Leandro García Casanova: «Estos días de verano»

Hace unos meses, Donald Trump se descolgó de los “Acuerdos de París” sobre el cambio climático afirmando que las altas temperaturas no tienen nada que ver con la contaminación. De este tipo, ignorante y soberbio, no se podía esperar otra cosa, porque es como el pato de la Patagonia, una pisada, una cagada. Para desmentir a este inepto, desde el mes de junio hemos padecido altas temperaturas en España, donde se han superado las marcas históricas porque el calor ha sido asfixiante. Para los que viven en áticos, en Jaén, Córdoba, Sevilla, Badajoz y en cualquier provincia de España les será difícil olvidar el infierno vivido este verano. A finales de junio estuve una semana en París y yo esperaba los veintitantos grados de temperatura en esta época, pero no se podía estar al sol porque era insoportable, ya que los termómetros pasaban de los treinta y tantos grados. Las temperaturas aumentaron tanto en julio y agosto que España se llevó la palma, pues hubo días que hizo más calor que en Egipto o que en los Emiratos Árabes. Las inundaciones de Houston y de otras localidades de Texas, a causa del huracán ‘Harvey’, creo que harán reflexionar a Donald Trump. 

Entonces yo me preguntaba, ¿cómo es posible esto, parece que Dios se ha olvidado de España? Los expertos afirman que el clima extremo hará que Madrid se parezca a Las Vegas y Sevilla, a algunas zonas de Marruecos. Las temperaturas podrían subir hasta cuatro grados de media anual, y seis en verano, aunque la meteorología no es ciencia exacta. Por si esto fuera poco, aparecieron entonces las bandas de radicales haciendo propaganda contra los turistas extranjeros, en Cataluña, las Islas Baleares y el País Vasco. Quemaron un autobús, hicieron algunas pintadas y, con el alboroto, estos jóvenes tuvieron repercusión mediática tratando de espantar el turismo, que es la gallina de los huevos de oro. Es cierto que España estaba a rebosar de turistas y que, el pasado año, vinieron 75 millones, porque prefieren nuestro país en vez de Turquía y los países árabes del Mediterráneo a causa de los atentados islamistas. Pero el turismo genera riqueza para el país y empleo a miles de jóvenes, aunque sea precario. Si no fuera por el turismo, tendrían que emigrar a Gran Bretaña, a servir en un bar o restaurante, a Francia o Alemania…

Sin embargo, se tendría que poner freno al “turismo de borrachera”, como ocurre en Magaluz, en Salou, Lloret de Mar, etc. No me explico cómo estos ayuntamientos no han dictado ya unas ordenanzas, prohibiendo que los borrachos destrocen cuanto encuentran a su paso, además del espectáculo que dan. “Cuanto más beban, más ganancias”, pensarán los propietarios de los establecimientos de bebidas alcohólicas y algunos ediles, pero la imagen que dan de España en el extranjero no puede ser peor. Precisamente, en el Reino Unido está prohibido a los menores de edad tomar bebidas alcohólicas, bajo fuertes multas. Sin embargo, en oleadas vienen a Ibiza en vuelos chárter, de bajo costo, y estos menores se pasan bebiendo y haciendo estragos todo el fin de semana.

Nos quejábamos de que los radicales espantaban a los turistas, con sus destrozos y pintadas, cuando llegaron los atentados yihadistas en Las Ramblas de Barcelona y en Cambrils. A todos los españoles nos cogió por sorpresa, a pesar de que en la vecina Francia han ocurrido numerosos atentados, lo mismo que en Alemania, en el Reino Unido y en otros países árabes. París, Berlín, Londres y otras ciudades sufrieron los atentados, por lo que era de prever en alguna ciudad española y más ahora que el Ejército Islámico está perdiendo la guerra en Siria, y después de perder el Califato en Irak. Con todo, los atentados hubieran podido ser mucho peores y causar numerosas víctimas, pero unos días antes estallaron las bombonas de butano en el chalé de Alcanar, donde murió el imán de Ripoll, que era el jefe de los terroristas y que con anterioridad había estado preso por tráfico de drogas. La explosión hizo que adelantaran los atentados, pues una furgoneta bomba estaba destinada a volar la Sagrada Familia de Barcelona, mientras que en Cambrils cinco terroristas fueron abatidos por la policía local.

En cuanto a los imanes de las mezquitas hay que decir varias cosas: sólo el 10% de ellos tiene formación y apenas conocen la historia o la cultura españolas. Últimamente, Francia ha expulsado a varios imanes por apología del terrorismo. Según reconoce el presidente de la Comunidad Islámica de Andalucía, Lahsen el Himmer, en una entrevista a IDEAL, el 99% de los imanes no conoce el castellano y el sermón de los viernes tampoco se da en castellano, a pesar de que la mitad de los musulmanes de Granada son ciudadanos españoles. De los 29.000 musulmanes que viven en la provincia, hay más de 15.000 españoles. En la provincia de Granada hay 39 mezquitas registradas, pero el presidente asegura que hay otros lugares de culto que figuran como asociaciones culturales, en vez de centros religiosos, por lo que no están registrados. En cualquier país árabe, los imanes deben de tener un profundo conocimiento del islam y, tras superar unas pruebas y exámenes, se les da un certificado de idoneidad. Pero esto no ocurre en España.

Si el imán es de Arabia Saudita, su discurso es muy duro, según el Himmer, aunque la mayoría de los imanes proceden de Marruecos. Éste afirma que la radicalización de Ripoll hubiera podido pasar en Granada y en cualquier otra zona de España. El Himmer finaliza diciendo: “Transmitimos un mensaje de paz y de condena a cualquier acto terrorista. Quien toca a este país nos toca a nosotros. Tenemos un compromiso claro con este país”. Creo que dice la verdad pues, los primeros perjudicados por los atentados son los musulmanes, que son los que reciben más ayudas sociales. No olvidemos que por las fronteras de Ceuta y Melilla entran inmigrantes y terroristas, mientras que la droga marroquí entra por las costas del Andalucía. Francia es el país de acogida, por excelencia, de emigrantes y de exiliados, los impuestos son altos pero se gasta lo que no tiene en servicios sociales. Sin embargo, ya estamos viendo cómo golpea el terrorismo islamista en el país vecino.

El ministro de Interior marroquí se entrevistó hace unos días con su homólogo español, Juan Ignacio Zoido. Aquel manifestó que en Francia tienen un convenio por el que dan cursos de formación a los imanes de las mezquitas, y que España debía de hacer lo mismo, así como controlar los discursos de los imanes y las mezquitas. Sin embargo, los musulmanes no se integran, viven en guetos, en el Zaidín, La Cartuja y la Chana, y lo mismo ocurre en Marsella, en París, en Bruselas…, pues su cultura, su religión y sus costumbres son diferentes a las de los europeos. En España hay dos millones de musulmanes mientras que en Francia ya son seis millones, por lo que los franceses están muy preocupados por su futuro. Hay quien afirma que en cincuenta años Francia será un país islámico, y sirva de ejemplo la frase de un musulmán de Londres: “Vosotros tenéis un perro, mientras que nosotros tenemos cinco hijos”. Sólo queda decir que los atentados terroristas alimentan la ‘islamofobia’, más bien se retroalimentan el uno al otro, como podemos ver en las redes sociales estos días.

El artículo lleva el título de la canción, que tanto sonó en el verano de 2006. Yo me preguntaba entonces, “¿cómo se llamará esta canción que tiene un estribillo tan pegadizo y que tanto me agrada escucharla?”. Pero de este verano de 2017 tendremos que sacar varias lecciones.

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