Personalidades que intervinieron en la XXX Velada “Alhama, Ciudad de los Romances”. (PILAR POSADAS )

Del trovo alpujarreño al romancero de Alhama. De espectadora a partícipe de una tradición viva

Nada de cuanto viví aquella noche habría sido posible sin Antonio Arenas, periodista y actual coordinador de IDEAL En Clase. Fue él quien me invitó a descubrir por primera vez la XXX Velada «Alhama, Ciudad de los Romances» y quien, tiempo atrás, me abrió también las puertas de este espacio. Jameño orgulloso de sus raíces, Antonio es una persona entrañable, a la que aprecio y admiro profundamente. Es, además, una de esas personas de las que nunca se deja de aprender y que nunca dejan de sorprender. Siempre abierto, siempre dispuesto y siempre al servicio de la difusión de la cultura y del conocimiento.

Hablar con Antonio es envolverte en una brisa que te invita a descubrir algo nuevo y valioso. Cada conversación abre una puerta a personajes, historias y tradiciones que él comparte con un entusiasmo contagioso y que, casi sin darte cuenta, terminan llevándote a lugares y experiencias que dejan huella.

Mientras lo escuchas, la pasión por su tierra le brilla en los ojos. Desde el primer día que lo conocí me habló de Alhama, de los numerosos personajes ilustres que había dado este pueblo y de la riqueza de su patrimonio. Supe entonces que algún día tenía que ir. Fue también él quien me descubrió una palabra que hasta entonces desconocía: «jameño», el gentilicio con el que los propios habitantes de Alhama se nombran a sí mismos y que, como Antonio, llevan con auténtico orgullo.

Hoy sé que Antonio no solo me invitó a conocer un pueblo y una de sus tradiciones más queridas; me hizo uno de esos regalos que terminan ocupando un lugar permanente en esa pequeña cajita de cristal donde guardo aquello que la vida me regala y no quiero perder nunca.

Antonio Arenas graba con su móvil la XXX Velada :: (AYTO ALHAMA)

Llegué a Alhama de Granada acompañada de una amiga, con la ilusión de asistir por primera vez a esta cita con el romancero. Aparcamos en una zona próxima al Ayuntamiento que se abría a una balconada con vistas a los impresionantes tajos de Alhama. Apenas bajamos del coche, la panorámica nos robó la respiración. Aquel primer encuentro con la ciudad ya anunciaba que la noche nos depararía mucho más que un acontecimiento cultural.

Al preguntar cómo llegar a la Plaza de los Presos, escenario del evento, me sorprendió la cordialidad de los alhameños. Cada indicación iba acompañada de una sonrisa, de una palabra amable o de un gesto de hospitalidad. Antes incluso de que comenzara el acto, ya me sentía acogida por los brazos de aquella plaza y, sobre todo, por la calidez de las personas que la habitaban.

Manuel Juan García, presentador del acto (AYTO ALHAMA)

Me senté con la emoción de quien está a punto de descubrir una tradición desconocida. La noche comenzó bajo la conducción elegante, natural y llena de fino sentido del humor de Manuel Juan, maestro de ceremonias, que fue hilvanando con gran talento cada una de las intervenciones y actuaciones. Su manera de dirigirse a los asistentes no solo arrancó sonrisas, sino que creó un clima de complicidad y calidez que invitaba a escuchar con atención y a dejarse envolver por el espíritu de una celebración en la que el lenguaje, la poesía y la tradición oral ocupaban el lugar central.

Luís García Montero en su intervención como invitado de honor. (PILAR POSADAS)

A continuación tomó la palabra el invitado de honor, Luis García Montero, una figura a la que admiro profundamente por una trayectoria que integra magistralmente la creación poética, la docencia universitaria, y la reflexión literaria junto con su labor al frente del Instituto Cervantes, siempre al servicio de la preservación y la proyección internacional de la lengua y cultura españolas. Su intervención me cautivó porque a su brillantez intelectual y a su extraordinaria capacidad comunicativa se unieron la cercanía y una narración construida desde la experiencia personal. Sus vivencias con Granada, el romancero y la figura de Federico García Lorca fueron trazando un camino que partía de su experiencia personal para desembocar en una experiencia común compartida, despertando en quienes lo escuchábamos una auténtica conciencia colectiva de que preservar esta tradición oral es mantener también nuestra lengua como memoria viva de un pueblo y como espacio de encuentro, diálogo y cohesión entre culturas.

Momento del recito de Claudia Ruiz (AYTO ALHAMA)

La profundidad intelectual de Luis García Montero encontró un buen contrapunto en la frescura de la siguiente participación. La joven alhameña Claudia Ruiz Hernández tomó la palabra para recitar el romance Moro alcaide, moro alcaide, demostrando que el romancero no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue encontrando su voz en las nuevas generaciones.

