Antonio César Morón: Un poema para mi sobrino Arturo, en el día de su cumpleaños

«Aquí va mi regalo para Arturo. Es un cuento en verso escrito especialmente para él, hoy, el día de su cumpleaños. Léeselo, por favor, con todo el amor que yo lo haría», de esta forma felicitaba el profesor y escritor Antonio César Morón a su sobrino.

El poema “Del niño que halló la felicidad rodeado de palabras” surge en la mañana del segundo día tras el confinamiento decretado por el Gobierno de España ante la amenaza del COVID-19. Era 17 de marzo, el cumpleaños de mi sobrino, Arturo. Volví de Melilla hace unos días. Mis padres y mi hermana, con el niño, están a tan solo unos minutos de mi casa andando y, sin embargo, como me imagino que a tantas familias les habrá ocurrido, no quise ir a verlos cuando volví, adoptando unas medidas de precaución que, veinticuatro horas más tarde se convirtieron oficialmente en el Estado de Alarma.

Mi madre me dijo esa misma mañana que el niño era muy consciente de que este año, su cuarto cumpleaños, no iba a tener regalos, ni fiesta, ni siquiera a todos sus seres queridos a su alrededor. Me contó también mi madre que el niño, en un alarde de entereza y aceptando la situación actual les había dicho a todos que no pasaba nada. Este fue el momento en que decidí escribir estos versos. Quise regalarle a mi sobrino un cuento en forma de poema, para hacerle sentir que las palabras también podían transmitir amor y acercarle al resto de sus seres queridos que, ese día, no podríamos estar con él. Creo que este poema es un espejo de la realidad de estos días y por eso he decidido publicarlo, porque sé que a otra mucha gente, quizás, pueda ayudarle. Es mi contribución con la sociedad a través de la Literatura. Mi mayor recompensa sería que alguien me dijese que sí, que le ha ayudado.

DEL NIÑO QUE HALLÓ LA FELICIDAD RODEADO DE PALABRAS

Para Arturo,
en el día de su cumpleaños

Hoy cumples cuatro años y no estaré contigo.
Cuatro marzos que fueron como un minuto leve.
Y en esta España en riesgo por COVID-19
solo puedo enviarte palabras como abrigo.

Pero debes saber que el lenguaje nos presta
(como un mágico juego que se oculta en la brisa)
la emoción cariñosa del gesto en la sonrisa.
Y aun no estando presente estará siempre esta.

Quizás no habrá juguetes, pero sí habrá palabras
que serán un regalo efímero de amor.
Con un poco de magia, les daremos color.
Y música. Y mil formas. Para que tú las abras.

Cuentan que en un planeta vivía sólo un niño.
Tenía cuatro años. Amaba las estrellas.
Podía acariciarlas porque era amigo de ellas:
luz y azules sonidos respondían su guiño.

Un día se apagó la que él más quería.
El mar y la tristeza inundaron su piel.
Durmió doscientos años en sábanas de miel.
Despertó siendo anciano. Pero ya no hubo día.

Pues el resto de soles al sentirse tan solos
apagaron su luz. Y el planeta ahora oscuro
tan frío fue en su noche e inhóspito al futuro,
que el anciano hibernó tendido entre sus polos.

Despertó siendo niño en temporal laguna.
Una estrella lucía al borde de su frente.
Y este consejo sabio inoculó en su mente:
“No te olvides de todas porque perdiste a una”.

El niño comprendió el error cometido:
dejar que la nostalgia destruyera su mundo.
De nuevo una sonrisa dedicó con profundo
amor azul a estrellas. Y en luz fue sumergido.

Y vibrando potente del suelo hacia su vida
sintió una melodía latente de canela;
una apagada luz le habló diciendo: “vuela”.
La vieja luz que ardía su estrella preferida.

El niño se elevó como una estrella más
dejando aquel planeta donde fue tan humano.
Las palabras, Arturo, siempre tienden su mano
para que no estés solo. Nunca solo. Jamás.

ANTONIO CÉSAR MORÓN

OIR AUDIO DEL POEMA RECITADO POR SU AUTOR:

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