A mediados de julio, Josefa Carasa publicó en Facebook (lo compartió de Castilléjar Verde otra vez) unos datos históricos sobre “La expulsión de los moriscos y la repoblación de Castilléjar”, del profesor Jesús Daniel Laguna Reche. Le comenté a Josefa que, cuando pueda, aportaré más información sobre el tema, por lo que voy a intentar resumirlo lo mejor que pueda. “Castilléjar: moriscos y cristianos. 1488-1570. Señorío de los Abduladines, del conde de Lerín y del duque de Alba” es un trabajo de investigación del antiguo párroco de Galera, Rafael Carayol”. El artículo principia con esta extraña dedicatoria:
Este trabajo quiero centrarlo –y dedicarlo- a las gentes de Castilléjar. A ellos, por cuestión que no viene al caso, les debo la razón del sentido gozoso de mi vida. Si alguien quiere saberlo se lo contaré si me lo pide. Castilleja está situado en un abrazo que le dan los ríos Barbatas y el Guardal, cerca de la Sagra, por donde se empina la provincia de Granada. (Así escribiré en adelante el nombre del pueblo, ya que así aparece en todos los viejos documentos). Según la tradición -siglo IV- llegó porestas tierras el Evangelio de Jesucristo a través de los Varones Apostólicos o mercaderes, o soldados romanos. Tras la invasión de los árabes y ya mediado el siglo IX, toda esta zona quedó bajo el control y autoridad del Islam (…). Bastantes cristianos-visigodos, como los de tantos lugares, se pasaron a la religión mahometana…, para gozar de los derechos de los musulmanes. El lugar fue denominado Al-Qulayat, del que se deriva Castilleja. Una ‘castilleja’ era un castillo pequeño… Un documento del Archivo de Simancas, hablando de Castilleja señala: ‘Dicen que hay en ella treynta vecinos y que vale de renta hasta doscientas hanegas de pan y que tiene muchos términos y buena tierra…’. Jorquera añade: ‘Es tierra de buenas cosechas de trigo y cebada y otras semillas; buena cría de seda gozando de buenas arboledas, cazas volátiles y terrestres y aves domésticas’.

A continuación Rafael Carayol aclara que Castilleja, junto a Huéscar, Galera, Orce y los Vélez, precisamente por ser frontera, unas veces estaban en poder de los moros y otras, de los cristianos. Y yo añado que unas veces dependían del Reino de Granada y otras del Reino de Murcia.
Las Capitulaciones de los Reyes Católicos con todos estos pueblos fueron bastante generosas, ya que no hubo cercos ni asaltos bélicos; más bien, hubo colaboracionismo (…). Por el Tratado de Madrid -4 de marzo de 1495- los Reyes Católicos concedieron al conde de Lerín, don Luis de Beaumont -mientras viviera-, el Señorío de varios pueblos, entre ellos Castilleja (…). En el año 1504 se reducía el Señorío a Huéscar… y a Castilleja, con 127,4 Km2 y 50 vecinos… La estancia de los navarros en esta tierra dejaron su impronta y huellas imborrables en costumbres y apellidos: Ibar, Iriarte, Irigaray, Lizarte, Navarro, Navarrete (…). La actitud del Cardenal Cisneros provocó un levantamiento popular de los mudéjares albaicineros, el 18 de diciembre de 1499… No sabemos si los mudéjares de Castilleja se sublevaron, pero sí sabemos que el martes día 2 de marzo de 1501, el clérigo de Lorca, Juan García Rama, en nombre del obispo y Cabildo de Cartagena, entró y tomó posesión de la mezquita de Castilleja, con la ceremonia al caso de abrir y cerrar la puerta (…). El viernes, 12 de marzo, con el consentimiento y testimonio de cristianos y mudéjares de la villa, convirtió la dicha mezquita en iglesia y mandó que se la llamara de san Gregorio…, y se pusiera a la mano derecha una pila de bautizar. Quizá por estar dispersa la población, junto al baño, que estaría cerca del rio, había otra mezquita. El mismo día 12 la tomó en posesión el clérigo lorquino imponiéndole el nombre de santa Ana.