Tras ese relevo entre la experiencia y la juventud llegó el momento de la música. Disfruté especialmente de la actuación de la joven soprano Lola Sánchez Chacón, una voz de brillante proyección, capaz de emocionar por la sinceridad de su interpretación. Al piano la acompañaba José Luis Hidalgo, antiguo compañero mío en el Real Conservatorio Superior de Música «Victoria Eugenia» de Granada, cuya gran profesionalidad, agilidad, riqueza de matices y fuerza interpretativa dieron vida a cada una de las obras del programa. Me emocionó especialmente la interpretación de las obras de Federico García Lorca y Manuel de Falla. Y el broche de oro llegó con el regalo, fuera de programa, del célebre romance ¡Ay de mi Alhama!, donde la pulcritud y la claridad del piano emulaban la delicadeza de un encaje de bolillos, entretejiéndose con la voz cálida y profundamente lírica de la soprano para regalarnos uno de los momentos más emocionantes de la noche.

Intervención de Lola Sánchez Chacón y Josë Luis Hidalgo (AYTO. ALHAMA)

En la recta final intervino Raúl Gálvez Morales, presidente del Patronato de Estudios Alhameños, quien tuvo palabras de agradecimiento para todas las instituciones, entidades y personas que habían hecho posible la celebración de esta XXX edición. También tuve ocasión de conocer personalmente a Raúl. Me transmitió la imagen de una persona enormemente comprometida con la cultura, de gran motivación y empuje, capaz de contagiar ilusión a quienes lo rodean. Escuchándolo confirmaba mi impresión de que la continuidad y el crecimiento de una iniciativa como esta no son fruto de la casualidad, sino del trabajo constante de personas que, como él, creen firmemente en el valor del patrimonio y dedican generosamente su tiempo y esfuerzo a mantenerlo vivo

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Intervención del presidente del Patronato, Raúl Gálvez (AYTO ALHAMA)

Seguidamente se dirigió a los asistentes Andrés García Maldonado, fundador e impulsor de esta iniciativa. En su intervención puso en valor el profundo vínculo que une a Alhama con Federico García Lorca y el compromiso del municipio por conservar el romance, la poesía y la memoria como parte esencial de su identidad cultural. Sus palabras fueron la mejor expresión de que el patrimonio inmaterial se preserva cuando la comunidad decide seguir transmitiéndolo de generación en generación.

Correspondió al alcalde poner el cierre institucional a esta XXX edición de «Alhama, Ciudad de los Romances». En sus palabras destacó el enorme esfuerzo colectivo que hace posible cada edición y cómo, año tras año, esta cita ha ido creciendo en calidad artística, participación y proyección cultural, hasta convertirse en una de las grandes referencias culturales de la provincia.

Andrés García Maldonado, presiente de honor del Patronato (AYTO ALHAMA)

Antes de abandonar la Plaza de los Presos tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con Luis García Montero. Durante nuestra conversación me comentó que un familiar suyo había sido profesor en el Real Conservatorio Superior de Música «Victoria Eugenia» de Granada, un vínculo que despertó inmediatamente mi interés por mi propia relación con esta institución. Aquel breve encuentro confirmó la impresión que ya me había transmitido desde el escenario: la de una persona de trato cercano, amable y generoso, en la que su extraordinaria talla intelectual convive con una sencillez que invita al diálogo.

Ambiente en la Plaza Real o de los Presos (AYTO ALHAMA)

Concluido el acto, mi amiga Teresa y yo fuimos invitadas a compartir un encuentro en el alojamiento rural Casa Cubo, alrededor de unos vinos del terreno y de algunos de los productos más representativos de la gastronomía local. Allí la celebración continuó de la forma más auténtica: sin protocolo, sin escenario y con la misma calidez humana que había acompañado toda la noche.

Disfrutamos especialmente la hospitalidad de la familia de Claudia, que nos acompañó desde la Plaza de los Presos hasta el lugar del encuentro. Durante el recorrido nos hablaron con cariño de Alhama, de su historia y de sus tradiciones, ofreciéndose su madre, Laura, incluso a enseñarnos la ciudad en una próxima visita. Fue uno de esos gestos espontáneos y auténticos que te dejan aún con más ganas aún de volver.

Con Raúl Gálvez, presidente del patronato de Estudios Alhameños, al centro, y con la familia de Claudia Ruíz. (JUAN JOSÉ RUIZ)

Al llegar al lugar nos reunimos con vecinos y vecinas de Alhama —los entrañables jameños y jameñas,— que también habían participado y asistido al evento. Entre vinos del terreno, embutidos, tapas y un magnífico jamón cortado con destreza comenzó otro espectáculo, esta vez sin escenario ni programa, nacido de la espontaneidad y de la cercanía.

