Portada de 'Pedro Páramo' y su autor, Juan Rulfo

Leandro García Casanova: «Pedro Páramo, 71 años después»

«Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera». Así arranca una de las obras universales de la Letras Hispanas. Se puede decir que Juan Rulfo pasó a la historia de la literatura con sólo 250 páginas, pues, desde que escribió Pedro Páramo, en 1955, y El llano en llamas ya no volvió a publicar más.

Años después, confesaría con humildad: Nunca me imaginé el destino de esos libros. Cuando escribí Pedro Páramo sólo pensé en salir de una gran ansiedad, porque para escribir se sufre en serio. El caso es que compró un cuaderno escolar y apuntó el primer capítulo de una novela que durante muchos años había ido tomando forma en su cabeza: Sentí por fin el tono y la atmósfera tan buscada para el libro que pensé tanto tiempo. Fue como si alguien me lo dictara.

Su bella prosa me cautiva, a pesar de que la novela transmite tristeza, y hasta el mismo autor llegó a definirla como un rencor vivo. Copio este diálogo de la novela: Mire usted –me dice el arriero, deteniéndose–: ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puerco? Pues detrasito de ella está la Media Luna… El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. La frase última es del personaje, Juan Preciado, que busca a su padre en un pueblo que ya no existe. La convivencia con la muerte está en el carácter mismo de los mexicanos, precisaba el escritor.

Las muertes violentas de su padre y de su abuelo, en la Rebelión Cristera, a comienzos del siglo XX, y más tarde de su madre, lo van convirtiendo en un ser solitario. En la familia Pérez Rulfo nunca hubo mucha paz; todos morían temprano, a la edad de 33 años, y todos eran asesinados por la espalda, decía el escritor. Con posterioridad vivió recluido en un orfanato, entre los 10 y los 14 años. Por eso, Juan Rulfo llegó a crear un mundo imaginario: Yo quería escribir cómo hablan los campesinos de mi tierra y ubicar a mis personajes en una geografía real, conocida y vivida por mí. Como el Jalisco de la Rebelión Cristera. Fue cuando regresé al pueblo donde vivía, 30 años después, y lo encontré deshabitado… Entonces comprendí yo esa soledad de Comala. Lo cierto es que la novela está cargada de simbolismo: un comal es una chapa metálica donde calientan las tortillas, por lo que Comala parece cocerse en el páramo mexicano. En lo más íntimo –apuntaba el autor–, Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal, que llamé Susana San Juan. Ella no existió nunca, fue pensada a partir de una muchachita a la que conocí brevemente cuando yo tenía 3 años. Y no hemos vuelto a encontrarnos. El personaje, Pedro Páramo, una vez perdida toda esperanza, exclama: Esperé treinta años a que regresaras, Susana.

Decía este escritor ensimismado y de pocas palabras: De pronto, a media calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules… y me salió así. Gabriel García Márquez aún no había escrito Cien años de soledad, cuando un amigo le entregó la novela de Juan Rulfo: Aquella noche –dijo– no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. En 1983, el mexicano recibió el Premio Príncipe de Asturias, cuando en realidad tenían que haberle concedido el Premio Cervantes. Rulfo sólo tardó unos meses en escribir aquel librito, pero es posible que fuera devorado por su propia criatura. En sus últimos años, cuando le preguntaban si iba a escribir otra novela, respondía con sorna: Es que se murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias. El escritor uruguayo, Juan Carlos Onetti, al enterarse de la muerte de Juan Rulfo en enero de 1986, escribió: Sabía que su obligación literaria había concluido. Era un hombre honrado y respetó su decadencia.

En marzo de 2005, con motivo del cincuentenario de la publicación de la novela Pedro Páramo, le hicieron un homenaje a Juan Rulfo en la ciudad de México. Pero setenta y un años después de publicar Pedro Páramo, las ánimas en pena siguen deambulando en el pueblo fantasma de Comala, mientras nos susurran sus desesperanzas y frustraciones.

“Imagino a los personajes, los ubico, les doy una realidad aparente y el modo de expresarse. En ese páramo, con la luminosidad del paisaje, los personajes no tienen rostro. La novela Pedro Páramo la escribí en tres o cuatro meses, la tenía en mi cabeza, pero se necesita leerla tres veces para entenderla. Es de técnica complicada, la novela va de delante hacía atrás y de costado. Están rotos el tiempo y el espacio, pues se trabajó con muertos, que cobran vida y la vuelven a perder, no se pueden ubicar. Es una novela fantasma y aparentemente no tiene estructura. En1953 publiqué El llano en llamas y se vendieron cuatrocientos mil ejemplares, hasta 1995. Mientras que de Pedro Páramo se vendieron medio millón de ejemplares al principio”.

Juan Rulfo es un novelista enraizado en la tierra, sus personajes son irracionales con contradicciones constantes, la realidad no es tal como es. Hay que dejar al escritor en el mundo de los sueños. Tras las muertes de su padre, de su abuelo y más tarde de su madre, el niño vivió con su abuela, pero lo metió en un orfanato: “Era un correccional donde nos reprimían. Es la primera vez que hablo en público y el aspecto depresivo me viene del orfanato”, confiesa el escritor mexicano. Es un hombre tímido, de pocas palabras, y era de ascendencia española. Habría que preguntar, ¿cómo se le ocurrió a la abuela meter a aquel niño, traumatizado por las muertes de sus padres y de su abuelo, en un orfanato? Y sin embargo, aquellas penurias contribuyeron a que, años más tarde, Juan Rulfo plasmara sobre el papel aquella gran ansiedad…, como si alguien me lo dictara. Precisamente por eso, volveré a releer su novela Pedro Páramo para entenderla.

Leandro García Casanova

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