“Individuos ajenos a nuestro modo de sentir, ocupaban los cargos dirigentes en el país y el Ejército Rojo” [A A Wlassow, pág. 347]
“Los comisarios políticos desarticularon el Ejército Rojo” [A A Wlassow, pág. 347]
“Stalin lanzó al pueblo ruso a la guerra y lo hundió en la desgracia” [A A Wlassow, pág. 352]
“En China es donde se encuentra la decisión para el próximo siglo; en China es donde se lucha por el dominio del mundo”
[Edgar Clauss, pág, 271]
“El hecho de que Inglaterra continuase dominando el mundo, se debía a la estupidez de los demás países” [Stalin, pág. 338]
“Inglaterra era débil y, para poder representar su papel en el mundo, quería que los otros lucharan por ella” [Dr. Peter Kleist, pág. 338]
“Individuos ajenos a nuestro modo de sentir, ocupaban los cargos dirigentes en el país y el Ejército Rojo” [A A Wlassow, pág. 347]
“Los comisarios políticos desarticularon el Ejército Rojo” [A A Wlassow, pág. 347]
“Stalin lanzó al pueblo ruso a la guerra y lo hundió en la desgracia” [A A Wlassow, pág. 352]
A veces, te quedas sin habla, cuando descubres materiales que cambian tu visión sobre el conflicto entre esos dos personajes de la historia que, en los varios milenios de la humanidad, están considerados los dos más grandes genocidas que tuvo el orbe y cuyas atrocidades serán difícil de igualar por las millonarias cifras de víctimas; donde el padrecito, con premeditación y alevosía exterminó no sólo a algunos ejércitos extranjeros, sino que removió infinidad de nacionalidades a los más lejanos e inhóspitos confines de Siberia. Tampoco le temblaba la mano a la hora de ejecutar a sus servidores, como el caso del Cónsul Ruso en Barcelona, responsable de las checas de la Ciudad Condal que apenas bajó del avión en Moscú fue eliminado.
Pero sí, es cierto, encontrarme entre las cajas, que empaqueté en Barcelona hace dos décadas, esta obra, todavía me hace preguntarme ¿cuándo la compré? Seguramente en alguna de las ferias del libro del Paseo de Gracia cuando me hacía con medio centenar de obras alusivos al mundo del Este y las Hazañas Bélicas, producto tal vez de aquellos tebeos que consumía de crío del quiosco de Jeromo o Paquita la de La Trucha en mi pueblo natal. Luego iba devorando, lentamente, a medida que liberaba materia en la Universidad y el trabajo me lo permitía, pero aún hay unas 500 piezas esperando ser leídas y, sobre todo, disfrutadas como es el caso de este material del Dr. Kleist que no superan muchos libros de espías más recientes.
Me ha sorprendido encontrarme hechos que, evidentemente, la URSS “metió bajo la alfombra” y durante decenios nadie supo nada de ello, salvo, posiblemente los buenos historiadores o esas entrañables ratas de biblioteca que siempre acaban descubriendo materiales que pasaron desapercibidos para los demás. De ahí que, muchas veces, los alienadores sean refractarios a los que se preocupan por investigar más allá de la propaganda que ellos elaboran para las masas.
Me entretuve en mirar en la Biblioteca a ver si Jiménez Losantos, en su libro sobre el comunismo, lo recogía. Ni la más remota alusión y, sin embargo, es un libro el del diplomático/espía [no sé donde acaba uno y empieza el otro] que legó a la humanidad este importante testimonio, prácticamente un lustro después de haberse acabado aquel terrible conflicto, en donde, los actores parecían más bien del reparto de la película argentina “Nueva Reinas” y no intérpretes de la historia como nos han hecho creer.
Vaya, sin proponérmelo, me he encontrado que determinados personajes, de los que nos han edulcorado sus acciones, no salen bien parados del análisis que hace setenta años nos dejara el autor. Sin duda podríamos estar ante una de esas obras que apareció por compromiso y que luego pasó desapercibida porque no interesaba a las Potencias Occidentales que se aireasen algunos de sus más turbios negocios. Entre ellos cabría señalar aquello de “entre todos la mataron y ella sola se murió”.
Incluso hay pasajes que me eran totalmente ajenos, entre ellos los suecos de las islas de Estonia y los finlandeses que, llegado un momento, el personaje ayuda a reinstalar en sus países de origen ante el peligro al que se verían abocados los que se quedaron. Ahora entiendo mejor las charlas con algunos ciudadanos de las repúblicas bálticas sobre las calamidades que padecieron una vez que el Ejército Rojo se enseñoreó de aquellos territorios; aunque las “limpiezas” de los alemanes y los más aguerridos de los nacionalistas de aquellos lugares no dejaron también de empañar y escribir unas vergonzosas páginas de la historia del hombre.
