En un tiempo en el que la política parece desacreditada por acciones poco edificantes de quienes la ejercen, parece oportuno traer a colación el dicho de Woodrow Wilson, el 28º presidente de EE.UU.: “No existe causa que sea tan sagrada como la causa de un pueblo, no existe idea tan elevada como la idea de servir a la humanidad”: Robert Dallek, “J.F. Kennedy. Una vida inacabada” (pág. 121). Curiosamente, uno de los rasgos significativos de la violencia en EE.UU. sobre políticos y otras personas relevantes, ha sido el papel de determinados edificios que han pasado a la Historia precisamente por los atentados en los que se han visto involucrados.
John Wilkes Booth, de veintiséis años, actor de teatro estadounidense y partidario del sistema esclavista, se preparaba para pasar a la posteridad. Abraham Lincoln, el decimosexto presidente de EE.UU. y su esposa Mary Todd, asistieron al Teatro Ford de Washington D.C. John irrumpió en el palco, se colocó detrás de Lincoln y le disparó en la cabeza con un revólver al gritó de “¡Así siempre a los tiranos!” El público pensó que la intervención de Booth formaba parte del espectáculo. Varios soldados llevaron al presidente a una casa de huéspedes cercana, y después de una intervención médica, falleció el 15 de abril de 1865 a la edad de cincuenta y seis años.
John Fitzgerald Kennedy murió el 22 de noviembre de 1963 en el Hospital Memorial Parkland de Dallas (Texas) a causa de un disparo de los tres efectuados por Lee Harvey Oswald que impactó en su cabeza. Eran las 12.30h. de una mañana tranquila y soleada. Lo hizo desde la ventana del sexto piso del “Texas School Book Depository”, en el que trabajaba como empleado, cuando la limusina en la que viajaba el presidente y su esposa Jackie embocaba la plaza Dealey. La Comisión Warren concluyó que el primero de los tres disparos no impactó en el coche sino en la acera y que Kennedy recibió dos disparos de los que uno le hirió mortalmente en la cabeza. Tres días más tarde su féretro marchaba por las calles de Washington camino del cementerio de Arlington: tenía cuarenta y seis años.
El-Hajj Malik El-Shabazz (Malcolm Little), más conocido como Malcolm X, fue un ministro religioso, activista y defensor de los derechos humanos y de las libertades civiles de los afroestadounidenses: un líder muy respetado por esta comunidad. El 21 de febrero de 1965, cuando se disponía a celebrar un mitin en el “Audubon Ballroom” de Nueva York acompañado de su esposa embarazada y de tres de sus hijas, recibió varios disparos de Norman 3X Butler, Thomas 15X Johnson y un tercer hombre. Los tres fueron declarados culpables del asesinato en marzo de 1966 y condenados a cadena perpetua. Malcolm X murió poco después de llegar al Centro Médico de la Universidad de Columbia con cuarenta años.
Martin Luther King Jr. ejercía como pastor baptista estadounidense y defensor de los derechos civiles de los negros. En el verano de 1963 movilizó a una población de esta comunidad que culminó en la histórica marcha sobre Washington congregando a 250.000 manifestantes. Al pie del Lincoln Memorial pronunció su ya conocido discurso “I have a dream” (Tengo un sueño): “Mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por su carácter”. Fue abatido de un tiro en la cabeza por James Earl Ray mientras saludaba a sus seguidores desde la terraza del Motel Lorraine: era el 4 de abril de 1968 y tenía treinta y nueve años. El 14 de octubre de 1964 se le concedió el Premio Nobel de la Paz convirtiéndose en la persona más joven en recibir este reconocimiento.
Robert Francis Bob Kennedy, también conocido como “Bobby” Kennedy, entró en la carrera por la nominación a la presidencia de los EE.UU. el 16 de marzo de 1968 por el Partido Demócrata. Pasada la medianoche del 5 de junio, pronunció un discurso en el Hotel Ambassador de Los Ángeles (California) para anunciar su victoria. Tras concluir, mientras se disponía a abandonar el hotel a través de la cocina, un hombre armado le disparó a quemarropa. Era Sirham Bishara Sirham un palestino de veinticuatro años. “Bobby” fue trasladado al Hospital El Buen Samaritano donde falleció pocas horas después a los cuarenta y dos años. Lo enterraron en el cementerio de Arlington cerca de la tumba de su hermano John.
John Lennon era el Beatle que abogaba por la paz y así lo dejó estampado en canciones como “All You Need is Love” e “Imagine”. Murió a los cuarenta años asesinado por los disparos efectuados por Mark David Chapman el 8 de diciembre de 2024. Como todas las tardes, Lennon salía con su esposa Yoko Ono de su casa en el Edificio Dakota de Nueva York y se detuvo a firmar autógrafos a sus fans. Entre éstos se encontraba Mark Chapman, al que le estampó su firma en el álbum que le presentó. El psicópata no se conformó con esto y se quedó merodeando por los alrededores del edificio. De vuelta del paseo lo abordó de nuevo para realizar sobre él cinco disparos a quemarropa cuando se disponía a entrar en su casa; cuatro dieron en el blanco. El asesino llevaba en el bolsillo “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger. Subieron al Beatle en un coche de policía para llevarlo al Hospital Roosevelt y el agente que lo acompañaba le preguntó: “¿Usted es John Lennon?” La respuesta fue “sí”, la última palabra que pronunció en vida. Los médicos no pudieron hacer nada por él. Al llegar al hospital lo dieron por muerto. Chapman fue condenado a cadena perpetua y la Junta de Libertad Condicional de Nueva York le ha denegado hasta en catorce ocasiones la libertad condicional.





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