José A. Delgado: «La mujer en la Bauhaus»

Ignoramos nuestra verdadera estatura
hasta que nos ponemos en pie
Emily Dickinson

 

Este artículo quería rendir un pequeño homenaje a todas las mujeres en el “Día Internacional de la Mujer”. Poner de manifiesto el valor de ellas en la Bauhaus, imaginando y creando, a pesar de las trabas que sufrieron por los hombres que dirigían y gestionaban esta Escuela.

La presencia de la mujer en todos los ámbitos de la vida política, social, cultural y económica es una seña de identidad muy relevante de nuestro país, al menos desde 1975, cuando España se conforma como una democracia plena, homologada a la de los países de su entorno. Ursula von der Leyen, en el “Discurso sobre el Estado de la Unión” de 16 de septiembre de 2020, declaraba solemnemente en el Parlamento Europeo: “Quiero que Next Generation EU ponga en marcha una ola europea de renovación y convierta nuestra Unión en líder de la economía circular. Pero no se trata sólo de un proyecto medioambiental o económico; debe ser un nuevo proyecto cultural para Europa. Ésta es la razón por la que crearemos una nueva Bauhaus europea, un espacio de creación conjunta en el que arquitectos, artistas, estudiantes, ingenieros y diseñadores trabajen juntos para conseguirlo”. No hay mejores palabras para significar la importancia y vigencia de esta Escuela (1919-1933), en la que la mujer jugó un papel secundario, y no precisamente por falta de méritos. En 2024 se cumplen 91 años de su desaparición a manos de Adolf Hitler. El siniestro personaje consideraba que sus obras formaban parte de lo que denominó “Arte degenerado”, que además de antiarte, era antialemán y bolchevique.

El crítico de arte Will Gompert, en su obra “Qué estás mirando” (2013), dice que “Bauhaus es la Escuela de Arte y Diseño más grande del mundo”; y E.H. Gombrich manifiesta que “La Escuela se construyó para demostrar que el arte y la ingeniería no necesitaban seguir divorciados como lo estuvieron durante el siglo XIX, que, por el contrario, podían beneficiarse recíprocamente”: “La Historia del Arte” (2023). Dicha Escuela introdujo innovaciones creativas en métodos de enseñanza, diseño y arquitectura, y su historia está estrechamente ligada a los acontecimientos políticos de la República de Weimar. Nació como una institución democrática y coeducativa que combinaba el currículo teórico de una Escuela de Arte con el currículo práctico de una Escuela de Artes y Oficios. Fue fundada en Weimar (1919) y disuelta en Berlín (1933) tras catorce años de una historia agitada. Pasó por tres etapas: la Bauhaus de Weimar (1919-1925) caracterizada por el expresionismo; la de Dessau (1925-1930) o Escuela Superior de Diseño; y Escuela de Arquitectura de Berlín. Muchos objetos creados en sus talleres forman parte de nuestra cotidianidad aunque no sepamos que proceden de ella. Entre otros, la silla B3/Wassily, la butaca o silla Barcelona y la lampara de cristal y metal. Igualmente los edificios de un barrio de Tel Aviv.

Estuvo dirigida por los arquitectos Walter Gropius, Hannes Meyer y Mies van der Rohe, y en ella trabajaron Paul Klee, László Moholy-Nagy, Josef Albers, Piet Mondrian o Wassily Kandinsky. Pero también había mujeres, sólo que estaban más difuminadas, eran menos conocidas y durante un tiempo se les tuvo vetada la entrada. Fue Gropius quien les abrió las puertas pero no se les permitió matricularse en la sección de arquitectura. La mayoría creaba en los talleres que jugaban un papel importante en su organigrama. Del de cerámica salieron jarras, copas, cafeteras y objetos de porcelana; y del de textil, bordados, alfombras de nudo, colchas y tapices. Su primer plan de estudios fue diseñado por Helene Börner, siendo Gunta Stölzl maestra de taller y su directora.

Marguerite Friedland y Lydia Foucar eran alumnas muy significadas confeccionando alfombras, piezas de bordado, ganchillo y macramé. Anni Albers, que fue la primera mujer en recibir el título de “Maestra de la Bahuaus”, diseñó su programa educativo e incorporó el tinte a sus clases. Otti Berger, directora del departamento de tejidos, producía piezas de hilo, fundas para piano y creó una de las tiendas de mayor fama berlinesa de la época: el “Atelier para Textiles”. Mientras que Lena Meyer-Bergner introducía revestimientos para suelos, Alma Buscher y Lill y Reich desarrollaban su labor en el taller de ebanistería donde Alma Siedhoff-Buscher creaba juguetes infantiles. Marianne Brandt fue la única mujer que trabajó en el taller del metal. Para crear algunas obras combinó diferentes metales, lo que devino en una técnica muy innovadora. De aquí salieron teteras, ceniceros de latón y objetos de plata. Gertrud Arndt realizaba dibujos partiendo de formas geométricas simples como el cuadrado y el círculo y estudiaba sus relaciones. Igualmente, Bella Ulman fundó el taller de fotografía donde Florence Henri destacaba por sus fotos vanguardistas y se hizo miembro del grupo “Circulo y Cuadrado”.

Después de ciento cinco años de su nacimiento, el debate sobre la Bauhaus continúa. Para Annemarie Jaeggi, directora del Archivo Bauhaus/Museo de Diseño de Berlín, “Las creaciones en disciplinas como la arquitectura, la pintura, la fotografía y los collages, hasta los textiles, la cerámica, el mobiliario y la iluminación, pasando por documentos y libros, han supuesto una continua fuente de inspiración para una serie de obras a lo largo de los años”: Magdalena Droste, “Bauhaus, 1919-1933” (2019). Quiero significar que la mayoría de los datos explicitados en este artículo los he obtenido de dicha obra, cuya autora, la señora Droste, es una de las mayores expertas del mundo en esta Institución.

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José A. Delgado

 Maestro,

doctor en pedagogía

y profesor titular de universidad

 

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