“Pon tu confianza sólo en los hechos y no te fíes de las palabras”
(Demófilo)
De nuevo estábamos por esta región que no deja de sorprendernos y, donde siempre te acabarás haciendo preguntas ante el gran cambio cultural que nos acoge. Estamos en una zona realmente maravillosa y donde nunca te sientes un extraño a pesar de los idiomas y los diferentes alfabetos. Para el viajero, encontrar información y material para su deambular no será fácil, sobre todo si le apasiona el mundo oriental, su mundo filosófico, sus historias y sus sorprendentes tesoros o monumentos multitudinariamente visitados por personas de todo el orbe.
El mundo asiático siempre es un lugar de sorpresas. Es cierto que nos separan casi tres lustros desde nuestro último viaje a la región de Ningxia (China Continental), pero el choque idiomático o cultural no deja de ser algo realmente impresionante aunque no por ello uno se sienta desplazado. Es un mundo donde cada uno va a lo suyo y comparte cuando tiene esa necesidad, pero será difícil intercambiar siquiera un saludo si uno no tiene algunos recursos idiomáticos para allanar el camino. Para ello nada mejor que darles un simple saludo ya sea en inglés, japonés o chino. ¡Es increíble cómo, un simple buenos días o gracias pronunciado en su lengua te abre las puertas y les sacas una sonrisa!
El viaje fue preparado casi con un año de antelación gracias a una oferta de la naviera que estaba abriendo el mercado asiático después de casi una década de ausencia en aquella poblada región. Poco a poco se fueron perfilando las rutas, los puertos a visitar y las ilusiones por descubrir otras latitudes nunca holladas. Cargado de emociones y de esperanzas, las jornadas transcurrían hasta alcanzar el cenit con el día de la partida.

Por medio sucedieron una serie de cambios y reajustes hasta tener la correspondiente documentación de viaje: el vuelo vía Estambul sería cambiado a otro por Dubai. Debemos colegir que, al principio, teníamos nuestras reticencias, porque no es bueno encontrarse cambios cuando ya has ido atando cabos para encontrarte con otros pueblos, otras gentes con las que, el intercambio epistolar, en algunos casos superaba el medio siglo de correo. ¡Qué grandes amigos deja el mundo de la radio!

Fueron dos tramos aéreos que nos acabarían dejando en Hong Kong con una puntualidad alemana. Nos llevaríamos el primer fiasco con el servicio de gestión del embarque de la naviera: un monumental caos que se les fue de las manos y “amontonó” literalmente, a más de 2.000 pasajeros que durante casi cinco horas tuvieron que estar de pie. Una desagradable situación que la empresa que ahora gestiona un grupo norteamericano nos obsequió. En la mayoría de los casos, la gente había estado llegando desde diferentes puntos de Europa a la antigua colonia británica desde el mediodía y allí los fueron acumulando para desgracia de los que llegarían más tarde.

Puntualidad aérea y mala gestión del acceso al Costa Serena [ellos todo se lo achacarán a los procesos de inmigración, o sea, el control fronterizo]; aunque uno también se tenga que hacer preguntas sobre ese particular proceso ¿si ya hemos sido autorizados a estar en Hong Kong por la correspondiente policía del Aeropuerto que nos ha dado un visado por 90 días, por qué tenemos que ser sometidos a otro control de inmigración para entrar en el barco? ¿Si los vuelos van llegando lentamente a esas flamantes y futuristas instalaciones levantadas aportando miles de toneladas de tierra al lecho marino ¿por qué en lugar de ir despachándolos a medida que van llegando a la terminal marítima -otrora el viejo aeropuerto de Kowloon- Costa Cruceros monta el show y el descontrol sobre personas que, llegados de todos los rincones del orbe [según la representante española había 100 nacionalidades en el barco que en total albergaba prácticamente toda la población de Alhama], que pretenden utilizar una línea marítima de renombre que, con la nueva gestión empresarial, no es precisamente la mejor? ¿Por qué darles esa “paliza” a personas que en muchos casos llevan más de 24 horas de desplazamientos, vuelos y mal dormir? ¿Por qué, casi siempre el equipo que se encarga de gestionar los embarcos/desembarcos acaba creando un gigantesco caos que enaltece al más pintado? ¿Por qué tras llegar a la terminal nos dejan sentados en un autobús durante casi una hora y decenas de pasajeros que van llegando más tarde van siendo encarrilados hacia el susodicho embarque donde la gestión del flujo se les va de las manos y al final los “listos” de turno se van saltando las colas y accediendo rápidamente a los mostradores de acreditación, pasando “por la cara” ante el estupor del resto del pasaje y la desidia de los controladores? ¿Para qué sirve que te asignen un grupo de embarque si a la hora de la verdad es pan mojado? ¿Por qué a los pasajeros con dificultades motoras -y no es nuestro caso- son sometidos a esa innecesaria tortura cuando deberían de tener un canal de acceso prioritario? ¡Hay tantas preguntas en el aire que será mejor dejarlo ahí!

En fin que tras esos tortuosos trámites llegábamos a nuestra cabina. La gran sorpresa es el nauseabundo olor del pasillo, ese característico perfume que inunda nuestras ciudades cuando llueve y remueve las aguas estancadas… Seguimos al encuentro de nuestro hogar durante esa larga travesía… Ducharse, comer algo y dormir fue realmente placentero… hasta que a la mañana siguiente te encuentras que el olor no sólo está en el pasillo: es tu mismo cuarto de baño el que expele ese perfume… Y nos ponemos a tratar de solucionarlo. Hay dos bocas por las que evacua el agua del lavamanos y la ducha; inspección ocular que no detecta nada, armados del minúsculo corta uñas que viaja en el equipaje facturado, lentamente vamos levantando los dos tapones: ¡Oh sorpresa: hay restos acumulados desde hace tiempo! Nos ponemos a limpiar, el problema está solucionado y desaparece esa poco satisfactoria situación de podredumbre en el dormitorio. Antes habíamos hablado con una de las inspectoras que andaba por allí porque uno de los armarios estaba desmontado, suele ser habitual que luego te pasen la factura por los desperfectos, así que hay que cubrirse las espaldas, fotografiar los desperfectos y mostrarlos en recepción. La promesa del arreglo nunca se cumplió.





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