Pedagogía Andariega: A D. Vicente Espinel, en su IV Centenario, 2

Escribo esta historia sobre mis memorias, no para gloria mía, sino para que sirva de enseñanza a la juventud.

La Pedagogía Andariega adapta textos de escritores antiguos, con el fin de introducir a niños y jóvenes en el mundo de los Clásicos. Hemos comprobado que no hay forma mejor de interiorizar sus contenidos que leyéndolos en voz alta mientras caminamos…

Una vez hechas las presentaciones en el número anterior, vamos a iniciar la transcripción de la Primera Relación de la novela de Vicente Espinel “Vida del escudero Marcos de Obregón”.

Comienza Espinel su novela picaresca, manifestando su deseo de escribir de forma sencilla su propia biografía con un fin claramente pedagógico: enseñar a vencer las dificultades y sacar provecho de los peligros para conservar un don tan precioso como es la vida.

RELACIÓN PRIMERA

DE MI VIDA COMO ESCUDERO

Escribo esta historia sobre mis memorias, no para gloria mía, sino para que sirva de enseñanza a la juventud. Y pues siempre me ha preocupado extraer provecho de los infortunios y adversidades que sufrimos los escuderos pobres, como soy yo, quiero mostrar aquí lo importante que es saber vencer las dificultades y sacar provecho de los peligros. Y ello, para conservar un don tan precioso como es la vida.

Me llega este deseo ahora que soy viejo y que tengo una ocupación tan apacible como es la de ser el capellán del Hospital de Santa Catalina de los Donados de esta Real villa de Madrid, donde sobrevivo como puedo, cargando con la enfermedad “de la gota” que padezco.

Y tengo la intención de utilizar un estilo sencillo que sea del agrado de mis lectores, imitando así a la propia naturaleza que, antes de regalarnos sus frutos, nos aporta primero un verdor apacible a la vista, luego una flor que nos alegra el olfato y, por fin, un fruto sabroso con el que, al comerlo, extender su semilla, garantizando así la perpetuidad de la especie.

Haré también como los buenos médicos que, cuando pasan consulta a sus enfermos, no comienzan martirizándolos con medicinas amargas y desagradables, sino con jarabes suaves, para después, eso sí, aplicar con firmeza la medicina que ha de acabar con la enfermedad que les aqueja. Y es que, en esto de aplicar remedios sencillos, sé mucho, ya que, como curandero que soy, acude a mí mucha gente por la gracia que tengo de curar, a base de ensalmos, oraciones y remedios caseros. Curo el mal de ojos, los dolores propios de las jovencitas, las molestias de cabeza y de otras partes del cuerpo. Y lo hago con tanta dulzura y suavidad que a mí “sólo” se me muere la mitad de los que acuden a la consulta, que es en ello en lo que estriba mi buena fama porque, o no pueden hablar por estar ya muertos, o los que sanan dicen de mí muchas alabanzas, por la cuenta que les trae ya que, al poco tiempo, han de volver a mi consulta, debido a su segura recaída.

Con todo, los que más “bendiciones” me echan son los que padecen enfermedades de la vista pues, siendo pobres como son, con la gracia de mis manos, a cinco o seis veces que vienen, les dejo con el “oficio de ciegos”, con lo que pueden ganarse la vida honradamente, pidiendo limosna.

DESCANSO PRIMERO

Las ofensas. Cómo han de ser tomadas.

Estando hace unos días con los ojos en blanco, mirando hacia el cielo, el rostro serio, las manos sujetando una tela blanca que había colocado en los oídos de un enfermo, y pronunciando con voz grave las palabras de un ensalmo, pasó cerca cierto caballero el cual, al verme, dejó caer en voz alta: “¡No puedo aguantar los engaños de estos embusteros!”. Yo me callé y proseguí, como si nada, con mi medicinal oración. En acabándola, mi ayudante me dijo todo enfadado: “¿No has oído el insulto que ha dicho contra ti ese individuo que ha pasado?” Yo, quitándole importancia al asunto, le contesté: “Él no me lo dijo a la cara, y de lo que a mí no se me dice directamente, no tengo por qué darme por aludido”.

Sirva este caso para advertir a los que por su poca experiencia, se sienten ofendidos cuando escuchan palabras necias dirigidas al aire y en su contra, que no es cobardía no responderlas, ni, por supuesto, valentía el decirlas. Los insultos que estos cobardes tiran al aire, son como los tiros de una escopeta cargada solamente con pólvora que, vacía de bala, con el ruido que provocan no sirven sino para ahuyentar la caza.

Las ofensas así, deben ser tomadas con mucha calma y sosiego, y si es posible, con buen humor… Como hiciera don Gabriel Zapata, aquel cortesano de excelente genio, que, recibiendo de otro caballero, con quien había tenido unas palabras la noche antes, una citación de desafío a muerte, y habiéndole despertado sus criados por parecerles un asunto grave, en leyendo el mensaje, dijo al que lo traía: “Decidle a vuestro amo que, para cosas que me importan mucho, no me suelo levantar hasta las doce del mediodía y preguntadle que por qué está tan interesado en matarme tan temprano.” Y siguió durmiendo en su cama, como si nada.

La paciencia frena, además de los ímpetus de la cólera, la prepotencia de los poderosos, la braveza de los valientes y la descortesía de los soberbios, atajando así los mil inconvenientes que, los tales, traen consigo. En Italia se dice que la paciencia es la disculpa de los vagos, pero yo digo que en este caso no se trata de una paciencia viciosa, sino de otra muy distinta: la que ejercita y afina las virtudes, reafirma la vida y aporta paz al alma y tranquilidad al cuerpo.

En fin, no quiero parecer pesado con estas reflexiones. Lo que venía a referir es lo que me sucedió sirviendo al más desazonado colérico del mundo; porque tras muchos infortunios y estando próxima mi vejez, por no parecer un vagabundo sin oficio ni beneficio, me encomendé a un amigo mío, cantor de la Capilla del Obispo –que estos están enterados de todo- y que fue quien me ayudó a buscar empleo como escudero y ayo de un médico y de su mujer. Y era tan anodina esta pareja que si él destacaba por la vanidad de tenerse por valiente, ella sobresalía por la de su hermosura, sobrepujando ambos tanta vanidad que no dejaron ninguna para compartir con los vecinos. 

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Isidro García Cigüenza

Blog personal ARRE BURRITA

artífice e impulsor

de la Pedagogía Andariega

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