Salvador Fernández-Vivancos Fernández: «La rueda de molino (4/7)»

Frente a la pantalla del ordenador, que también le quemaba los ojos, luchaba con el tipo de letra que no se quedaba, con los márgenes y todo tipo enceladas con los que la informática le acechaba; de pronto le daba a un un botón y todo desaparecía.

Y Cervantes con candil y una pluma, en fin.

Total para escribir una carta al Departamento de la Facultad y dar el pésame por el especialista en literatura norteamericana que falleció.

Ahí tenía su olivetti y la de su abuelo una Hispano, y la Royal la de su padre, decorando.

En esto le dio por pensar, que bajo un membrillo que estaba a cuatro o cinco metros del borde de la piscina, se propuso leer La Vida en el Mississippi, todos los fines de semana hasta que lo terminó.

Apagó el ordenador y dió por imposible el texto. Además no sabía si al periódico le interesaría lo que el verano pasado le contó José.

No fue en Madrid sino en un pueblo cercano. En el descanso de una conferencia, un grupo de personas habla animadamente. Una mujer de pronto, dice que le da mucho miedo volar.

Siente angustia al montarse en un avión.

Bueno, la palabra seria embarcarse. Los aviones y los barcos son hermanos. -intenta relajarte- le dice otra.

-No cojas aviones- comenta otro.

-Claro- contesta, pero es que tengo que desplazarme a ver a mi hija que está en la conchinchina. Parecía un grupo de apoyo, cada cual dando su opinión.

-Reza- La voz venía de fuera. Un hombre mayor que se había adherido espontáneamente.

-¿ Vd. no tiene miedo a volar?- preguntó la angustiada.

– Después de más de ochenta mil horas de vuelo..

Todos entonces miraron al hombre que tenía los ojos azules como el cielo.

-¿Es usted piloto?- preguntando una obviedad, nuestro hombre.

Entonces el espontáneo dijo:

Llevaba un vuelo comercial con más de ciento cincuenta pasajeros. Íbamos a las Canarias y yo era el comandante. Ya cerca del aeropuerto de las Palmas, nos dicen que hay una tormenta de Sirocco y que el aeropuerto está cerrado. Tampoco quedaba mucho combustible. A los diez minutos nos comunican que también está cerrado el de Tenerife. No había donde aterrizar. Así que me puse a rezar.

A los cinco minutos me comunican por radio, que uno de los aeropuertos de Tenerife se ha abierto por una mejora del tiempo. Pudimos aterrizar.

El hombre tenía ochenta años y era coronel del ejército. Pilotó durante años los Phantom F14 y luego se pasó a la aviación comercial. En dos ocasiones vio luces extrañas, una a la altura de los Pirineos y en el morro del avión que se movían como si fueran insectos.

La vereda que linda con la última parata y la más extensa, lleva al pueblo más cercano a tres o cuatro kilómetros. A cada recodo cambia el paisaje y serpentea entre los terrenos o entra en umbrías en las que las zarzas y la vegetación hacen un pasadizo, un arco vegetal

Era una buena caminata llegar a las 12 h para la misa del domingo y luego volver. Tras comprar alguna torta de manteca en la panadería. La perra disfrutaba como nunca.


INDICE

CUARTA JORNADA

QUINTA JORNADA

SEXTA JORNADA

SÉPTIMA JORNADA

Salvador Fernández-Vivancos Fernández

Licenciado en Derecho

exfuncionario de Justicia

y abogado

Redacción

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