Juan J. Gallego Tribaldos: «El teatro se enraíza en el Zenete»

El Certamen Teatral del Marquesado ha cerrado su cuadragésima cuarta edición y eso merece el más generoso de los reconocimientos. No es fácil cumplir cuarenta y cuatro años, verano tras verano, representando teatro en unos pueblos tan castigados por la despoblación, con la dificultad que ello conlleva para montar y escenificar dignamente una obra de teatro. Vaya, por tanto, un merecido aplauso a los organizadores y a todos y cada uno de quienes hacen posible este meritorio acontecimiento escénico, uno de los más antiguos de España, referente a teatro de aficionados.

Así como en primavera los pueblos del Zenete se invisten de las flores blancas y rosas de los almendros, en el otoño enrojecen los castaños con sus tirabuzones dorados y en el invierno la escarcha se riza en las fuentes, durante el verano sacan de las arcas caretas, vestimentas y su propio atrezzo para dedicar unos días a la escenificación de obras teatrales.

Ceremonia de clausura del 44 Certamen

Cuarenta y cuatro años se han cumplido de este Certamen que puntualmente, cada verano, como aquel ritual de la siega y la trilla, agita los pueblos con la emoción de la escena, siendo La Calahorra el pueblo que ha participado en todas las ediciones.

En la vida, las cosas se hacen por obligación o por devoción. O sea, porque tenemos que hacerlas o porque nos gusta hacerlas. Se hace teatro por devoción, por vocación, porque es una actividad gratificante y gusta enrocarse en el juego y en la catarsis de la farsa, ya que el símbolo del teatro es la máscara con dos caras, una que ríe y otra que llora.

En el teatro, el actor ha de saltar del escenario y meterse en el corazón del espectador para reír juntos, o llorar, o envalentonarse o enamorase o perderse por los vericuetos del absurdo. Los actores y el público han de mimetizarse y, si no, no hay teatro por mucha escenificación y teatralidad que se exhiba. La carcajada espontánea o el silencio cómplice o los ojos en tensión e incluso la furtiva lágrima es lo que hacen de la Dramática el gran género literario por excelencia.

Cartel diseñado por Belén Esturla para la edición 2026

Por eso fue emocionante ver a la gente del Zenete, pueblo a pueblo, emocionarse con su grupo, aplaudiendo o guardando un silencio religioso en las escenas dramáticas. Cada tarde, a la hora del ocaso, un autobús repleto con habitantes de Dólar, Albuñán, Cogollos de Guadix, Jérez del Marquesado, Lanteira, Alquife, Aldeire, Ferreira o La Calahorra acudían para presenciar en el teatro Waniya de Huéneja la obra que sus paisanos iban a representar, convirtiéndose en unos actores más, apoyando con entusiasmo desde sus butacas.

Un certamen teatral que, además de la escenificación -diez pueblos, diez obras- reivindicaba este año los valores medioambientales para garantizar a las generaciones futuras un planeta más habitable, más digno y más humano.

Ecosistemas que en estos pueblos del Zenete muestran espacios tan bellos como los castañares de Huéneja, Ferreira, la Rosandrá de Aldeire, las viñas de Dólar, los barrancos verdes y armoniosos de Jérez y Lanteira, los almendrales por los llanos hasta Albuñán, los montes rojizos de Alquife, la esbelta torre de Cogollos, el castillo de La Calahorra y tantas y tantas reliquias históricas, como baños árabes, fortalezas y torreones andalusíes. Una tierra cargada de vida y de historia en la solemne escenografía de su llanura con el telón de fondo de Sierra Nevada que, si en el invierno luce todo su esplendor, también en el verano nos muestra su majestuosidad con esos eternos neveros que ni el implacable calor de este verano ha sido capaz de abatir.

Juan J. Gallego Tribaldos

Cuarenta y cuatro años haciendo teatro es algo digno de resaltar pues el teatro es cultura latente y la cultura es lo que más dignifica a los pueblos y a las personas.

Todo comenzó en el año 1969 con un festival de la canción que se celebró en el patio del castillo de La Calahorra y que fue un aldabonazo en la comarca del Zenete. En 1971, la primera representación teatral en el pueblo de Alcudia, sin continuidad hasta 1982, que hay que considerar el inicio de este certamen clausurado el 7 de agosto en su aniversario número cuarenta y cuatro. En aquella ocasión, siendo diputado provincial Carlos Asenjo, la Diputación colaboró con 80.000 pesetas, la Compañía de Minas de Alquife aportó materiales para la infraestructura del escenario y la Sevillana de luz proporcionó las sillas. Todo muy elemental y con una carencia absoluta de medios pero que, superando dificultades, hizo posible la consolidación de este Certamen, hoy por hoy enraizado en las tierras del Zenete.

Es de resaltar que en estos grupos de teatro hay una integración muy significativa de jóvenes seducidos por el gusanillo del teatro, pudiéndose comprobar que, junto a actores mayores que continúan sobre las tablas desde el inicio, hay chicas y chicos jóvenes asegurando la continuidad de este certamen al que las instituciones deben prestar mucha más atención pues, entre otros rasgos destacables, el Certamen de Teatro del Marquesado es un vínculo que une a personas y a pueblos creando un sentimiento de camaradería, solidaridad y amistad, valores que propician la unión de los ciudadanos.

Entrega de premios de la 44ª Edición

Dicho lo anterior, se echa en falta obras más ambiciosas, bien de los clásicos del Siglo de Oro, Lope, Calderón, Tirso, Cervantes, bien del Romanticismo, Zorrilla, autores más cercanos, Lorca, Valle Inclán, Casona, Hermanos Machado, Álvarez Quintero, Arniches o alguna pieza consolidada de las muchas que hay en el teatro contemporáneo. Y si ello es dificultoso para un pueblo, por los motivos descritos, podría ser un reto colectivo de todos los grupos del Zenete, ya que buenas actrices y buenos actores los hay, igual que cuentan con directores competentes para llevar la sugerencia a cabo. Es cuestión de proponérselo.

Este certamen de teatro debe contar con el apoyo generoso de estamentos públicos y empresas privadas pues supone una marca distintiva, una denominación de origen cultural cuya escenografía no puede ser más hermosa: las tierras granadinas del Marquesado del Zenete.

[NOTA: Este artículo de Juan J. Gallego Tribaldos se publicó en la edición impresa de IDEAL, correspondiente al domingo, 23 de agosto de 2026]

Juan José Gallego Tribaldos

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Comentarios

Una respuesta a «Juan J. Gallego Tribaldos: «El teatro se enraíza en el Zenete»»

  1. Juan José Gallego

    Muchas gracias Antonio por sacar a la luz estas jornadas teatrales del Marquesado del Zenete , tan enriquecedoras.

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