Bastantes años después, esta mezquita pasó a llamarse de santo Domingo de Guzmán, el patrón de Castilléjar.
… A partir de estos días principiaron los bautismos de los mudéjares de Castilleja: ‘En el nombre de la santa Trenidad, padre, fijo, espíritu santo, amén. Estos son los que…, avemos baptizado e cristianado…’. Durante varios días fueron bautizadas 254 personas (…). Relación completa de los mudéjares de Castilleja, bautizados entre los días 12 y 17 de marzo de 1501, por el clérigo lorquino Juan García Rama y el notario apostólico de la diócesis de Cartagena, Lorenzo Baldony.
He escaneado la primera página (hay dos más) de la relación de los bautizados, donde se repiten mucho los nombres de Luys, Fátyma, Mahomad, Marien, Ysabel, Leonor, Elvira, Juan, Francisco, Diego…
Los mudéjares castillejanos, lo mismo que los otros del Reino de Granada, fueron bautizados pero no convertidos. La ventaja que obtuvieron fue la de quedar exentos de pagar los tributos moriscos al acogerse al régimen de los cristianos viejos.

El 26 de octubre de 1513, Fernando el Católico concede el Señorío de Huéscar y Castilleja a don Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba, cuando antes había pertenecido al conde de Lerín. Esto produjo protestas, alborotos y la sublevación de los vecinos de Huéscar, que también impidieron la entrada de un familiar del duque de Alba, en Huéscar, cuando vino a tomar posesión.
Hasta un pequeño ejército, reclutado por orden del cardenal Cisneros con gente de Úbeda y Baeza, y conducido por el licenciado Villafañe, acampó en Castilleja y no se atrevió a asaltar la ciudad al conocer lo bien armados y pertrechados que estaban sus vecinos. Para ganarse la adhesión de los moriscos de Castilleja, el señor duque concedió a su concejo la tercera parte de la propiedad de un horno, un molino de pan, un baño y un mesón. El duque de Alba… promulga el 9 de junio de 1514 unas ordenanzas por las que sus vasallos ‘fuesen industriados e adoctrinados en nuestra santa fe católica… y dexen las ceremonias que usaban siendo moros’.
Destaco dos de las ocho ordenanzas: 1. Que no se llamen entre sí con sus nombres moros. 2. Que las mujeres tengan en la iglesia enteramente descubiertas sus caras, etc. El duque también nombraba a un gobernador del Señorío y este proponía a dos alcaldes ordinarios y cuatro regidores para el concejo de Castilleja, que anualmente confirmaba el duque. La mitad eran cristianos viejos y la otra mitad, moriscos. El nombre de Casa de la Tercia o del Tercio venía porque el viejo caserón era donde los castillejanos pagaban la renta, un tercio de las cosechas, al duque de Alba. El antiguo edificio de la Tercia se destinó a las escuelas, en los años cuarenta, y hoy se encuentra el ayuntamiento.
El 29 de marzo de 1520, el duque autoriza al concejo que conceda licencias de roturación de campos y montes a los vecinos. Esto provoca una fuerte inmigración, casi exclusivamente de moriscos, que hace crecer la población.
Dos años después el concejo supera los 100 vecinos.
La antigua mezquita, convertida ya en iglesia de san Gregorio, estaba en ruinas o no reunía las condiciones necesarias para el culto divino. Había que hacer una nueva. Para ello el sr. duque aportó 75.000 maravedíes y toda la madera necesaria. Para el año 1522, Castilleja tenía levantada nueva iglesia (…), hizo que el clérigo beneficiado se sintiera marginado, de tal manera que los beneficiados de Huéscar solicitan que Álvaro de Torres sea presentado al beneficio supercreciente para acompañar al que ya servía ‘porque el lugar es de moriscos y no tiene conversación con nadie el dicho beneficiado’.
El 10 de enero de 1564, el abuelo del duque prohíbe que sigan dando licencia para roturar, pues ya se habían destrozado grandes zonas de bosque y masa forestal. Hay que señalar que actualmente Castilléjar no tiene bosque ni pinos como el término de Castril, posiblemente debido a aquellos destrozos.
En el año 1568 Castilleja alcanzó la cifra de 250 vecinos -unos 1.250 habitantes-, casi todos moriscos.
Sobre la Guerra de las Alpujarras, el párroco echa mano de los cronistas: Pérez de Hita, Mármol Carvajal y Hurtado de Mendoza.
La rebelión comenzó, otra vez, por el Albaicín y las Alpujarras en la Navidad de 1568 (…). El cabecilla morisco Jerónimo el Malech se había apoderado de Serón. En Orce y Huéscar fracasó en el intento, pero se había fijado en Galera como lugar estratégico. Allí junto con los moriscos galerinos concentró a los de Orce y Castilleja al mando del turco Caravajal y 200 escopeteros berberiscos, bien pertrechados de armas y alimentos. Galera constituía una plaza casi inexpugnable. Nada pudo el marqués de los Vélez por conquistarla. Tuvo que venir don Juan de Austria con los Tercios de Flandes. El de Austria, con 12.000 infantes, 800 jinetes y la artillería traída desde Cartagena, puso cerco a Galera. Para que no pudieran recibir ayuda desde el exterior dejó en Castilleja una fuerte guarnición al mando de don Alonso Porcel de Molina, regidor de Úbeda. Fueron tres meses de durísimo asedio y resistencia. Por más que Estaracordio, capitán morisco de Castilleja, alentaba a los suyos, no pudieron resistir. El día 10 de febrero de 1570, a las cinco de la tarde, Galera presentaba un amasijo de destrucción y muerte. Pocos quedaron con vida, la gran mayoría de mujeres y niños, y más les valiera haber muerto ya que quedaron como esclavos y como tales fueron vendidos.

