En este proceso de modernización de la administración, como lo llaman, y acercar cada vez más la administración al ciudadano para que todo le sea más fácil; olvidan el pequeño detalle, que es que la persona es analógica.
Paradójicamente a más tecnificación más burocracia, en este caso digital. No ha mucho que sacar una partida de nacimiento, por ejemplo, era cosa de treinta segundos con un sistema informático intuitivo y fácil. Ahora aquí y en otros sectores, es una tortura, el protocolo, los datos y la pérdida de tiempo al que se somete, ya no tanto al ciudadano, sino al opositor a siervo digital.
Ya los docentes hace años que en su mayoría protestaron por el programa Seneca que los esclavizaba a un trabajo burocrático, distrayéndolos de su verdadera ocupación que es enseñar. Pero ahí sigue el sistema. Que si el archivo que mandas es muy grande, que si se va la pantalla, que si la aplicación para sacar el certificado para desgravar a hacienda, que si la clave, que si buscas una cosa concreta y aparecen cuarenta que no tienen que ver con la pregunta.
Al final en estas grandes reformas lo que hacen es cambiar el nombre a las cosas. El factor humano se olvida porque a los trabajadores que tienen que aplicar el sistema nadie les pregunta. Pareciera que todos estos grandes hallazgos surgen desde las altas esferas que jamás han pisado cualquiera de las dependencias de la administración o un taller, donde por cierto quieren hacer también obligatoria la factura digital. Por no hablar del dinero digital con el que tan entusiastas están los mismos que gobernaban cuando el gran apagón. Mientras se margina al sector primario, pescadores y agricultores y maltratan a los médicos. Es un consuelo saber, no obstante que estamos en lado correcto de la historia
La conjura de los necios.
24/04/2026

Salvador Fernández-Vivancos Fernández
Licenciado en Derecho
exfuncionario de Justicia
y abogado





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