Todo el mundo sabe que una guerra es legal si se cumplen al menos tres condiciones: 1.- Que sea aprobada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas 2.- Cuando se trata de legítima defensa y 3.- que se cumplan las normas del derecho internacional humanitario.
Todo el mundo sabe que el Consejo de Seguridad de la ONU lo componen quince miembros y que con nueve votos a favor o en contra, se aprueba o rechaza una resolución. Pero cinco de los cuales son permanentes y tienen derecho de veto. Entre ellos está Rusia que como todo el mundo sabe, invadió Ucrania hace cuatro años.
Por cierto, que hay dos principios en derecho internacional público que se tienen que conjugar: uno el principio a la soberanía de los estados y por tanto el de no intervención en los asuntos internos de otros países y la otra cara de la moneda, el principio de intervención por violación manifiesta de los derechos humanos. Lógicamente el peso de estos dos principios se tiene que ponderar y esto sin duda es dificilísimo. Pero igual que se comenten delitos por acción también se delinque por omisión.
Quizás fuera interesante y por aportar algo, que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad fueran verdaderamente estados democráticos. Y es verdaderamente democrático un país donde hay mecanismos e intención de no vulnerar los derechos humanos.
Si las cosas fueran tan simples como un eslogan, Michael Walzer no se habría preocupado por escribir un tratado tan sesudo como el de Guerras Justas e Injustas. (Paidós 2001). Partiendo de la base que nadie las quiere.
Ya Tucídides planteó problemas que parecen clásicos en las guerras del Peloponeso. O recordando un libro de José María Mendiluce; (fue alto Comisionado de la ONU para los refugiados) El amor armado (planeta 1996) y al que tuve la oportunidad de conocer.
Salvador Fernández-Vivancos Fernández
Licenciado en Derecho
exfuncionario de Justicia
y abogado






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