José Vaquero Sánchez: «El movimiento Woke»

Durante el franquismo había un índice de libros prohibidos, y unos equipos de censores se encargaban de podar o impedir la publicación de aquellos que no cumpliesen las normas impuestas por la dictadura o la iglesia. Era un claro ataque a la libertad de expresión, lógico en tales regímenes. Lo que ya no es tan lógico es que pueda emerger este ataque en las democracias occidentales si el movimiento Woke continúa imponiéndose.

Primero ha sucedido en algunas universidades norteamericanas y luego se ha extendido a otras europeas. Los seguidores de este movimiento se han erigido en los nuevos censores de la sociedad y han elaborado una lista de libros prohibidos que no se atienen a su nueva moral. La historia se repite con otros protagonistas.

Siempre en nombre de causas justas, tales como la lucha contra la segregación racial, la homofobia, el machismo, la violencia de género o los abusos y agresiones sexuales, la libertad de expresión es cercenada. Todos esos hechos suceden en la realidad, pero no se pueden narrar. Impresentable y lamentable. Además, se juzgan con criterios del siglo XXI obras de siglos anteriores que se escribieron con los existentes en esa época.

Por poner un ejemplo, la novela “Matar un ruiseñor”, de Harper Lee, ganadora del premio Pulitzer, y de la que se hizo una gran película, ha sido prohibida debido a la violencia y al uso de la palabra N (Que, en inglés, hace referencia a negro)

El problema es de tal envergadura que Julia Navarro en su artículo “Mi biblioteca prohibida” escribe: “El movimiento Woke se ha convertido en el Gran Censor. En lugares como la civilizada Canadá no solo se prohíbe la lectura de ciertos libros, sino que se organizan “hogueras purificadoras” al más genuino estilo nazi, para quemar los libros políticamente incorrectos”

Ojalá este totalitarismo no se siga extendiendo, porque si lo hiciera, deberíamos examinar nuestras bibliotecas para deshacernos de estos libros.

La libertad es un tesoro demasiado precioso como para perderlo controlando el lenguaje para hacerlo con el pensamiento. Pero existen distintos pensamientos. Aspirar a que todos tengan un pensamiento único en nombre de lo políticamente correcto es un disparate que puede conducir a un nuevo fundamentalismo.

 

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 JOSÉ VAQUERO SÁNCHEZ,

docente jubilado

 

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