Juan Franco Crespo: «La isla de Creta – Heraklion [Irákleio]»

Estamos ante uno de esos lugares míticos o que podemos considera como una de las muchas cunas de la humanidad; es un lugar que se habitó en el neolítico y hasta hoy. Fue el mítico puerto romano de Heraclium o Cnosos, cuya cultura realizó un gran avance en la historia del hombre a pesar de la súbita desaparición tras ser borrada por el tsunami de Santorini.

Hay un poso de cultura y sabiduría que arrasan en los momentos de relativismo que nos ha tocado vivir y en donde los hacedores del mañana nos acorralan o nos aborregan sin grandes miramientos. Estamos ante el esplendor de una tierra que floreció también con la expansión del gobierno de los venecianos [quien quiera indagar que busque al Papa Julio y su guerra contra los comerciantes de Venecia, seguro que disfrutará de la historia de aquellos tiempos] que en el XIII la denominó Candia y fue la capital de los territorios del Egeo.

Vista de Heraklion desde la rotonda de acceso a la tumba de Katzanzakis

La ciudad y su zona portuaria son ideales para que uno pueda dosificar el esfuerzo y, si el tiempo apremia, distribuirlo con las consabidas modernidades de los autobuses turísticos [normalmente rojos o amarillos] que permiten moverte sin tener que perder el tiempo buscando, sólo tienes que tener planificada tu estanca y busca aquello concreto o que te interesa, el resto de irá apareciendo prácticamente sin buscarlo.

Estamos en el centro neurálgico de la histórica ciudad y a un tiro de piedra del puerto donde atracan los grandes cruceros aunque su presencia pasa casi desapercibida para los lugareños que nada tienen que ver con las explotaciones turísticas. Hay nombre que uno debe anotar para no perderse en disquisiciones ante la abrumadora realidad: Agios Titos, Agios Markus o el Ayuntamiento podrán servirnos para nuestro paseo como puntos clave para nuestro particular descubrimiento de esta capital insular de casi un cuarto de millón de habitantes. Para un español tampoco está de más darse una vuelta por el parque que honra a El Greco, sin duda el más famoso de sus pintores aunque acabaría instalándose en Toledo.

De regreso a nuestros aposentos no podremos detener en la Rocca al Mare [la fortaleza veneciana] y en el lado contrario al famoso Museo Histórico que recoge, de manera magistral, la etapa paleocristiana de Creta, en ese lugar podremos contemplar el único cuadro del genial pintor en la isla: Paisaje del Monte Sinaí aunque no sea el cromatismo de la pieza lo que más nos atraiga ni tampoco la mejor obra del legado de Dominikos Theotokópulos que vino al mundo en 1545 y acabó sus días en España en 1614. Su obra está por todo el mundo y su patria chica sólo tiene esa pieza, razón por la que los lugareños aún la valoran más.

La sencilla lápida que se colocó con motivo del centenario

Los cafés de la plaza Bembo nos dejarán un buen recuerdo ya que estamos ante un legado histórico-escultural a pesar de hallarnos ante una pieza descabezada, no deja de ser una estatua romana, aunque es verdad que el agua cada vez cae menos, siempre será un lugar ideal para reponer fuerzas antes de partir.

Si puede no deje de ir al Museo Arqueológico que pasa por ser el mejor a nivel planetario en cuanto al legado de la cultura minoica que fue una de las más refinadas de la cuenca mediterránea hace 3.000 años. Infinidad de ejemplos de aquellos lejanos tiempos permiten ver el refinamiento de aquellas gentes y el grado de perfección al que llegaron sus artistas a pesar de los pocos colores con los que trabajaban.

Un recurso fácil de utilizar cuando el tiempo es oro, sólo tienes que escudriñar cuándo y donde te bajas

En la muralla, en una zona bellamente ajardinada, nos dimos de bruces con la tumba del escritor Nikos Kazantzákis, uno de los grandes literatos cretenses. Para muchos nada significará aunque, a algunos, lea sonarán algunas de sus obras llevadas al cine, entre ellas está la inolvidable Zorba el Griego o la que levantó una gran polvareda entre el beaterío de la época La última tentación de Cristo. Por supuesto la Iglesia Ortodoxa lo excomulgó.

En la lápida que allí nos encontramos está su famoso epitafio: «Nada espero. Nada tengo. Soy libre.» Y, como curiosidad, muchos jóvenes vienen a retozar a ese rincón discreto y tranquilo de la portuaria ciudad de Heraklión. Esta es una zona que queda en la ruta del autobús que nos lleva a las ruinas de Cnosos y es fácilmente identificable, queda justo tras pasar la rotonda que nos hace sortear el puente bajo la muralla: encima tenemos el eterno descanso del literato.

A pesar de su cuarto de millón de habitantes, todavía resulta abarcable si nos concentramos en la parte histórica, su topónimo deriva del romano Heraclium, en 1898 cuando se recuperó el de Irakléio y en 1972 pasará a ostentar la capitalidad insular que hasta esa fecha había recaído en La Canea o Chania.

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Juan Franco Crespo

Maestro de Primaria, licenciado en Geografía

y estudios de doctorado en Historia de América.

Colaborador regular, desde los años 70, con publicaciones especializadas

del mundo de las comunicaciones y diferentes emisoras de radio

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