A punto de cumplir 82 años, Rosario sigue escribiendo cada día. Lo hace con la misma ilusión de siempre, llenando cuadernos de escritos, oraciones, poemas, canciones, cuentos y refranes, hechos a mano con esa caligrafía típica de otra época que refleja su esencia. Para ella, escribir es una forma de compartir su experiencia, transmitir esperanza y recordar que sentirse bien y feliz nos hace vivir más y mejor.
Autora de dos libros y con nuevos proyectos siempre en marcha, Rosario nunca deja de crear buscando la esencia de aquello que desea transmitir: el bienestar, la bondad y el deseo de ayudar a quienes la rodean.
Nació en Jorairátar, un pequeño pueblo de la Alpujarra granadina, siendo la menor de diez hermanos, es hija de una familia de agricultores. Fueron años difíciles, marcados por el esfuerzo y el sacrificio, en los que la sencillez y el trabajo eran parte de la vida cotidiana. Creció entre el campo, los animales y una familia unida, aprendiendo desde muy pequeña el valor de la responsabilidad y la solidaridad.
Aunque disfrutaba enormemente de la escuela y sentía una gran pasión por el conocimiento, especialmente por la ciencia y todo lo relacionado con la salud, las circunstancias familiares no le permitieron continuar estudios universitarios. Sin embargo, obtuvo con mucha satisfacción el Certificado de Estudios Primarios, que en los años cincuenta era un logro muy importante ya que pocos niños y niñas lo podían conseguir y, además, nunca ha dejado de aprender.

Durante años escribió cartas para vecinas que tenían a sus hijos trabajando lejos, confeccionó ropa, cortó el pelo y ofreció siempre una mano amiga. En un pueblo donde las puertas permanecían abiertas y la ayuda era una forma de vida, Rosario destacó por su generosidad, su educación y su enorme capacidad para cuidar de los demás.
La vida también le puso duras pruebas. Quedó viuda siendo aún joven y tuvo que sacar adelante a sus dos hijos con esfuerzo, trabajo y una fortaleza admirable. Nunca ha dejado que las dificultades apagaran su optimismo ni su capacidad para seguir luchando.
Desde 1984 reside en Armilla, localidad en la que su familia ha construido su vida sin olvidar nunca sus raíces alpujarreñas. Hoy son sus hijos quienes permanecen a su lado, intentando devolverle una pequeña parte de todo el cariño, los valores y la dedicación que ella les ha dado durante toda una vida.
Quienes la conocen coinciden en definirla como una mujer llena de fe, trabajadora, luchadora, cariñosa y profundamente comprometida con el bienestar de los demás. Esa vocación de servicio continúa hoy viva en cada una de las páginas que escribe, convencida de que las palabras también pueden mejorar la vida de las personas.
En este día tan especial de su 82 cumpleaños, sus hijos quieren dedicarle unas palabras:
«Mama, gracias por enseñarnos con tu ejemplo el valor del esfuerzo, la generosidad y el amor incondicional. Todo lo que somos te lo debemos a ti. Nos sentimos inmensamente orgullosos de tenerte como madre y deseamos que sigas disfrutando de la vida, de tu familia y de esa pasión por escribir que nunca te ha abandonado. Con todo nuestro cariño, feliz cumpleaños. Te queremos mucho. Un besito de tu bisnieta Mérida.»
Y terminamos compartiendo una de las poesías escrita por Rosario, reflejo de la sensibilidad y la ilusión con las que sigue contemplando la vida.

Caminar con alegría
Caminar con alegría nos da salud, ilusión y ganas de trabajar.
Ejercitar la mente con entusiasmo, sin pereza,
y mantener siempre las ganas de aprender más,
nos permite crecer en saber y en cultura.
Saber comportarse correctamente
y evitar la discordia nos ayuda a mantener la paz interior,
alejándonos del mal humor y del pensamiento negativo,
y nos permite vivir días llenos de sabiduría y armonía,
rechazando todo aquello que nos aparta de la alegría que la vida nos ofrece.
Cada día debemos aprovechar los talentos que Dios nos ha dado,
disfrutándolos y poniéndolos al servicio de los demás,
trabajando con dedicación y cumpliendo con amor






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