Incluso Polonia, que aparecía como víctima de los anhelos de los vecinos, tiene algo que decir en su actuación durante aquellos tiempos bélicos, pero claro nadie quiere que le recuerden su pasado y, si puede ser: mejor no menearlo. Y como diría mi amigo Cela, no es lo mismo dar que, que te den.
En fin un buen libro, historia y diplomacia en un mundo de “malos” donde cualquier cosa es posible, aunque, naturalmente, el abandono de las potencias occidentales de Wlassow y su ejército; el Comité de Liberación de los Pueblos de Rusia, no dejó de sorprenderme, no porque no tuviera pistas, sino por el mutismo que sobre esos hechos cayó desde la otrora todopoderosa maquinaria de desinformación de los bolcheviques.
Hasta [incluso] una sola palabra resulta reveladora, y yo pensando que los revolucionarios cubanos eran los originales, pero no, ya Wlassow la utilizaba: ¡Venceremos! [361] O la premonitoria “Las Potencias Occidentales, pero sobre todo los Estados Unidos, creyeron poder colaborar con Rusia, después de terminada la guerra; ahí tendríamos que enmarcar la ignominiosa acción de entregar a los oficiales y soldados del general Wlassow [tras entregarse a los norteamericanos] el 5 de mayo de 1945… ¡Fueron entregados a los soviets! Sabiendo lo que sabemos de Stalin, ya pueden imaginarse lo que sucedió con estos luchadores que se habían batido el cobre en miles de kilómetros, sufriendo inenarrables calamidades. Aunque si miramos en los acontecimientos, incluso en los más recientes, parece que esa es una constante de esos políticos del otro lado del Océano, primero te engatusan y, llegado el caso, allá te las compongas. ¡Mal negocio pactar con ellos aunque nos quieran hacer creer en el alto poder regenerador de la democracia!
Me permití el lujo de recoger algunas pocas frases al comienzo de la reseña porque creo que reflejan muy bien hechos que, a veces, uno no se puede explicar. Y ahora vayamos a las pocas referencias radiales o de la Agencia de Noticias TASS que montara el líder revolucionario Lenin, que el Dr. Kleist recoge en su obra:
“El agregado de Prensa de la embajada que, con una sonrisa significativa, me dio a leer la última noticia de la TASS del 4 de mayo. Hablaba de un cambio sorprendente y altamente significativo en el escenario político ruso. Litwinow, el hábil y astuto intermediario, que durante años había tejido una tupida red diplomática en torno a Alemania, había sido destituido de su cargo y substituido por Molotov, que era el presidente del Consejo de los Comisarios del Pueblo”. [51]
“Alemania había concertado ya con Eslovaquia un acuerdo para una colaboración militar. Tropas alemanas fueron trasladadas a Eslovaquia. La radio eslovaca saludó cordialmente a las tropas alemanes, e invitó a la población a tratarlas como amigos y a colaborar con ellas en la lucha común contra el peligro polaco. El gobierno polaco protestó contra la actitud poco amistosa de Eslovaquia y, aquel mismo día, acogió con gran estupor un intercambio de cartas entre Hitler y Daladier”. [107]
“A las nueve de la noche retransmitieron todas las emisoras de radio alemanas una detallada exposición sobre la intervención inglesa, las proposiciones alemanas y la actitud negativa por parte de Polonia, y declaró que, en vista de las circunstancias, tenía que considerar nuevamente como rechazadas sus proposiciones”. [127]
“A las once y cuarto. Se presentaron unos oficiales de alta graduación solicitando ser recibidos inmediatamente por Goering, por cuyo motivo me alejé. Apenas había andado unos cincuenta pasos, cuando Goering me llamó de nuevo y me enseñó una nota que le acababa de entregar Koerner. Esta nota decía que pocos minutos después de las once, Chamberlain había declarado por radio, el estado de guerra entre Alemania y la Gran Bretaña, por el hecho de no haber contestado Alemania a la nota inglesa.
“El último intento para evitar la guerra mundial había fracasado”. [136]
“Ribbentrop cayó de nuevo en sus dudas de que un hombre como Dekanossow no podía ser puesto en juego por los soviets para una misión como aquella cuando, de pronto, entró el encargado de Prensa en la habitación entregándole una nota. Ribbentrop cogió el pequeño papel blanco en sus manos, lo leyó, y me lo entregó a continuación preguntándome al mismo tiempo:
-¿Qué me dice de esto?
Leí: “Radio Moscú acaba de anunciar que Dekanossow ha sido nombrado embajador en Sofía”.
–A mi entender –dije yo-, se trata de la señal del Kremlin de que Dekanossow ha sido el hombre destinado para negociar con nosotros, y de que las negociaciones se llevarán en terreno neutral. Contestaría a esta señal con la noticia de que el conde von Schulenburg ha sido igualmente nombrado embajador en Sofía”. [300/301]
DR. PETER KLEIST, LA CORTINA DE HIERRO,
389 páginas. Traducción de Víctor Scholz.
EDITORIAL AHR-BARCELONA, Marzo 1953,
(En Amazon por 30€)
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