III. EL CONTEXTO Y LA POLÉMICA SOBRE LA BISEXUALIDAD ORIGINARIA
En las aproximadamente seiscientas páginas de Sexo y carácter (1), el joven Weininger, despliega la suma de su vida espiritual e intelectual. La obra se publicó en Viena en mayo de 1903, editada por Wilhem Braunmüller. Su éxito fue sorprendente entre el gran público. La explosión que supuso su libro y la circunstancia de su muerte —por lo demás de una forma nada infrecuente en la Viena de entonces— dotó su figura de un halo enigmático aún no resuelto y presumiblemente irresoluble. Una personalidad tan aguda y mordaz como Karl Kraus, editor de Die Fackel, acogió el libro con entusiasmo e interés: “Un admirador de las mujeres”, escribía, “asiente entusiasmado a los argumentos de su desprecio hacia las mujeres”. Ludwig Wittgenstein (2), que leyó el libro muy joven, quedó impresionado y calificó la obra como una de sus principales influencias y “uno de los grandes libros olvidados de nuestro siglo”.
Las ediciones se suceden con celeridad asombrosa para obra de tal extensión. La segunda edición es de noviembre de 1903. En el año siguiente salen cuatro más, y en 1923 cuenta ya con veinticinco y con traducciones al danés, inglés, italiano, húngaro, polaco, ruso etc. Hasta 1932, les seguirían otras diecisiete. La editorial editó incluso un folleto publicitario al efecto, repleto de reseñas y homenajes entusiastas. Fue su única obra en vida (3). Los fragmentos que dejó tras su muerte fueron recogidos en 1904, y publicados póstumamente con el título de Sobre las cosas últimas, (Ueber die letzten Dinge, 1907) (4).

Weininger no era en modo alguno un solitario genial de su época, como él había supuesto, tal y como escribe en el prólogo de su obra: “La base científica, filosófico-psicológica, ético-lógica, he debido crearla en gran parte, yo mismo” (5). Su habitual empeño en hurgar entre disciplinas heterogéneas —psicología y filosofía, lógica y ética— deja una cierta impresión de diletante. Sus ideas, no obstante, lejos de ser todo lo originales y novedosas que presumía, reflejaban en realidad un clima intelectual que se había ido gestando desde algunas décadas anteriores. En este sentido, no podemos dejar de referirnos a una polémica —el de la “bisexualidad originaria” del ser humano—que propició todavía más el que el fallecido Weininger estuviera en boca de todos: los periódicos vieneses se habían hecho eco de la historia de su trágica muerte, envolviéndola en un cierto halo romántico y dramático (“joven genio se quita la vida”), lo cual, unido a una buena campaña publicitaria, había disparado la venta de su obra convirtiéndola en un sonado éxito, como hemos comentado antes. Al tiempo que su figura se mitificaba, su probidad intelectual se vio, en efecto, seriamente comprometida por un pleito por derechos de propiedad intelectual, instado por un ilustre médico de Berlín, amigo de Freud.
Wilhelm Fliess, famoso otorrinolaringólogo y autor de numerosos trabajos científicos, denunció el libro del desaparecido joven filósofo, acusándole de plagio. Aun reconociendo su valor y atractivo —en su opinión se trataba de un libro “perversamente fascinante”— la obra de Weininger encerraba un pequeño problema: “la doctrina de la bisexualidad original de todos los seres humanos, incluyendo la ley de la atracción sexual de la que se deducía que los hombres femeninos atraían a las mujeres masculinas, y viceversa, así como la explicación de la represión en la histeria que de ella se derivaba” (6) no eran, en términos estrictos, propiedad intelectual del filósofo vienés. Aquellas ideas, fueran innovadoras o no, eran en realidad parto de su propio ingenio. No obstante, en ningún lugar del libro de Weininger aparecía el nombre de Fliess (7). El propio Freud se vio envuelto en el grotesco pleito en torno al joven pensador.

