A A.M.R., con gratitud por tu amistad
I. INTRODUCCIÓN
Aunque José Ortega y Gasset (1983-1955), nuestro gran filósofo, no tratase de una manera sistemática los temas de la mujer, el feminismo o las relaciones entre los sexos, a lo largo de su fecunda vida intelectual y de su extensa producción filosófica, reflexionará sobre estas cuestiones de manera ocasional y episódica pero recurrente, con su profundidad y brillantez acostumbradas. Y casi siempre lo hará al hilo de sus especulaciones acerca del amor, un sentimiento — éste sí, de habitual presencia en su reflexión filosófica— que, en su opinión, constituye uno de los factores más eficientes de la historia y de la civilización humanas, vinculado en muchas ocasiones, como ha señalado Roberto E. Aras, al “ritmo de los sexos” en la historia (épocas masculinas o femeninas) y al de las “edades” (épocas de jóvenes o de ancianos), tesis que el filósofo madrileño encontraba útiles “para establecer una estructura permanente en el devenir temporal de la vida humana” (1).
Los Estudios sobre el Amor (1940) (2), en donde sus editores recopilaron algunos de sus más conocidos trabajos y estudios sobre esa temática, así lo prueban. En los ensayos que lo componen, desde el brillante “Amor en Stendhal” o su “Divagación ante el retrato de la marquesa de Santillana”, hasta el “Epílogo al libro De Francesca a Beatrice” (de la escritora argentina amiga suya Victoria Ocampo), o el “Paisaje con una corza al fondo”, Ortega aborda las más diversas cuestiones y reflexiones acerca de este nuclear sentimiento humano con especial profundidad, delectación y esmero. Pero esta conocida obra no contiene la totalidad de sus especulaciones al respecto, ni siquiera las más penetrantes y complejas, escritas a lo largo de toda su producción literario-filosófica.

De ahí que aparezcan, aquí y acullá, artículos, pequeñas meditaciones, referencias, reflexiones, pensamientos, disquisiciones que incidirán sobre la misma temática (3) y que la exposición de sus ideas sobre su conceptualización de la mujer, del amor y de las relaciones entre los sexos, presente una cierta dificultad y “no sólo porque varían a lo largo del tiempo (sobre todo en el modo de expresarlo, que en su juventud es más literario y florido), sino porque lo hace de un modo relativamente disperso, sin detenerse en ningún texto a resumirlo y sistematizarlo”, como atestigua una gran conocedora del tema, la socióloga María Ángeles Durán, en su reflexión sobre “Ortega y las Mujeres” (4).
No hay duda de que el Ortega filósofo, como señala José Luis Molinuevo, habría transitado en sus lecturas por las huellas de Scheler, Pfänder, Stendhal o Chateaubriand para elaborar un tema de actualidad como era el de la mujer (5). También se deja notar la influencia de Friedrich Nietzsche y de toda la tradición de la misoginia romántica alemana, incluida la de su epígono Otto Weininger, quien en su estudio Sexo y carácter(1903) ofrecía una visión polarizada y tipificada del hombre y la mujer como los eternos polos opuestos que debían complementarse. Ciriaco Morón añade, por su parte, la influencia de Alexander Pfänder y la de Max Scheler en todo lo referente a la temática amorosa (6). Por otro lado, como demostró Nelson Orringer, Ortega también estaba próximo, en su forma de comprender la naturaleza creativa e imaginativa del amor, al trabajo de Emil Lucka, concretamente su ensayo sobre Los tres niveles del erotismo (1913), en el que se incluían unas reflexiones sobre la tradición del amor cortés y su impacto en la civilización occidental posterior (7).

