frecuentaba con su padre.
La primera parte de la novela (1599) tuvo un éxito resonante, pero no mejoró su situación económica. En 1604 publica en Lisboa “ Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache, atalaya de la vida humana”, y tres años más tarde se traslada a Méjico, en donde transcurre el resto de su vida y publica otras dos obras “Ortografía castellana” y “Sucesos de Fray García Guerra, arzobispo de Méjico”.
Cada una de las dos partes del “Guzmán de Alfarache” se divide en tres libros , y cada libro tiene una media de ocho a diez capítulos lo que convierte la novela en una voluminosa y prolija autobiografía en la que el autor alterna las aventuras dinámicas con reflexiones, digresiones morales e incluso relatos como la novela morisca de los enamorados Ozmín y Daraja cuya romántica historia transcurre precisamente durante el sitio de Baza por los Reyes Católicos, en Granada y en Sevilla.( capítulo VIII del Libro primero de la Primera Parte)

El protagonista- narrador es un modelo de comportamiento humano conflictivo, en su vagabundeo se muestra la mala conciencia y la inclinación al robo y al engaño. Protagoniza peripecias contradictorias, está constantemente basculando entre el doble proceso de mejoramiento y degradación moral.
Pero lo importante es que este periplo personal le sirve a Mateo Alemán para dejar un profundo testimonio de su tiempo, y para explorar los comportamientos y variables situaciones económicas de una sociedad en crisis.
En el capítulo primero de la Primera parte de la novela “En que cuenta quién fue su padre” introduce unas disgresiones sobre los jueces , las leyes, la justicia y los pleitos, en las que crítica el funcionamiento de los tribunales de justicia, y las ilustra con una anécdota ocurrida a un labrador en Granada y es en este momento cuando el autor se detiene en la fachada de la Real Chancillería con una descripción totalmente opuesta a la del poeta cordobés, este se fijará en la belleza del edificio, Mateo Alemán la utilizará para reprobar cómo se imparte la justicia:
“Acuérdome que un labrador en Granada solicitaba por su interese un pleito, en voz de concejo, contra el señor de su pueblo, pareciéndole que lo había con Pero Crespo, el alcalde dél, y que pudiera traer los oidores de la oreja. Y estando un día en la plaza Nueva mirando la portada de la Chancillería, que es uno de los más famosos edificios, en su tanto, de todos los de España, y a quien de los de su manera no se le conoce igual en estos tiempos, vio que las armas reales tenían en el remate a los dos lados la Justicia y Fortaleza. Preguntándole otro labrador de su tierra qué hacía, por qué no entraba a solicitar su negocio, le respondió: “Estoy considerando que estas cosas no son para mí, y de buena gana me fuera para mi casa; porque en ésta tienen tan alta la justicia, que no se deja sobajar ni sé si la podré alcanzar”
Dos miradas, Luis de Góngora y Mateo Alemán; dos textos uno en verso, otro en prosa; un mismo siglo de oro, el XVII; un mismo periodo artístico, el barroco y una misma belleza esculpida en piedra y cincelada con las palabras de dos maestros de la literatura española, no granadinos pero sí andaluces que en sus visitas a Granada quedaron deslumbrados por la majestuosidad y la elegancia de la Real Chancillería de la ciudad nazarí.
Ediciones utilizadas:
-Alemán, Mateo. (1983). Guzmán de Alfarache. Barcelona. Planeta, col. clásicos universales.
Fuentes consultadas:
-José Luis Delgado, en Granada Hoy, de 24 de noviembre de 2019
-Universitat Pompeu Fabra, Barcelona
-Varela Jácome, Benito. (1981). La prosa barroca en el s.XVII. Madrid. Editorial Cincel. Col. Cuadernos de Estudio 8, serie Literatura.





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