En efecto, la denuncia de Wilhelm Fliess cuestionó la seriedad y honradez intelectual del joven escritor desaparecido, acusando con razón y muy dolido a su antiguo amigo y confidente, Freud, de haber comunicado, en el curso de una terapia psicoanalítica, su tesis de la bisexualidad a su paciente y también filósofo Hermann Swoboda (íntimo amigo de Weininger). La idea de la bisexualidad habría llegado, pues, al conocimiento de Weininger a través de Swoboda, que la habría conocido de labios de Freud, quien, a su vez, la habría recibido del especialista en nariz, garganta y oído berlinés. “El fallecido Weininger”, se lamentaba Fliess en una irritada carta, “ha sido ladrón con una llave que ha encontrado”. Freud habría prestado servicios de intermediario coadyuvante al robo intelectual (8). El propio Freud reconocería, con su sarcasmo característico, que cuando Swoboda encontró a Weininger reflexionando sobre los problemas sexuales le había comentado la idea de la bisexualidad original de todos los seres humanos, la reacción de Weininger había sido inmediata: “se dio un golpecito en la frente con la mano y corrió a su casa a escribir su libro” (9).
Una vez subsanado tan lamentable malentendido, Freud comunicaba en una carta a Fliess que estaba a punto de terminar un nuevo libro, Tres ensayos para una teoría sexual, en el que intentaría, en la medida de lo posible, evitar el tópico de la bisexualidad, si bien, ésta tenía que aparecer en algunos puntos. La amistad entre ambos médicos ya era tensa desde hacía tiempo; el conflicto en torno a Weininger no hizo sino partirla definitivamente en dos, dejando a todos los implicados un amargo sabor de boca. Todavía en el último año de su vida, el fundador del psicoanálisis se justificaba diciendo que había sido el primero en “condenar” los excesos verbales del joven y apasionado filósofo.
BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS
- En realidad constaba de 599 páginas, de las cuales 132 páginas pertenecían a las notas y complementos. En la versión española de Ediciones Península, consta de 341 págs., en letra muy pequeña.
- Para la relación Weininger-Wittgenstein, ver el libro de Janik, op. cit. pp. 223 y ss
- Hans Mayer, Historia maldita de la literatura, op. cit. p. 112, dice al respecto: “Un informe editorial de la Librería Universitaria de Wilhelm Braunmüller, de Viena y Leipzig, en la “edición popular” de 1926, da a conocer la serie sucesiva de ediciones de Sexo y carácter: primera edición en mayo de 1903, en Viena en seguida la segunda, en noviembre, poco después de la muerte de Weininger. En enero de 1904, la tercera; a finales de ese mismo año, ya la sexta”. En 1923 se alcanza la edición nº 25 de un libro que paradójicamente iba a considerarse maldito.
- El volumen alcanzó la sexta edición en 1920. Su contenido es muy vario: algunos ensayos de interés y otros de diverso valor. (sobre Ibsen, Schiller, metafísica, cultura) y breves apuntes, incluso con carácter de borradores o indicaciones para uso exclusivo del autor. El libro puede considerarse complemento de Sexo y carácter, para comprender su posición en metafísica y su teoría del conocimiento. El estudio preliminar de su amigo Moriz Rappaport, figura entre los mejores ensayos sobre las ideas y la personalidad de Weininger. Hay traducción castellana en editorial Machado libros, Madrid, 2008.

- Sexo y carácter, op. cit., p. 17.
- Punto de partida central del análisis de los sexos de Weininger y sobre las que éste edificaba su extraña construcción ideológica.
- John Kerr, La historia secreta del Psicoanálisis, Crítica, Barcelona, 1995, pp. 87-89 y 104-105.
- Efectivamente John Kerr comenta que W. Fliess al leer el best-seller de Weininger descubrió, deduciéndolo de un pasaje de la obra, que los dos hombres –Swoboda y Weininger- eran íntimos amigos y que habían comentado específicamente el capítulo de la obra que Weininger dedicaba a la histeria – que éste había escrito para obtener el favor de Freud-. Comprendió, anonadado, que tanto Swoboda como Weininger se habían apropiado la esencia de su inédita teoría y que Freud estaba involucrado en el origen del famoso libro. Por lo visto, Freud había hallado el capítulo poco satisfactorio, y más tarde afirmó que había instado al joven Weininger a no publicarlo. Sin embargo… la conducta de Freud había sido del todo imperdonable. Indignado, escribió a Freud el 20 de julio de 1904 acusándole de haber sido el intermediario del robo de Weininger y lamentándose por el hecho. A Freud no le quedó más remedio que confesar el papel que había representado. No obstante, se permitió advertir a Fliess que las “ideas” no podían patentarse e insistió en que “el daño que le ha hecho Weininger es mínimo, pues nadie tomará en serio su pésimo libro”. El “pésimo libro” se estaba convirtiendo con gran rapidez en un best-seller mundial y sería traducido nada menos que a dieciséis lenguas. Swoboda, por otra parte, también habría de utilizarla en una monografía titulada “Los períodos del organismo humano y su significado psicológico”, publicada en 1904, en ella hablaba de los ciclos sexuales, contenía una versión chapucera de las teorías de Fliess; tampoco lo citaba.
- P. Roazen, “Freud y sus discípulos”, trad. cast., Alianza, Madrid, 1978, p. 113. Según Castilla del Pino: “En todo caso tampoco la tesis de la bisexualidad era absolutamente original de Fliess, pero para el gran público pasó definitivamente como propia de Weininger” (op. cit., pp. 11-12). La tesis de la bisexualidad, muy cara a Freud, por su utilidad para la explicación de la homosexualidad. Para la historia de la tesis de la bisexualidad véase: Freud, Tres ensayos de teoría sexual, trad. cast., vol. VII de la edición de Amorrortu p. 130, nota 12.
ÍNDICE: OTTO WEININGER: LA NULIDAD ONTOLÓGICA DE LA MUJER
I. VIENA: UN DISPARO EN MEDIO DE LA NIEBLA
II. LA VIDA BREVE DE UN FILÓSOFO DILETANTE
III. EL CONTEXTO Y LA POLÉMICA SOBRE LA
BISEXUALIDAD ORIGINARIA
IV. EL CLIMA IDEOLOGICO: ANTISEMITISMO Y ANTIFEMINISMO
V. EL MOVIMIENTO DE EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES
VI. SEXO Y CARÁCTER. UN LIBRO QUE REFLEJA UNA ÉPOCA
VII. SEXO Y CARÁCTER: SU INFLUENCIA EN EL NAZISMO
VIII. LEGADO Y PROYECCION LITERARIA Y ACTUALIDAD DE WEININGER





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