Han-Kang, autora de 'La clase de griego'

Literatura asiática: esa exquisita desconocida (3/3)

Han Kang (1970), “La clase de griego” ( 2011), ( Corea del Sur)

La tercera y última entrega de esta serie sobre la Literatura asiática está dedicada a la escritora surcoreana Han Kang que pese a su juventud recibió el Premio Nobel de literatura en 2024, siendo la primera escritora asiática en ganarlo, además de otros prestigiosos premios como el Premio Booker Internacional 2016 o el Premio Médicis Extranjero 2023, entre otros.

Pero será el Premio Nobel con el que ha conseguido una mayor proyección internacional y aunque fue su aclamada novela “La vegetariana(2007) traducida a numerosos idiomas la que le ha dado una considerable popularidad en nuestro país, ha sido su obra “La clase de griego con la que yo la he conocido.

Han Kang nació en la ciudad de Gwangju en 1970, una ciudad del interior de Corea del Sur, la sexta más grande del país. En 1980, cuando solo era una niña se produjo en la ciudad una gran revuelta popular en contra de la dictadura militar que se mantenía desde hacía décadas en el gobierno. El levantamiento fue sofocado violentamente, y miles de manifestantes fueron encarcelados, torturados, asesinados u obligados a exiliarse. Han Kang reconstruiría estos trágicos hechos en su novela “Actos humanos”.

La autora pertenece a una familia estrechamente ligada a las artes. Su padre fue escritor y profesor universitario y uno de sus hermanos también es novelista.

Más adelante se trasladará con su familia a Seúl. Estudió Letras en la Universidad Yonsei y una vez graduada comenzó a colaborar en distintos medios, además de empezar a publicar sus primeros cuentos y relatos cortos. Escribió también poesía pero pronto se orientó hacia la narrativa.

Hasta el 2018 trabajó como profesora en el departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl, en la actualidad se dedica por completo a la escritura.

Su primer libro fue “El amor de Yeosu(1995) al que le siguieron “La vegetarianaobra con la que ganó en 2016 el prestigioso Premio Man Booker International Prize, y otros títulos de los que se han traducido al español “Actos humanos”, “Blanco” , “La clase de griego”, “Imposible decir adiós”, una edición de su poesía y a comienzo de año llegó a España “Tinta y sangre”.

En 2024 fue reconocida con el Premio Nobel de Literatura. La Academia sueca destacó de la autora su intensa prosa poética, así como el modo en el que afronta traumas históricos y retrata la fragilidad de la condición humana.

Ademá de la escritura, también está interesada en las artes visuales y ha expuesto sus obras en su país.

La clase de griego”

Cuando terminó su novela “ La vegetariana” Han Kang desveló que había sufrido un bloqueo creativo, se quedó sin voz literaria y que lo pudo superar leyendo a Borges.

Así surgió en su mente la protagonista de “ La clase de griego” que se quedará también sin voz, sin palabras, sin lenguaje, bloqueada por sucesivos traumas desde sus niñez y por la pérdida de la custodia de su hijo en su madurez, motivada tal vez por esa anomalía que era interpretada como una perturbación psíquica. También surgirá el protagonista masculino el profesor de las clases de griego clásico a las que asiste la protagonista y que, lo mismo que la autora, lee a Borges y que al igual que el escritor argentino irá progresivamente perdiendo la vista.

A lo largo de la novela y mientras transcurren los días de las clases, las voces íntimas de los dos protagonistas se intercalan y se cruzan en esos momentos de desesperación y se irán superponiendo con una delicada belleza las reflexiones sobre sus vivencias personales y sus circunstancias vitales, así como acerca de esas respectivas pérdidas sensoriales que ambos están sufriendo, hasta que el encuentro entre ellos se produce por un accidente causal y en esa doble pérdida de la palabra y de la vista surge entre los dos una profunda comunicación.

El profesor regresa a Corea del Sur después de pasar media vida en Alemania, se encuentra dividido entre dos lengua y dos culturas y convive con el miedo de saber que, cuando llegue la ceguera total, perderá toda autonomía.

Han Kang con un exquisito lenguaje y delicado estilo describirá una de las muchas reflexiones que hace el profesor de griego sobre su inminente ceguera: “ Con el tiempo…-su voz se hace más queda- solo veré en sueños…

-Una rosa…Una sandía partida por la mitad que deja ver su pulpa roja como una flor abierta… La noche de los farolillos de loto… Los copos de nieve… El rostro de una mujer… Entonces no despertaré del sueño y abriré los ojos; cuando despierte del sueño, el mundo se apagará.” ( página 148)

