Si con mirada retrospectiva, emprendemos un viaje en el tiempo y nos adentramos en el maravilloso mundo de las metodologías del pasado a buen seguro que nos toparemos irrevocablemente con los famosos exámenes orales. Por motivos que desconozco y no me aventuro a precisar, es un recurso que hoy en día se estila más bien poco. Algunos consideran que viene ser un atentado para la paz de su alumnado, se pueden poner tan nerviosos hasta el punto en el que ese nerviosismo puede desembocar en un bloqueo que le deje en evidencia delante de todos sus compañeros e incluso que no lleguen a demostrar todo lo que atesoran y saben.
A mi entender, tenemos una cierta tendencia a la sobreprotección de nuestro alumnado, con comentarios del tipo: “No sea que no se lo sepa”. “No sea que quede en ridículo delante de todos”. “No sea que se bloquee”. “No sea que se ponga nervioso”. “No sea que le coja manía a la asignatura”. “No sea que le toque una pregunta que no va a poder saber responderla”. “No sea que rían de él o de ella por no saber la respuesta”. “No sea que quejen los padres de que les exijo demasiado, con lo pequeños que son aún”.
Pues bien, detrás de todo esfuerzo debe de evidenciarse un resultado o incluso una recompensa.
Partimos de la base de la existencia de una generación de unos padres de unos alumnos (en los que me incluyo, por edad) que estilaban estudiar un día o como mucho dos días antes del examen. Posiblemente porque nadie nos advirtiera desde chiquititos de la importancia de trabajar, leer, estudiar desde primera hora, todos los días, exceptuando los fines de semana, que por algo son para descansar, y de paso nos recuerda que son niños, en edad de Educación Primaria y que tienen todo el derecho del mundo a jugar, descansar y disfrutar de su infancia. En este sentido vengo plantear lo siguiente, y es algo elemental. Lo he titulado como “La regla de los diez minutos”.
LA REGLA DE LOS DIEZ MINUTOS
No es de extrañar que los alumnos por la carga lectiva a la que son expuestos, tengan al día 5 asignaturas diferentes. Si nos aferramos a la lógica matemática, con 40 minutos o 50 minutos diarios de repaso diario sería más que suficiente. Pero, no nos vamos a engañar, hay asignaturas que no precisan de estudio ni de repaso, consideradas lúdico-deportivas o morales-culturales exentas de examen, por lo que el tiempo se puede reducir a cuatro asignaturas, a lo sumo. Nos referimos a la lengua castellana, matemáticas, ciencias e idiomas (inglés o francés), principalmente. ¿Quiere decir que las otras asignaturas carecen de importancia para el currículo de Primaria y al no exponer al alumnado a un esfuerzo o estudio diario? Evidentemente no. Todas tienen su importancia aunque no sean consideradas como instrumentales. También se puede dar el caso de una asignatura que presenta una ficha de trabajo o una parte para ser estudiada: plástica, música, religión, atención educativa, valores, educación física o chino (asignatura impartida en nuestro colegio Miguel de Cervantes de Armilla, a través del Aula Confucio).
Por consiguiente, ¿dónde radica realmente el problema que justifica que los alumnos no destinen esos 10 minutos de estudio diario a cada asignatura? ¿Carga de extraescolares? ¿Falta de hábito? ¿Eximirse de responsabilidad? ¿Tendencia a estudiar solamente un día antes del examen o conformarse con los ejercicios realizados en la clase o con lo que le vaya sonando de las explicaciones, ejemplos, trucos aportados por parte del docente?
Sea cual sea el motivo, abogaremos por un estudio diario que puede ser llevado a cabo tanto a nivel individual como auxiliado por su madre o padre. ¡Qué fácil es interesarse por la trayectoria de sus hijos y no solo acudir a tutorías para exigir que se apruebe a su hijo o hija! Se puede encabezar o iniciar una conversación de la siguiente forma: “¿Qué habéis dado hoy en lengua?” A modo de ejemplo, el niño o niña responderá algo del tipo: “Hemos leído la página 119 sobre los pronombres personales átonos y tónicos y finalmente hemos hecho tres ejercicios”. Acto seguido el padre o madre puede repasar esos ejercicios o preguntar la lección (solamente un punto del tema) a su hijo o hija, para determinar el nivel de asimilación de ese contenido.
Hay padres que trabajan de sol o sol, y que apenas invierten su tiempo en sus hijos a nivel académico… por motivos más que justificados. Pero, me pregunto, si los niños en edad de Primaria no están solos en casa… ¿Quién están con ellos? Sea cual sea la respuesta siempre se puede sacar un huequecito para invertirlo en sus hijos. Cualquier momento será bueno, incluso en el trayecto de vuelta casa o en el coche.
Si les entrenamos a ser trabajadores, responsables, constantes, a sentirse involucrados en su proceso de aprendizaje a buen seguro recogerán una gran cosecha. Si no hacemos nada por ellos ni les insistimos a estudiar todos los días, solo les quedará rezar por que les caiga unas preguntas determinadas, que lo que se les pregunte les suene por el trascurso de la propia clase, les venga la inspiración divina, se “medio comenten” las respuestas de los exámenes o bien… que les sirva esa tarde intensiva del día antes del control que puede que le saque las castañas del fuego.
Yo les insisto a mis alumnos a no jugar con la suerte. Hay opositores a maestros que por dejarse sin estudiar dos temas de veinticinco, se jugaron a una posibilidad remota, y les tocó la ruleta rusa.
Un alumno mí me ha llegado a decir: “Profe, yo estoy muy tranquilo porque me sé perfectamente las preguntas del examen. Las he trabajado y me da igual la que me caiga”. Ese es el camino. Futuras personas que no se la juegan, responsables y que estarán llamados a triunfar en la vida.

