El legado de Santa Teresa de Jesús en la espiritualidad de nuestro tiempo. En el IV centenario de su canonización, 1622-2022. (3ª parte)

III. SIMILITUDES ENTRE TERESA DE JESÚS Y LAS TRES MÍSTICAS JUDÍAS

En los tres casos nos encontramos, en primer lugar, con místicas comprometidas con el mundo, como Teresa de Jesús, ya que practicaron una mística de ojos abiertos (en expresión del teólogo Johann Baptiste Metz (1) o una mística de la misericordia o de la solidaridad (como la denomina J. Ignacio González Faus (2), que las llevó a una espiritualidad encarnada, a ser contemplativas en la acción, pasivas respecto a Dios, pero activas respecto a los hombres y que comprometieron, en fin, su vidas con la causa de los perseguidos, de los oprimidos y de las víctimas. Vivieron en tiempos sombríos (3), trataron de liberar al mundo del dolor asumiéndolo en carne propia. Ellas no acudían a Dios para que las librara “del” sufrimiento, sino que lo experimentaron en su interior como posibilidad de sentido “en medio” del terror y del sufrimiento extremos.

Dos de ellas, igualmente influidas, como Teresa, por la mística de San Juan de la Cruz y también por los escritos y el ejemplo personal de la propia monja de Ávila, por su mensaje de entrega a Cristo y por la impactante lectura de su Libro de la Vida. En el caso de Edith Stein, la influencia es directa y determinante, como veremos. En el caso de Simone Weil no existe, ciertamente, una influencia directa y explícita de la santa castellana, pero sí similitudes y convergencias en su modo de vivenciar la experiencia mística y la vida contemplativa. Etty, la holandesa, inmersa en una tradición religiosa diferente a la de la mística castellana, presenta similitudes con Teresa dignas de destacar, como es su infinita necesidad de intimidad amorosa con Él, con Dios (un dios amoroso, y dulce, pero no todopoderoso), en cuyo rostro podemos atisbar los rasgos de la faz de Cristo).

Recordemos que esa misma tradición sería la que inspirará a la primera y original mística del Carmelo, a Teresa de Jesús, quien dedicaría unas famosas y censuradas reflexiones o meditaciones (Conceptos del Amor de Dios) al poema amoroso nuclear de toda esa tradición hebrea vetero-testamentaria: El Cantar de los cantares, sin tener ningún reparo en evocar alguno de sus más famosos versículos al dirigirse a Dios para suplicarle que su místico Amado, Jesús, le haga esta merced: “Béseme con beso de su boca” (Conceptos del Amor de Dios,4, 8).

Porque como Teresa buscando a Dios, Etty busca al Amado, busca el Amor en lo más pequeño y aparentemente insignificante: “Deja que haga las mil pequeñas tareas cotidianas con amor, pero permite que cada pequeña acción surja de un único y gran sentimiento de amor” (Diario, 03. 12. 41) (4). También “entre pucheros” podía encontrarse a su Señor (igual que sucede en Teresa de Ávila y también en Teresa de Lisieux, como ambas testimonian en el Libro de la Vida y en la Historia de mi Alma respectivamente).

Ambas mujeres (Teresa y Etty), apasionadas, rupturistas, se movieron constantemente en las profundas simas del ser femenino, del amor, y del deseo de unión con el amado. Como concluye Cecilia Padvalski su sugestivo ensayo sobre ellas: “Teresa y Etty, por caminos muy diferentes han vivido desde la imaginación radical y han creado nuevos significados frente al orden establecido” (5).

En las tres, Edith, Simone y Etty, mujeres de fuerte personalidad y carácter como la propia Teresa, podemos encontrar, más allá de diferencias notables en cuanto a circunstancias puntuales, histórico-culturales y biográficas, otras muchas similitudes destacables y coincidencias significativas. Como es bien sabido, Teresa de Jesús vivió toda su vida atemorizada —al igual que su padre y sus hermanos— porque se llegasen a descubrir sus orígenes hebreos y ser acusada, por ello, de “cristiana nueva” y “sospechosa en la fe”, consciente de que cualquier día, eso, su pertenencia a casta de conversos, podría costarle algún serio disgusto. Sobre todo, el de verse rechazada por una Iglesia a la que amaba con todo su corazón. Ello supuso, ciertamente, una onerosa rémora en el desarrollo de su misión reformadora, una espada de Damocles que se cernía amenazante sobre su estirpe (6).