Ella piensa que su única esperanza de recuperar el habla puede ser el aprendizaje de una lengua muerta: “ El lenguaje se fue deteriorando en el transcurso de miles de años, desgastado por el uso de incontables lenguas y plumas. Ella misma lo fue deteriorando a lo largo de su vida, con su propia lengua y su propia pluma. Cada vez que empezaba a escribir una oración, notaba su corazón gastado; su corazón remendado, consumido, inexpresivo. Cuanto más lo sentía , más se aferraba a las palabras, hasta que un día las soltó y sus manos quedaron vacías.” ( página 153)

Empiezan a comunicarse escribiendo ella con el dedo sobre la palma de la mano del profesor: “Ella se humedece el labio inferior con la lengua. Entreabre un poco los labios y luego los cierra con fuerza. Le toma la mano y escribe algo sobre esa palma con el dedo índice vacilante.” ( página 157)

En el encuentro con el otro buscarán su salvación: “ Ambos sienten en la piel los trazos rectos y curvos, ligeramente temblorosos. No se ve ni se oye nada. Ya no existen labios ni ojos. Pronto se desvanece el temblor y también la tibieza. No queda rastro de nada” ( página 157)

En su discurso de aceptación del Premio Nobel Han Kang fue explicando el proceso de creación de cada una de sus obras, sobre “La clase de griego” dijo:

“…La novela avanza a su propio ritmo pausado por el silencio y la oscuridad hasta el momento en que la mujer extiende la mano y escribe unas palabras en la palma del hombre. En ese instante luminoso que se expande hasta la eternidad, los dos personajes revelan las partes más tiernas de sí mismos. La pregunta que quería plantear aquí era la siguiente: ¿Es posible que al contemplar los aspectos más tiernos de la humanidad, al acariciar la irrefutable calidez que reside en ellos, podamos seguir viviendo después de todo en este mundo breve y violento?”

En cuanto a la forma del texto, Han Kang no solo hace alarde de un cuidado y elegante estilo sino que también experimenta con la tipografía y la distribución de las páginas.

Por ejemplo acorta las líneas de la página cada vez que reproduce la escritura táctil que utiliza la protagonista para comunicarse con el profesor:

Es la hora

de que abran

las ópticas” ( página 165)

No es el único recurso visual que utiliza Han Kang, cuando escribe los pensamientos de los protagonistas a veces los pone en cursiva; en otras ocasiones divide las líneas de la prosa en forma de versos sin llegar a ser tales: “ En lugar de iluminarse, la oscuridad se hace más intensa.

Solo hay un extraño y largo silencio.

La función no comienza nunca.” ( página 162)

Así mismo introduce versos. Y también palabras o estrofas en griego clásico, poniendo debajo su traducción

Otro recurso que utiliza es el flashback, técnica narrativa que consiste en un salto al pasado, interrumpiendo la acción presente para mostrar hechos anteriores, y que en esta novela se une al continuo monólogo interior de cada uno de los personajes.

En definitiva una novela en la que se plantean temas profundamente relacionados con la condición humana como la soledad, la incomunicación, la pérdida, el desarraigo y cómo al final la salvación se haya en el encuentro con el otro. Y toda esta temática tratada con un elaborado lenguaje, sugerentes y bellas imágenes y recursos tipográficos que hacen de la lectura de esta obra un verdadero placer.

Quiero terminar contando brevemente una anécdota que me sucedió un día de los que estaba yo escribiendo este artículo. Me encontraba en la parada de un autobús que va por el centro de Granada y llegó una pareja madura de asiáticos de la que yo, por inercia, pensé “china o japonesa”, el hombre se me acercó y en una mezcla de inglés y español me preguntó si el autobús de esa parada iba a la catedral y si podía pagar el tique con tarjeta de crédito, yo desempolvando mi olvidado inglés intentaba entenderlo y contestarle, tengo que decir que nos comprendimos mejor con el lenguaje gestual, por supuesto sin tener que llegar al lenguaje táctil como les ocurre a los protagonistas de “La clase de griego”…, cuando ya le quedó claro que el autobús sí iba a la catedral y que podía pagar con tarjeta, el turista me dio efusivamente las gracias y me dijo que eran de Corea del Sur, yo le comenté que había leído a Han Kang, él se quedó agradablemente sorprendido y se lo dijo a su mujer, entonces abrió su mochila y sacó una especie de colgante que todavía no he sacado de su funda de celofán y me lo dio como regalo y recuerdo de su país, reiterándome de nuevo su agradecimiento al que acompañó con breves inclinaciones de cabeza como es preceptivo en la cortesía asiática. Para mí este encuentro fue una agradable casualidad.

Edición utilizada:

Kang, Han.(2023). La clase de griego. Barcelona. Random House.

Fuentes consultadas.

-Lecturalia.

  • Han Kang. Discurso de aceptación del Premio Nobel. Nueva Revista de 8 de enero de 2025.

marzo 2025

Coral del Castillo Vivancos

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