PREGUNTAR TODOS LOS DÍAS SOBRE PUNTOS YA EXPLICADOS
El docente para alentar a su alumnado a que estudien de forma diaria, realizará un repaso de los puntos anteriormente explicados en días previos, efectuando una serie de preguntas orales para percatarse de la presencia o ausencia de interés de las temáticas planteadas. Si ha habido un trabajo detrás, un estudio, un compromiso, a buen seguro sepa desenvolverse y responder a todo lo que se le plantee.
También puede interesarse por su alumnado y preguntarle con quién estudió, cuánto tiempo invirtió y si le pareció fácil el tema o el punto estudiado. Además, un motivo de reflexión sería el siguiente: “¿Crees que al haber estudiado ese punto lo vas a tener que estudiar de forma intensiva un día antes del examen?”. Se trata de remover conciencias y potenciar una serie de actividades que casi con toda seguridad les derive al éxito en la vida.
No basta con hacer los deberes, con tener las libretas inmaculadas y todas las fichas de trabajo perfectamente completadas, lo que verdaderamente importa es que asimilen los contenidos y sepan hacer un uso de ellos.

MÉTODO DE ESTUDIO DEL T16
Una vez terminada la situación de aprendizaje, muy especialmente en temas de ciencias, procederemos a la confección de una técnica de estudio bautizada como el T16, (el truco de las 16 preguntas). El docente, junto a su alumnado elaborará una serie de preguntas relacionadas con el tema recién estudiado y explicado, en concreto serán 16 preguntas. Están surgirán como resultado de cuatro dobleces a la mitad de un folio al uso, hasta obtener una cuadrícula de unos 5 centímetros de largo por 3 centímetros de alto. Al abrir el folio, como resultado se visionarán 16 casillas en blanco listas para ser rellenadas con preguntas alusivas al tema. Éstas serán respondidas en sus correspondientes libretas de ciencias y les servirá para estudiar tanto el examen oral (una de esas preguntas tendrá que ser respondida al elegirla al azar) como el escrito, pues al saberse cada uno de los puntos que compone el tema se verá capacitado para responder sin problema, pues los conocimientos adquiridos serán extrapolables a los necesitados en el examen escrito.
Por cierto, no está de más advertir de la presencia de otras técnicas de estudio dentro del T16 como son reglas mnemotécnicas, mapas conceptuales, presencia de palabras clave, dibujos mudos, iconos, historias, alusiones, ejemplos, etc.
EL 16 RESPONDIDO EN LA LIBRETA
Una manera de alentar o animar a mi alumnado para que respondan a las preguntas del T16 en la libreta consiste en hacerles saber que todo el que responda de forma correcta, clara, concisa y precisa cada una de las 16 preguntas, obtendrá un punto más en el examen. Eso les motiva mucho, y se ven verdaderas obras de arte, algunas rozan la excelencia con una extensión de 4 a 5 folios, que pasan por trabajos de campo en algunos de los casos, evidentemente, no en todos, pues también los hay conformistas que solo persiguen salir del paso y obtener la recompensa casi sin despeinarse.

REPASO Y JUEGOS ANTES DEL EXAMEN ORAL
Se puede dejar que los alumnos estudien durante 15 o 20 minutos en compañía de su mejor amigo, un trío o un pequeño grupo. Pondrán a prueba su ingenio para estudiar, preguntar, explicar a su compañera alguna pregunta. Muchos de ellos acuden al juego, incluso al uso de un tablero, tipo juego de la Oca, para disfrutar mientras se aprende o se repasa. Son unos momentos muy fructíferos del día y en los que los alumnos manifiestan una total unión y compromiso con la asignatura y con quien tienen a su lado.

Otros en cambio, proponen juegos de rapidez a la hora de dar una respuesta, con plastilinas o bola encima de la mesa, que deberán ser cogida de forma instantánea en caso de saber la respuesta a la pregunta, previas manos atrás de cada uno de los participantes.
EXAMEN ORAL
Por fin, pasamos al tema estrella de este escrito. Llegó el día del examen oral. El docente sacará de forma ordenada o aleatoria a los primeros cinco alumnos. Cada uno de ellos procederá a coger una de las 16 tarjetas previamente recortadas para el efecto y las responderán.
Dicho quede de paso, los exámenes orales de ciencias los suelo desarrollar mediante el uso del inglés. Tanto las preguntas, las aclaraciones como la petición de aclaración son en inglés y los alumnos tendrán libertad de responder tanto en castellano como en inglés, en caso de saberlo y habérselo preparado.
En mi cuaderno de notas o por qué no decirlo en el cuaderno de Séneca se procede a dejar reflejada la evaluación en función de la respuesta obtenida. Esa nota repercutirá, evidentemente en la valoración final de la Situación de Aprendizaje (Sda).

Hay otra modalidad de T16 que consiste en coger al azar una patata frita alargada o, en su defecto ondulada, de una famosa cadena de comida rápida. Esta modalidad fue aprendida por observación directa de una ex maestra del colegio. Su idea fue genial y no dudo en compartirla con los lectores de IDEAL en Clase.
Con esto doy por finalizado este escrito destinado a la importancia del estudio diario y el planteamiento de una serie de estrategias que servirán para estudiar el examen tanto oral como escrito. Gracias por leerme.


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