Pues bien, las tres místicas que evocamos, eran -como Teresa- de ascendencia judía, y fueron perseguidas por ello, aunque no todas ellas asumieran de igual manera su identidad semita. Dos de ellas, condenadas por su pertenencia al pueblo hebreo: Edith Stein y Etty Hillesum. Edith conversa al catolicismo quiso compartir el destino de su pueblo judío; Etty, murió mostrándose orgullosa de su procedencia hebrea. Simone Weil, finalmente, aunque judía, renunció expresamente a una identidad hebrea, con la que no se identificaba, pues: ni compartía su tradición ni su cultura.

Las tres, como Teresa, se vieron acosadas constantemente por un sistema inquisitorial represor (7) o por un inhumano régimen totalitario (el Nazismo), amenazadas con el exterminio inexorable en las cámaras de gas, se vieron obligadas a burlarlo o combatirlo de diverso modo. Y encontraron un modo común para expresar su resistencia ante la inminente amenaza de la barbarie: Escribir. Esas mujeres resistieron escribiendo y tratando de invertir la lógica despiadada del sistema inquisitorial o totalitario, y por ello simbolizaron un resto de humanidad frente a la inhumanidad imperante. Formaron parte de esa reserva espiritual y moral de sentido, desde la que reconstruir un nuevo discurso sobre la humanidad del hombre.

Lo único que pretendieron fue mantener lo que Hanna Arendt -otra mujer paradigmática como ellas- llamó el “diálogo humanizador con el mundo”. Como concluye Rachel F. Brenner, en un esclarecedor ensayo, “su preocupación por el mundo desafió la solución final, no porque ellas fueran santas, sino porque eran humanas” (8). Murieron en dos casos compartiendo el destino de sus hermanos de raza, judíos, y en el otro, el de sus compatriotas y trabajadores mediante su autosacrificio, como fue el caso de Simone Weil.

Las tres amantes de la lectura y de los libros (9), fueron prolíficas escritoras: describieron sus vidas en escritos autobiográficos como Teresa de Jesús en El Libro de la Vida (1565) (10) y en su Epistolario Edith Stein nos descubrirá su experiencia vital anterior a su conversión en “Estrellas amarillas” y su vida a partir de aquella en Cómo llegué al Carmelo de Colonia (11). Simone Weil a través de escritos como A la espera de Dios verdadera autobiografía espiritual (12). Etty Hillesum en su Diario (13) y en sus Cartas (14). El 5 de junio de 1943, antes de ser internada confió a su amiga María Tuizing varias libretas con sus “diarios” escritos. En 1981 apareció la primera edición de su Diario en holandés: en siete años aparecerán más de 19 ediciones.

Pero merece destacarse, por sobre toda otra cuestión, algo que también preside la vida religiosa tanto de Teresa de Jesús como de las de nuestras tres místicas contemporáneas, y es el valor que confieren a la propia experiencia en su búsqueda de un itinerario religioso personal. Nos parece sorprendente la coincidencia de las tres en haber llegado a la fe —como la propia Teresa— tras una fuerte, profunda e inesperada experiencia de encuentro personal con Dios, en la que, como se dice en Ciencia de la cruz de Edith Stein:

No se trata sólo de una simple recepción del mensaje de fe escuchado, ni tampoco de un simple dirigirse a Dios al que se conoce exclusivamente de oídas, sino de un contacto interior, de una experimentación de Dios que tiene la fuerza de desvincular de todas las cosas creadas, de elevar al tiempo que sumerge en un amor que no conoce su objeto” (15).

Bibliografía y Notas

1) Johann Baptist Metz, Dios y Tiempo. Nueva teología política, Trotta, Madrid, 2002, pp.154-157.

2) Para la concepción de la mística de la solidaridad, del amor y de la liberación véanse los admirables ensayos del teólogo jesuita José Ignacio González Faus, Unicidad de Dios, pluralidad de místicas, Cuadernos CJ, nº 80, Barcelona, 2012 y ¿Dios?, Cuadernos CJ nº 190, Barcelona, 2014.

3) Cfr. Silvie Courtine-Denamy, Tres mujeres en tiempos sombríos. Edith Stein, Simone Weil, Hannah Arendt o “amor fati amor mundi”, op. cit.

4) Se publicó en castellano con el título de Una vida conmocionada. Diario de Etty Hillesum, en ediciones Anthropos. Barcelona, 2007. También en Anthropos se publicó su epistolario de Ámsterdam y de Westerbok: El corazón pensante de los barracones. Cartas, 2001.

