Una mirada desde la diversidad, las historias y la formación de quienes enseñarán mañana
“La diferencia, lejos de ser un obstáculo, se ha de considerar una oportunidad de aprendizaje” Miguel López Melero
¿Y si el problema no estuviera en quien aprende, sino en una escuela que todavía pretende que todos aprendamos de la misma manera? La metáfora de la Torre de Pisa de Miguel López Melero me lleva a una reflexión que considero imprescindible: “educar no debería significar corregir la diferencia, sino generar las condiciones para que cada persona pueda desarrollarse desde aquello que la hace única”.
Hay metáforas que permanecen en nuestra memoria porque consiguen decir, con una imagen sencilla, aquello que a veces la teoría tarda páginas en explicar: ‘La Torre de Pisa’ es una de ellas, Miguel López Melero nos propone mirarla de otra manera: ¿es una torre defectuosa o es, sencillamente, una torre peculiar? la pregunta parece arquitectónica, pero en realidad es profundamente educativa, porque cuando trasladamos esa metáfora al aula, aparece una cuestión mucho más incómoda:
¿Cuántas veces hemos llamado “defectuoso” a aquello que simplemente no se ajustaba a nuestra idea de normalidad?

Como maestra de Educación Primaria, pedagoga, educadora, investigadora, formadora de formadores y formadora de futuros maestros y de maestras, esta pregunta no me resulta ajena, al contrario, forma parte de mi manera de comprender la educación por ello, he aprendido que educar implica, ante todo, mirar y no todas las miradas educan de la misma manera, por ejemplo… una mirada centrada en el déficit busca carencias, una mirada pedagógica busca posibilidades, una clasifica, la otra comprende, una intenta adaptar al alumno al molde; la otra se pregunta qué debe transformar la escuela para que todos puedan aprender.

López Melero cuestiona precisamente una educación construida sobre una inhibición transformacional y reivindica una escuela pública que no discrimine ni excluya, donde podamos comprender que todos somos diferentes, pero no desiguales. Esta afirmación, lejos de ser únicamente una declaración de principios, debería convertirse en una auténtica responsabilidad profesional para todos y todas de una manera equilibrada e igualitaria.
La diferencia no es el problema, Durante demasiado tiempo hemos confundido diferencia con dificultad y dificultad con incapacidad (para lograr algo específico)… hemos colocado etiquetas allí donde debería haber pregunta, tales como:
¿Qué le pasa?…
¿En qué falla?…
¿Qué no puede hacer?…
Quizá deberíamos comenzar a formular otras preguntas:
¿Qué sabe? ¿Qué puede aportar? ¿Qué necesita para aprender? ¿Qué podemos cambiar nosotros?…

Porque una persona no puede quedar reducida a una dificultad concreta, López Melero nos recuerda que el desarrollo humano no debe entenderse únicamente desde una perspectiva cuantitativa, cada persona puede desarrollar su propio proceso de una manera cualitativamente diferente y… esta idea tiene enormes consecuencias para la escuela, si aceptamos que cada alumno construye su desarrollo de una manera singular, entonces también debemos aceptar que no existe un único camino legítimo para aprender.
UNA HISTORIA PUEDE ABRIR UNA PUERTA
Es aquí donde mi investigación doctoral sobre Aprendizaje Basado en Historias (ABH) encuentra un diálogo especialmente fértil con esta concepción educativa, las historias no son únicamente recursos para trabajar la comprensión lectora, una historia puede ser un espacio de encuentro, puede permitir que un niño entre por la palabra, otro por la imagen, otro por la emoción, otro por su experiencia y otro por la imaginación. Cuando narramos, escuchamos, interpretamos, preguntamos y reconstruimos una historia juntos, las diferencias pueden dejar de ser obstáculos para convertirse en aportaciones, por eso concibo el ABH como una vía para generar experiencias de aprendizaje en las que el alumnado no sea un receptor pasivo, sino protagonista de una construcción compartida.
La historia permite algo esencial: “que cada estudiante pueda encontrar su propia voz dentro de una narrativa común”… y esto conecta profundamente con la propuesta de López Melero cuando defiende métodos de enseñanza-aprendizaje compartidos y señala que el aprendizaje cooperativo genera una forma de inteligencia compartida, no se trata, por tanto, de enseñar historias, se trata de aprender con las historias y a través de ellas.
LA CULTURA QUE OFRECEMOS TAMBIÉN EDUCA
Hay otra cuestión del ensayo que considero especialmente relevante: la cultura, no es indiferente qué contenidos ofrecemos, cómo los ofrecemos ni qué expectativas tenemos sobre quienes los reciben es por esto que, López Melero, advierte que ofrecer un currículo de menor calidad o cargado de prejuicios puede convertirse en una forma de desigualdad, porque el desarrollo cognitivo y cultural está profundamente relacionado con la calidad de las experiencias culturales que proporcionamos, esto debería hacernos “reflexionar seriamente”, bajar las expectativas no siempre es ayudar, a veces, bajo la apariencia de protección, estamos construyendo límites. Por eso defiendo una escuela que no reduzca el mundo que ofrece a sus alumnos, sino que lo amplíe, una escuela que proporcione literatura, ciencia, arte, pensamiento crítico, diálogo, investigación, creatividad y experiencias culturales significativas.
Una escuela que diga: “Puedes aprender; busquemos juntos cómo hacerlo”.

