Diálogos más allá de lo visible. Hinduismo. Debates sobre el pensamiento hinduista (4/4)

IV. ÉTICA Y SOCIO-POLÍTICAHINDUISTA

ANTROPÓLOGO. — Es evidente que la doctrina ética y sociopolítica que se derive de esta peculiarísima cosmovisión hinduista que Vd. acaba de exponer, tiene que ser en extremo “teocrática” y “ritualista”. ¿No es así? ¿Podría hablarnos de este aspecto tan importante y determinante para su evolución social?

SWAMI. — Es evidente que, como Vd. dice, esta cosmovisión ha pesado de manera más que onerosa en la configuración sociopolítica de la India —actualmente como saben, la democracia numéricamente más extensa del mundo— a lo largo de su milenaria historia. Para entenderlo hemos de remontarnos al tratado ético-jurídico más antiguo de la India, y que recoge todo el pensamiento político y ético de la tradición hindú, contemporáneo del Mahabarata, del siglo II a. C. Me refiero al Código de las leyes de Manú (1). Constituye este Código lo que se llama un “dharma- sutra” (de dharma –ley cósmica, ley moral que se manifiesta en el mundo natural y en el moral, social y político- y de sutra, que significa trama, tejido, recopilación de sentencias, aforismos, máximas, tratados sapienciales, doctrinales etc.). En esencia, este código es un tratado doctrinal-sacerdotal, destinado a glorificar la casta de los sacerdotes brahmanes y asegurarles la dirección efectiva de la sociedad, su posición hegemónica en ella. Toda la sociedad está impregnada de religiosidad: no se distingue lo sagrado de lo profano, en la India hinduista todo es sagrado.

El Código contiene, pues, el conjunto de preceptos, rituales y sacrificios que debe regir la vida del hombre en sus aspectos familiar, social, moral, jurídico y religioso; ya que todo es sagrado y está ritualizado: comer, lavarse, dormir, hacer el amor (recuérdese el “popular” Kamasutra) etc., toda la existencia cotidiana está dominada o presidida por el poder sacro. Y son, precisamente, los sacerdotes brahmanes, los encargados de conservar, custodiar, transmitir, enseñar y aplicar el ritual debido en cada caso “estrictamente”, con lo cual se autoerigen en depositarios monopolizadores del saber y del poder de la sociedad. Por eso el poder tradicional en la sociedad india siempre fue una teocracia indirecta de los brahmanes, fundada en un sistema de castas muy elaborado y rígido, esto es: de grupos sociales o formas hereditarias de vida social estratificada, separadas entre sí por prescripciones de pureza y limpieza ritual, de tal forma que se impedía cualquier forma de movilidad social (2).

ANTROPÓLOGO. — Me interesa mucho que amplíe un poco la significación y funcionalidad de este sistema de castas.

SWAMI. — Lo intentaré. Este sistema de castas comportaba no sólo una rígida división del trabajo social sino, sobre todo, una forma de vida específica impuesta por el dharma de cada casta e individuo.

Cada uno tiene su dharma intransferible, la actividad para la que ha nacido, sus propios deberes, que deben ser obedecidos ritualmente para no romper el orden cósmico (Rta) (3). No hay más ética que la práctica del dharma: de la tarea de cada uno, de su misión en esta vida, derivada de su naturaleza propia. Si no lo cumple y se transgrede el dharma, sobrevendrán el pecado, la enfermedad, la desdicha, ya que hay una estrecha vinculación entre el orden cósmico-natural, el jurídico-social y el personal-familiar. Si lo cumple, realiza un “acto de verdad”, como enseña la leyenda de las “Preguntas del rey a Milinda” (“Milindapañha”):

Estando Asoka a orillas del Ganges en su capital de Pataliputra preguntó a sus ministros si sería posible correr hacia arriba las aguas del río, respondiéndole unánimes que tal cosa parece inconcebible; oyó la conversación una refinada prostituta llamada Bindumati, quien disintió, y en prueba se ofreció a cumplir el milagro mediante la realización de un ‘acto de verdad’; para ello cumplió enteramente su oficio en un ‘acto de verdad’, esto es, plena y efectivamente, y el río remontó al instante su corriente”.