5) “Teresa de Jesús y Etty Hillesum. Dos mujeres creyentes. Una mirada psicoanalítica desde la perspectiva de género” en Carlos Schickendanzt (id.), Mujeres, género y sexualidad. Una mirada interdisciplinar, EDUC, Córdoba, 292.

6) Teresa de Jesús no era, pues, cristiana vieja. Alonso Cortés lo probó en 1946 –lo cual fue corroborado más tarde por Domínguez Ortiz y Caro Baroja— y sobre todo por F. Márquez Villanueva, “Santa Teresa y el linaje”, que descubrió documentación en el archivo de la Chancillería de Valladolid, probando sin posibilidad de duda, el origen judío de la santa. El abuelo de Teresa, Juan Sánchez, rico mercader toledano en telas finas, se autodelató en 1485, reconciliado sambenitado salió a la pública vergüenza en procesiones penitenciales.

7) Se salvó Teresa de Ávila después de dos generaciones de víctimas. La desconfianza de la Inquisición sobre Teresa fue estrecha y larga, casi constante. Los inquisidores y enemigos (descalzos o de otras órdenes: dominicos y jesuitas) mutilaron y censuraron sus escritos, o los arrojaron al fuego. Sometieron largos años el manuscrito del Libro de la Vida a examen de la Inquisición (recogiendo todas las copias existentes), que afortunadamente se libró al fin del peligro de condena al fuego y fue editado por Fray Luis de León en 1588. No tuvo igual suerte Las Meditaciones sobre los Cantares, tras circular unos años por los conventos carmelitas, sufrió efectivamente la condena al fuego. Se salvaron algunas copias incompletas y el P. Jerónimo Gracián lo editó en Bruselas en 1611 con el título de Conceptos del Amor de Dios. Además, todos esos enemigos le recordaron su condición de mujer, es decir su obligación como tal a “estar sometida humildemente y prescindir de iniciativas”, pero no la doblegaron. Teresa partía de dos graves faltas: descendía de judíos y practicaba la ironía. En las visiones de Teresa existe un dato común con todos los místicos y místicas: la libertad de juzgar el sacerdocio y de sentir a Dios como fuente de independencia de la conciencia (Cfr. E. Llamas Martínez, Santa Teresa y la Inquisición española, Madrid, 1972).

8) Rachel Feldha y Brenner: Edith Stein, Simone Weil, Ana Frank y Etty Hillesum, Narcea Ediciones, Madrid, 2004.

9) En el caso de Teresa, Marcel Bataillon ha documentado la amplitud intelectual de sus lecturas y la profundidad de la huella que dejaron en el espíritu y la escritura de Teresa, también García de la Concha, Valverde, Orozco etc. En los años de formación hay que subrayar los nombres de San Jerónimo, San Gregorio, Francisco de Osuna Tercer Abecedario Espiritual, San Pedro de Alcántara, San Agustín (Confesiones). Además de Juan de Ávila, Fray Luis de Granada y Erasmo etc. En muchas ocasiones su desaliñado estilo, espontáneo e improvisado “hablar como se habla” (Menéndez Pidal), su torpeza expresiva o incluso descuido formal o sintáctica se debe, no a la modestia o apocamiento que estaban en las antípodas de su personalidad, sino a su ironía y disimulo ante los letrados: trampas para que la vigilancia crítica de sus primeros lectores (sus confesores, a veces hostiles o inquisidores) bajara la guardia y dejase libre circulación a copias de sus escritos entre sus monjas carmelitas y fuera de los conventos.

10) Teresa de Jesús, Libro de la Vida, en Obras Completas, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1997.

11) Edith Stein, Estrellas Amarillas. Autobiografía. Infancia y juventud, Editorial de Espiritualidad, Madrid, 1992.

12) Simone Weil, A la espera de Dios, Trotta, Barcelona, 1996.

13) Se publicó en castellano con el título de Una vida conmocionada. Diario de Etty Hillesum, Anthropos, Barcelona, 2007.

14) Etty Hillesum, El corazón pensante de los barracones. Cartas, Anthropos, Barcelona, 2001 (contiene su epistolario de Ámsterdam y Westerbork).

15) Edith Stein, “Ciencia de la Cruz”, en Obras completas, V: Escritos Espirituales, El Carmen/Espiritualidad/ Monte Carmelo, Vitoria, Madrid, Burgos, 2004.

(Continuara)

Ver las dos partes anteriores:

II. PROYECCIÓN HISTÓRICA Y VIGENCIA DE LA ESPIRITUALIDAD DE TERESA DE JESÚS

I. INTRODUCCIÓN

 

Ver más artículos de

Tomas Moreno Fernández,

Catedrático de Filosofía

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