Ana Barea Arco: «Fin de curso»

A muchas personas nos ocurre, sobre todo a los docentes, contamos el paso del tiempo y de los años por cursos. No es a fin del año sino a final del curso lectivo cuando hacemos balance de las lecciones lectivas y de vida a la vez que celebramos el fin de cada curso.

Este final de curso 2025/26 ha venido marcado por acontecimientos tan intensos como la huelga de docentes en la Comunidad Valenciana y las desafortunadas frases y declaraciones de algunos políticos sobre el calor en las aulas. Estos acontecimientos han puesto de relieve los problemas que ya hace tiempo que viene arrastrando la Escuela Pública cada vez mas maltratada en los últimos años. A todos se nos ha quedado grabada en la mente esa terrible imagen de una maestra derribada por un policía. Hemos sentido como ese fatal acontecimiento era un símbolo de la caída de la Escuela pública.

La educación es una inversión, no un gasto. Anónimo

Desde aquí, expreso mi apoyo y doy animo a los docentes valencianos que tienen el valor de plantar cara a un sistema que cada vez se asienta en condiciones laborales mas precarias que repercuten directamente en la calidad de enseñanza del alumnado de la Educación Pública. La precariedad laboral de los docentes no es solo una cuestión de dinero y mejora salarial, sino que conlleva también el aumento de plantilla y de especialistas. Esa precariedad repercute directamente en la calidad de enseñanza. Cuando la baja de un docente está sin cubrir los quince primeros días los perjudicados son los alumnos que no van a recuperar ese tiempo de aprendizaje. Cuando el número de docentes interinos es muy elevado repercute directamente en la estabilidad de la plantilla de los centros. Esa inestabilidad afecta intensamente al alumnado sobre todo el de Educación Primaria una etapa donde se estipula y recomienda que el grupo de aula esté tutorizado por la misma persona los dos años correspondientes a cada ciclo.

El tutor/a es un referente fundamental en la vida cotidiana del alumnado. Cuando este referente se vuelve inestable y excesivamente cambiante, a su vez, crea inestabilidad en el alumnado lo que acaba dificultando el aprendizaje y la convivencia. Cuando un maestro/a tiene que atender a un grupo numeroso y heterogéneo donde se hallan alumnos con necesidades y dificultades educativas sin diagnosticar, sin el apoyo de un especialista ni de un educador, eso acaba afectando al rendimiento del grupo y a la salud del docente. Cuando las familias no son conscientes de esas carencias y cargan contra los docentes el problema se enmascara y se agrava. Los centros educativos no son un lugar para recoger y guardar niños. Como la propia palabra educar indica su función principal es esa, EDUCAR y educar es una responsabilidad y una competencia que comparten familias, profesionales docentes, especialistas e instituciones políticas y sociales.

Esta falta de recursos personales y la inestabilidad laboral obedecen únicamente a intereses económicos que buscan intencionadamente el deterioro de la Enseñanza Pública y la formación deficiente de las clases más desfavorecidas con el objeto de que sean más manipulables y fáciles de explotar.

La educación genera confianza. La confianza genera esperanza. La esperanza genera paz. Confucio

En cuanto a la climatización de las aulas, en ocasiones la situación es totalmente inhumana. Es un problema que se viene arrastrando desde hace muchísimos años. Yo he vivido situaciones de todo tipo como la falta de calefacción en invierno donde hemos estado en clase con el abrigo puesto o el sofocante calor del verano. Es precisamente, el calor el que, desde mi punto de vista, presenta un mayor peligro para la salud del alumnado. Cada año el calor llega antes. Recuerdo que en el año 1985 en la Puebla de Cazalla teníamos que bajar hasta el fondo las persianas porque el calor era insufrible ya desde la primera hora del día. He visto en incontables ocasiones a niños y niñas echar sangre por la nariz espontáneamente a causa del calor. Por la mañana, cuando llegas a clase el aula ya es un horno porque normalmente las ventanas se dejan cerradas por la noche para que no salten las alarmas. Conforme avanza el día el calor va en aumento y concentrarse en el trabajo escolar es una auténtica proeza. ¿Saben ustedes el calor que desprenden 25 cuerpos infantiles cuando entran del recreo? A veces el aire es irrespirable. Hay que enviar a algunos al lavabo a refrescarse la cara y las muñecas con agua fría porque están a punto de colapsar. Francamente, a veces, es milagroso como esos cuerpecitos consiguen sobrevivir al calor.

Llegados a este punto, como siempre que se trata de mejorar las infraestructuras en la enseñanza obligatoria, son las familias las que tienen el poder para presionar a las instituciones y poder mejorar la situación obligándolas a crear un plan de acondicionamiento progresivo de las instalaciones de los centros educativos.

Este es mi artículo LII. Un año ya, cincuenta y dos viernes asomándome a esta ventana y oteando el panorama educativo y cultural. También yo tengo que reflexionar y hacer balance de esta andadura. Por imperativos personales y del asfixiante calor veraniego voy a permitirme una pausa veraniega, aunque amenazo con volver en septiembre y puede que me deje caer por aquí con algún tema puntual. Les agradezco mucho su atención y les deseo un benévolo y feliz estío.

Me despido con un haiku. En la pintura sumi-e el bambú es el noble caballero del verano que simboliza esta estación y también la flexibilidad.

Brillan libélulas.
Los juncos salpicados
con luz de fiesta.

Ana Barea Arco

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