En medio de la conversación, Silverio Gálvez comenzó a recitar ¡Ay de mi Alhama! y, de forma casi instintiva, el bullicio del lugar se transformó en un silencio absoluto. Su interpretación me conmovió profundamente. Si en Claudia me fascinó la frescura de la juventud que recibe y hace suyo el legado del romancero, en Silverio encontré el sentir de los años, la experiencia y el peso de una sabiduría encarnada. Mientras lo escuchaba, tenía la impresión de que no era él quien hablaba, sino el propio alcaide, atravesado por la espada que hiere las entrañas al perder la ciudad. En su voz, en ocasiones rasgada, gritada y llorada desde lo más íntimo, el romance dejaba de ser un texto para convertirse en una experiencia presente, mostrando el dolor, la memoria y la dignidad de un pueblo.

Silverio Gálvez interpretando el romance Ay Alhama, rodeado de las nuevas generaciones alhameñas, a su derecha la joven recitadora Claudia Ruíz. (ANDREA RUIZ)

Después fue Inmaculada Rejón, cantante granadina, quien casi de manera improvisada, comenzó a cantar coplas de Alhama con pasión, arte y gracia. Asistíamos a otro espectáculo, muy distinto al de la plaza, pero igualmente auténtico: un espectáculo de cercanía, nacido alrededor de una mesa compartida, donde la tradición se mostraba sin artificios, como parte de la vida cotidiana. Allí sentí que comenzaba mi verdadero encuentro con Alhama y con sus gentes.

Aquel encuentro en Casa Cubo prolongó de manera natural cuanto habíamos vivido durante la noche. La palabra seguía uniendo a las personas, ahora mezclada con el vino del terreno, la conversación, el canto y la memoria.

Inmaculada Rejón interpreta a capella su copla dedicada a Alhama (A. A.)

Tras lo vivido y sentido hubo varias reflexiones que siguieron resonando en mí al regresar a casa y que quisiera compartir. Luis García Montero recordó que el romance es una de las formas poéticas más libres de nuestra tradición. Quizá por eso, pese a conservar la estructura que le otorgan sus versos octosílabos y la rima asonante en los versos pares, ha sabido atravesar los siglos sin perder su capacidad para emocionar y seguir encontrando nuevas voces que lo mantengan vivo. Silverio Gálvez resumía el romance en una sola palabra: «sentimiento» y, así me llegó a mí. Unas semanas antes, Juan González Blasco, director de la Cátedra Iberoamericana de Trovo y Poesía Improvisada de la Universidad de Granada, definía el trovo como una expresión consciente de la emoción hecha improvisación. Todo ello me llevó a contemplar ambas tradiciones no como dos manifestaciones completamente distintas, sino como dos formas complementarias de canalizar sentimientos y dar vida a la palabra: una nace de la memoria compartida; la otra, de la creación en el instante. Ambas mantienen vivo el patrimonio oral y nos recuerdan que una lengua no solo sirve para comunicar, sino también para expresar las emociones más sinceras y profundas, al mismo tiempo que se convierten en portadoras de la memoria, la identidad y los valores de un pueblo.

Regresé con mucho más que el recuerdo de una magnífica noche. Me llevaba una Alhama vivida, no observada; una Alhama sentida en primera persona. Como escribía en este mismo espacio hace apenas unos días, el trovo alpujarreño de Murtas había pasado a formar parte de mi particular mapa sentimental y lingüístico. El romancero de Alhama ocupaba ya también un lugar en esa pequeña cajita de cristal donde voy guardando las joyas más valiosas de nuestro patrimonio inmaterial.

Teresa Gil y Pilar Posadas tras finalizar la velada en la Plaza de los Presos

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Recuerdo que, al tomar asiento para el comienzo de la celebración, levanté la vista hacia el cielo y reparé en el rótulo de la Plaza de los Presos. Entonces no podía imaginar que, al terminar la noche, yo también quedaría presa en Alhama. Presa de la belleza de sus tajos, de la fuerza de su romancero, de la hospitalidad de sus gentes y de esa cercanía que nos hizo sentir como dos jameñas más.

Pilar Posadas de Julián

Catedrática de Pedagogía, Música y Lingüista

Reflexiones sobre ‘Pedagogía y Arte Consciente’

Redacción

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Comentarios

Una respuesta a «Del trovo alpujarreño al romancero de Alhama. De espectadora a partícipe de una tradición viva»

  1. Juan José Gallego

    Buen relato, minucioso y detallista evocando una velada entrañable. También descriptivo, destacando sensaciones intimistas que el acto y el entorno proporcionaban. Enhorabuena.

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