Al inicio del curso escolar que hemos dejado atrás, Carmen Santisteban me habló de su proyecto “Saber mirar para construir el conocimiento” y me pidió colaboración para trasladarlo a centros escolares de la provincia de Granada.
La puse en contacto con algunos de ellos y del resto se encargó ella para proponerles este proyecto promovido por la Fundación Carmen Santisteban, que ella preside. La fórmula elegida para su puesta en marcha: la celebración de una serie de jornadas-taller. Esa extensa e intensa actividad queda recogida en una publicación —Saber mirar para construir el conocimiento (2026)— que concita el interés de este artículo.
Como expresaba la propia autora, el proyecto tenía como premisa, ciertamente ambiciosa, “llevar a distintos foros, especialmente a los espacios educativos, un tema de máxima actualidad e interés: cómo enfrentarse al reto de comportarse como un ser activo y apasionarse por la búsqueda y el cuestionamiento”.
Zygmunt Bauman (2005) escribía en Los retos de la educación en la modernidad líquida que en otro tiempo “el conocimiento tenía valor puesto que se esperaba que durara, así como la educación tenía valor en la medida en que ofreciera conocimiento de valor duradero”; sin embargo, hablaba de que “el mundo que habitamos ya no es duradero” y en ese “mundo de la modernidad líquida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los vínculos humanos, se interpreta como una amenaza”. Quizá en ello radique uno de los males de nuestro tiempo: el carácter efimeral de lo que somos. Mientras que nosotros añadíamos (2023) —La sociedad que (des)educa. Parábolas para los tiempos que corren—: “En esta realidad es en la que estamos, y en esta realidad se educan nuestros jóvenes. La escuela ya no es el foco fundamental al que ellos miran. Estamos en una sociedad que para aprender algo exige mirar hacia una diversidad de focos. Las múltiples influencias que llegan a nuestros jóvenes no las podemos controlar”.
En un mundo donde el conocimiento parece llegar de tantos sitios y la escuela parece que es cuestionada en su papel protagonista de la formación de los jóvenes, asimismo escribíamos que el hecho de que “el conocimiento no radique exclusivamente en la escuela no significa que haya que arrojar la toalla o menospreciar el conocimiento que proviene de la escuela. El fortalecimiento intelectual de un estudiante me atrevería a decir que casi solo se puede construir en la escuela. No la desconsideremos como fuente de conocimiento, ella puede dar la solidez al intelecto que lo prepare para adquirir otros conocimientos que estén fuera, a pesar de esa sociedad que ha hecho del conocimiento algo tan efímero”. Al tiempo que “el saber esté radicado en múltiples fuentes, adonde acudimos para asimilarlo, no significa que el conocimiento que necesitamos como individuos para nuestro sostén intelectual esté garantizado por recurrir a todas esas fuentes. La asimilación la entendía Piaget como un proceso subjetivo, de encaje de experiencias e informaciones en nuestras creencias preexistentes. El conocimiento que cada cual incorporamos necesita ser diseccionado y analizado por el filtro de nuestro propio pensamiento”.

Estas jornadas-taller que nos presenta Carmen Santisteban, en esta publicación que nos ocupa, tratan de esto: de promover una sabia mirada entre jóvenes y menos jóvenes a la hora de acceder y construir el conocimiento que los/nos haga más humanos y capaces de interpretar con juicio crítico la realidad en la que nos desenvolvemos. Y prueba de ello son las temáticas que se han ido abordando en los nueve centros en los que se ha desarrollado el proyecto:
- IES Al Cadí (Cádiar): Reflexión, diálogo y respeto: una experiencia educativa de debate.
- IES Alcrebite (Baza): Cultivar la mirada crítica: reflexión y aprendizaje a partir de “Saber mirar”.
- IES Alpujarra (Órgiva): Aprender a observar la realidad: una experiencia de reflexión en oratoria y debate.
- IES Blas Infante (Ogíjares): La atención como punto de partida del conocimiento.
- IES Montes Orientales (Iznalloz): La atención como punto de partida del conocimiento.
- IES Ribera del Fardes (Purullena): Aprender a comunicarse: reflexión sobre lenguaje, ruido y desinformación.
- IES Nazarí (Salobreña): Uso de las tecnologías en la enseñanza: la importancia del camino en la consecución de los objetivos.
- CEPER Guamenze (Guadix): De la lectura a la conciencia crítica: una experiencia de debate.
- Asociación Poblado Ferroviario Estación de Guadix: Mirar, reflexionar y dialogar: un camino compartido de aprendizaje.
El proyecto de la Fundación Camen Santisteban —Saber mirar para construir el conocimiento—, como dice su autora, al referirse a “esta época de incertidumbres y tecno-feudalismo, se propone desarrollar el pensamiento crítico, fomentar el intercambio y la transmisión del conocimiento, estimulando el debate, la búsqueda y el cuestionamiento”, dirigido a todos los estamentos, “especialmente a quienes dan casi por perdido avanzar en muchas facetas en lo referente a este tema, ya sean docentes, familias o individuos”. Y lanzando un mensaje que creemos muy oportuno en nuestros días: “es posible salir de las pantallas, de ese bucle que nos atrapa entre el mensaje inmediato, la noticia, la información y la desinformación, en esa dependencia, a veces enfermiza, que no nos permite el tiempo ni la serenidad que nos exige el análisis, la reflexión y la libertad de pensamiento”.
Carmen lo tiene meridianamente claro: “Siguiendo esta metodología, se pretende también que los participantes lleguen al convencimiento de que hay vida más allá de los móviles y otros dispositivos. Es entonces cuando toman conciencia de que en su entorno hay demasiados sujetos que consumen información «enlatada» sin analizarla, y que esta forma de conducirse les genera información superficial, no sólo en lo más externo, sino que también en sus relaciones, además de un consumo irracional que, sin embargo, perciben como el estado natural de las cosas”.
La educación de hoy está necesitada de proyectos críticos como Saber mirar para construir el conocimiento. La manipulación, los bulos, son parte del día a día a que se somete a la ciudadanía y, especialmente, a aquellos que son más vulnerables: niños y jóvenes. De proyectos como este están necesitados aquellos espacios educativos donde la inteligencia se cultiva con una visión crítica, fortaleciendo un pensamiento que nos acerque al conocimiento con garantías de eludir y afrontar el mundo de la tergiversación que intereses perversos nos quieren construir.





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