Salvador Fernández-Vivancos Fernández: «La rueda de molino (5/7)»

Cuando se agita la criba, quedan los deshechos; así, cuando la persona habla, se descubren sus defectos. Eclesiástico 27,4-7

Junto a la puerta de entrada actual, en los dos arriates que la franquean, cuando la luz era a 125 voltios, había un jazmín y un Galán de noche. También una flor de pato que es una planta insectívora, cosa que no sabía la mayoría de la gente.

Tres años antes los pestosos como los llamaban por allí, ahogaban la casa. El tejado medio hundido y grietas en las paredes. Cada vez que llovía cedían aun más las tejas árabes. La parte de arriba estaba llena de pilares metálicos que anunciaban un próximo derrumbe.

El hombre rezaba para que no lloviese.

Así que tres años después, compró una maceta de jazmines y un galán de noche, que estuvo cuidando en su balcón. Hasta que volvieron a su sitio.

Cerca de donde hay una hierbaluisa, vio de chico una mantis religiosa, de color verde intenso. Y un poco más allá un nido de avispas que usaban los huecos del ladrillo, junto al laurel grande.

Gracias a Eduardo un jefe de obras que la providencia le otorgó; se salvó la cubierta y la estructura y sin Ge-rardo ni Miguel no se habría podido despejar el pasillo por donde se vencía la casa.

La lluvia no supondrá ya una amenaza. Aunque pensaba que podía ser del siglo XVI, también alguien le comentó que perfectamente del siglo segundo.

Fue durante la obra, que la máquina excavadora alumbró la rueda de molino, como el anillo de un gigante.

El gato blanco y negro que hacia ruidos, nada tiene que ver en apariencia con la gatilla romana. Ëste se ve lustroso. Debe tener buena vida. No hará ejercicio y la comida la tiene asegurada.

La otra estará en el paraíso de los animales. Era capaz de ser salvaje y doméstica a la vez. Cuando la familia llegaba los fines de semana, salia a recibirlos con el rabo erguido y se pegaba a las piernas de tres niños, dos adultos y el abuelo. Se recostaba junto a la perra de lunares de raza común en la la chimenea. En una ocasión cazó varios lagartos y los trajo como ofrenda. Incluso se recostaba junto al pastor alemán.

Antes de acostarse se levantaba la almohada por si hubiera alguna araña de patas largas y cabeza pequeña. Por la noche en el entabacado se oía pasar alguna rata.

Los pinos que se plantaron hace mas de cincuenta años ya son grandes y resguardan el molino como si fue-ran vigilantes silenciosos

Es el lugar que prefieren las palomas para descansar.

Las zarzas se enrollan en el cabezal de la máquina y la paraliza. Así se defienden. Como esa técnica de lucha que consiste en abrazar al contrario y bloquearlo.

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Salvador Fernández-Vivancos Fernández

Licenciado en Derecho

exfuncionario de Justicia

y abogado

Redacción

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