FORMAR MAESTROS ES TRANSFORMAR EL FUTURO
Como formadora de futuros maestros y formadora de formadores, considero que aquí se encuentra uno de los grandes desafíos de la educación actual, no necesitamos únicamente docentes técnicamente preparados, necesitamos docentes capaces de mirar al ser humano antes que a la etiqueta, porque una metodología, por innovadora que sea, puede fracasar si detrás de ella existe una mirada que continúa creyendo que determinados alumnos pueden menos.
La verdadera innovación educativa no comienza siempre con una herramienta digital, una plataforma o una nueva técnica, a veces comienza con algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más revolucionario: cambiar la pregunta que hacemos cuando miramos a un niño y esto implica también revisar la formación inicial del profesorado, quienes enseñarán mañana necesitan aprender a convivir con la incertidumbre, con la diversidad, con las diferencias culturales, cognitivas, emocionales y sociales, necesitan aprender que el aula no es un espacio de uniformidad, es un espacio de humanidad.
UNA ESCUELA QUE NO QUIERA ENDEREZAR A NADIE
La metáfora de la Torre de Pisa me lleva finalmente a una convicción, quizá no necesitamos enderezar todas las torres, quizá necesitamos construir mejores estructuras que permitan sostenerlas, López Melero, utiliza precisamente la imagen de una “superestructura” para explicar la necesidad de generar apoyos que permitan afrontar las dificultades y favorecer el desarrollo, desde mi perspectiva, la escuela debería ser una de esas estructuras, una escuela que sostenga, que acompañe,que confíe, que no excluya, que no rebaje horizontes, que no transforme la diferencia en desigualdad y que comprenda que enseñar no consiste en fabricar alumnos idénticos, sino en crear condiciones para que cada uno pueda desarrollar su propia singularidad.

Por eso, cuando pienso en mi trabajo como maestra, pedagoga, investigadora y formadora de quienes serán los maestros del futuro, vuelvo a las historias, porque cada niño llega al aula con una historia que merece ser escuchada y cada historia contiene posibilidades que todavía no conocemos, tal vez educar sea precisamente eso: ayudar a que cada persona pueda escribir nuevas páginas de su propia historia sin obligarla a dejar de ser quien es.
La Torre de Pisa no dejó de ser valiosa por estar inclinada, quizá nuestra escuela tampoco deba temer aquello que se sale de la línea, porque la educación que verdaderamente transforma no intenta que todos se parezcan…”Construye un lugar donde todos puedan pertenecer”…y ese, para mí, sigue siendo uno de los grandes desafíos pedagógicos de nuestro tiempo.
“Educar no es enderezar caminos, sino acompañar historias; porque cuando enseñamos desde la confianza, cada diferencia deja de ser un límite y se convierte en una posibilidad para aprender, crecer y transformar el mundo.” María Verónica Martínez Reynoso






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