Y tras la derrota, llegó la desolación.
De Castilleja constan las siguientes ventas hechas en Huéscar el 17 de abril de 1570: Catalina y su hijo fueron vendidos por 45 ducados y 11 reales. Luis por 25 ducados y 11 reales (…). Una esclava, por 50 ducados. Luisa, por 36 ducados y 11 reales. Así acabaron los moriscos de Castilleja. Los pocos cristianos viejos que quedaron y los nuevos pobladores que vinieron, años después, a establecerse en Castilleja, siguieron bajo el Señorío del duque de Alba. Pero de esto escribiremos en otra ocasión.
El trabajo de investigación lo publicó el párroco en “Úskar, Revista Histórica y Cultural de la Comarca, número 4, año 2001”, dirigida por el profesor Rafael Cuevas y patrocinada por el Ayuntamiento de Huéscar. Copio este párrafo del obituario que le dediqué en Ideal, el 27 de diciembre de 2001.
Rafael Carayol Gor nació en Huéscar y ejerció de párroco en Ferreira, Puebla de Don Fadrique y Almaciles, Orce y finalmente en Galera; donde murió en la madrugada del 24 de diciembre de 2001 a consecuencia de un infarto cerebral, a los 61 años. También estuvo unos años de formador en el Seminario Menor de Guadix y fue profesor en el ‘Instituto Técnico Padre Poveda’. Lo vi por última vez el 9 de diciembre pasado. Estaba tomando café en el ‘Bar Cirilo’ de Galera y ya nos liamos a hablar de todo un poco: de las gentes y de la tierra, de la política… ‘Hay veces que cuando quiero acordar, se me ha hecho de día buscando algún nombre entre los archivos, hasta que lo encuentro’, me dijo, y luego me confesó sus temores: ‘Hoy la juventud lee poco y los ordenadores terminarán acabando con los libros’. Me comentó que en febrero iba a dar una conferencia sobre los moriscos en Castilléjar…
Fue mi prima, Ángeles Domingo, quien me avisó de su fallecimiento, quince días después. Ángeles también murió en febrero de 2005. Enmi novela Diálogos en la tierra de los ríos (2004), le dediqué un capítulo:
Por curiosidad, llamé por teléfono a su hermano, Manuel Carayol, que vive en Huéscar, por si sabía algo de la enigmática dedicatoria ‘a las gentes de Castilléjar les debo la razón del sentido gozoso de mi vida’. Y me dijo lo siguiente: ‘Don Antonio Motos, el cura de Castilléjar, le comentó un día a Rafael que cuando fuera mayor no habría curas en los pueblos, por falta de vocaciones. Y la cosa parece ser que le vino por ahí. Cuando estaba corrigiendo la segunda edición del libro Las Santas, -añade Manuel Carayol- le sobrevino el infarto a las dos de la madrugada del 24 de diciembre de 2001. Al final, el libro lo terminó el escritor Gonzalo Pulido. Se pasaba las noches enteras traduciendo el castellano antiguo…’. Me despedí dándole las gracias a Manuel: ‘Te regalaré un ejemplar de mi libro, porque tuviste el detalle de donar al Ayuntamiento de Castilléjar el trabajo que Rafael no llegó a terminar sobre nuestros laboriosos moriscos…’.
Y termino con estos renglones en Ideal:
¡Gracias, Rafael! ¡Muchas Gracias! Con tus historias de moriscos y cristianos nos has enseñado a amar nuestra tierra y a saber un poco más de nosotros mismos, a reencontrarnos con nuestro pasado y a mirar con esperanza lo por venir.





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