Según Marta Campomar, en este terreno Ortega se dejaría llevar también por las ideas de Georg Simmel, quien alegaba que la mujer solamente tenía vocación y cultura subjetivas. Desde la “Revista de Occidente”, donde el pensador alemán mantenía una tribuna abierta sobre temas femeninos, se daba a entender que la mujer tenía escasa propensión a las tareas de cultura objetiva, por ser de mente dispersa y alterocéntrica en sus instintos (8). Para Rockwell Gray: “En su actitud hacia las mujeres, incluso ante las más intelectuales, Ortega era bastante machista, por mucho que elaborase una teoría para defender sus tesis al respecto” (9).
Es cierto, sin embargo, que —ya en posesión del método fenomenológico y desde la madurez de su propia filosofía raciovitalista— en dos de sus escritos de madurez, “Breve excursión hacia Ella” y “Vitalidad, alma, espíritu”, centrados específicamente en investigar los procesos bio-psicológicos de la mujer y sus componentes, Ortega desarrollará otros puntos de vista sobre la mujer, más complejos y originales que los expresados en sus “Estudios sobre el Amor”, por ubicarse ya en un nuevo contexto y marco metodológico y hermenéutico, constituido por una antropología filosófica stricto sensu. Así en “Breve excursión hacia ella” Ortega, utilizando el método husserliano, discrepa del filósofo de Friburgo al considerar que el otro femenino no es tanto un “otro yo” sino un “tú distinto al yo”, con el que podemos establecer una comunicación personal. A través del cuerpo del otro se descubre a la persona como tal. En la observación y comparación de los órganos corporales comunes entre el hombre y la mujer se revela que son una muestra de la diferencia de los sexos y no de su igualdad. Se manifiesta así el fenómeno de la com-presencia, que consiste en “el prodigioso descubrimiento que es la aparición de un ser humano femenino, completamente distinto de mí”; por él, el hombre capta en la mujer una forma diferente de humanidad:
“Todas y cada una de las porciones de su cuerpo nos com-presentan, nos hacen entrever la intimidad de aquel ser que, desde luego, nos es la Mujer, y esta feminidad interna, una vez advertida, rezuma sobre su cuerpo y lo feminiza. La advertencia es paradójica, pero me parece innegable: no es el cuerpo femenino quien nos revela el “alma femenina”, sino el “alma” femenina quien nos hace ver femenino su cuerpo” (10).
BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS
1. Roberto E. Aras, “Ortega, lector de Dante”, Revista de Estudios Orteguianos, nº 46, Madrid, 2023, p. 162. En relación con la afirmación orteguiana de las épocas femeninas y masculinas de la historia, el autor nos remite a dos textos pertinentes. Uno procedente de “Dinámica del tiempo” (1927, IV, 70): “La mujer se hace ideal del hombre, y llega a ser la forma de todo ideal. Por eso en tiempos de Dante la figura femenina absorbe el oficio alegórico de todo lo sublime, de todo lo aspirado. Al fin y al cabo, consta por el Génesis que la mujer no está hecha de barro, como el varón, sino que está hecha de sueño de varón”. El otro, de Meditación de nuestro tiempo. Introducción al presente de 1928, en el que señala que “la época más fina de la Edad Media, de puro triunfo de la feminidad”, está ejemplarmente definida por una expresión de Dante que define a Dios como “príncipe de la cortesía”: “Dio che é sire della cortesia”.
2. Son originariamente unos artículos publicados en el diario El Sol, entre los años 1926-1927. Editada por Espasa Calpe de Argentina en la famosa la Colección Austral en 1939.
3. Sin pretender ser exhaustivos sobre este tema de la mujer en las obras de Ortega, véanse además “Sobre el amor”, “Sobre el influjo de la mujer en la historia”, “Epílogo al libro de V. Ocampo, De Francesca a Beatrice”, “El rostro maravillado”, “Esquema de Salomé”, “Oknos el soguero”, en El Espíritu de la letra, “Paisaje con una corza al fondo”, en Teoría de Andalucía y otros ensayos, “Breve excursión hacia ella”, en El hombre y la gente, y otros,
4. María Ángeles Durán, Si Aristóteles levantara la cabeza, Cátedra, Feminismos, Madrid, 2000, p. 302.
5. José Luis Molinuevo, Para leer a Ortega, Alianza Editorial, Madrid, 2002, p. 136.
6. Ciriaco Morón Arroyo, El sistema de Ortega y Gasset, Ediciones Alcalá, Madrid, 1968, pp.193 y ss.
7. Nelson Orringer, Ortega y sus fuentes germánicas, Gredos, 1973, pp. 207-233.
8. Marta Campomar, “Victoria Ocampo en la cultura del amor de Ortega y Gasset”, Revista de Estudios Orteguianos, Nº 3. 2001, pp. 208-290. (p. 244).Su amigo Gustavo Pittaluga, denominará “altercentrismo” de la mujer a la incapacidad femenina para hacerse dueña como el hombre de una “cultura objetiva”.
9. José Ortega y Gasset. El imperativo de la modernidad. Una biografía humana e intelectual, Espasa Calpe, Madrid, 1994, p. 139.
10. J. Ortega y Gasset, “Más sobre los otros y yo. Breve excursión hacia Ella”, en El hombre y la gente VII, Obras completas (OC) diez vols., Editorial Taurus, Fundación Ortega y Gasset, Madrid, 2004-2010, p. 224. (A partir de ahora, si no se indica otra cosa, citamos la mayoría de los textos de Ortega con las siglas OC., volumen en romanos y páginas en arábigos).
ÍNDICE:
ORTEGA Y GASSET, LA SEXUALIDAD, EL AMOR Y LAS MUJERES
I. INTRODUCCIÓN
II. LA DIFERENCIA BIOLÓGICO-SEXUAL
III. TIPOLOGIA DIFERENCIAL DE LOS SEXOS: ESPÍRITU VS ALMA
IV. CONFUSIÓN INTELECTUAL VS CLARIDAD CONCEPTUAL
V. MUJER-NATURALEZA Y HOMBRE-CIVILIZACIÓN
VI. HOMBRE-INDIVIDUO VS. MUJER-GÉNERO
VII. CONTRASTE ENTRE EL SER FEMENINO Y EL HACER MASCULINO
VIII. MUJER-PRIVACIDAD Y HOMBRE-CIUDADANÍA
IX. DE LA INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA HISTORIA
X. MODO DE INFLUIR LA MUJER EN LA HISTORIA
XI. El CONTEXTO: LA MUJER EN LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN
XII. EL ROL DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA





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