Dharma, texto sacro (Pixabay)

Las castas en su origen eran numerosísimas (4), con el tiempo se redujeron a cuatro castas o “coloraciones” básicas (aunque subdivididas en múltiples “jati” o categorías en función de los nacimientos y profesiones): 1ª, la casta de los Brahmanes, clase sacerdotal, jefes religiosos, procedentes de la boca de Purusha (el Hombre Primordial), dedicados al estudio de los Vedas y a los sacrificios y ceremonias. Tienen su propio dharma, su código de actividades propias e incluso su propio tipo de alimentación.; la 2ª, es la de Los Chatriyas, el estamento guerrero (“rajás”: protectores del pueblo) y gobernante que rige benevolentemente al pueblo; proceden del brazo de Purusha; 3ª los Vaisyas o casta trabajadora, labradores, artesanos, ganaderos, comerciantes, todos los que trabajan con sus manos; proceden del muslo de Purusha; 4ª, los Sudras la casta inferior que desempeña los oficios más inferiores y sirven a las castas anteriores.

Y por debajo de todas las anteriores, y fuera del sistema, se encontrarían los Parias, intocables (Gandhi los llamaba afectuosamente “harijans”, “hijos de Dios”) (5).

SOCIÓLOGO.- De todo lo que nuestro ilustre Swami nos ha enseñado de la civilización india, y ha sido mucho -su sublime espiritualidad, su pluralismo, su tolerancia y liberalidad, su antifanatismo y antidogmatismo, su doctrina de la no violencia, su pacifismo-, es este aspecto de la civilización hinduista (el sistema de castas, sin olvidar el de la absoluta subordinación y sometimiento de la mujer) (6) en su milenaria cultura, de la que no hemos podido hablar en estas sesiones, el que más hiere nuestra sensibilidad occidental y el que más se aparta de nuestra concepción de la igualdad y de la dignidad humanas y del respeto por los derechos humanos de todos. ¿Cómo es posible que el hinduismo justifique y legitime, santificándolo, un sistema social tan injusto como éste?

Quiero recordaros que Max Weber, y otros sociólogos de la religión, historiadores o economistas (7), ya repararon en esta injusticia y que, en su opinión, fueron, en efecto, las especiales características de la cosmovisión india e hinduista de la vida -con su énfasis en la reencarnación y en el karma inexorable de cada individuo, el desapego del mundo y de la vida social que comportaban, la constante apelación a la contemplación mística, la mortificación y la ascesis, la imposibilidad de cambiar las condiciones presentes de vida y las exigencias del propio dharma, además de este rígido sistema de castas- las que impidieron durante milenios el establecimiento en la India de un sistema político y económico racional y las que han llegado a configurar su civilización -en expresión del propio Weber- como extramundana, transcósmica y mística.

Por su parte, el gran escritor indio Vidiadhar S. Naipul, premio Nobel de Literatura en el 2001, en su ensayo India. La civilización herida, ha calificado las castas -santificadas por la tradición hinduista- como una plaga, un lastre o rémora que ha impedido durante milenios el crecimiento individual, social y económico de la India, llegando a expresar críticas tan descalificadoras como estas:

La pobreza india es más deshumanizadora que cualquier máquina. Más que en cualquier civilización de la máquina, los hombres, en la India, son unidades encerradas en una estrecha obediencia por su ideal del dharma […] Lo que hace de la casta una plaga no es sólo la intocabilidad y la consiguiente divinización de la suciedad en la India; la plaga, en una India que trata de crecer, es también la general obediencia que impone, como satisfacciones disponibles, la disminución del espíritu de aventura, el alejamiento de la individualidad humana y la posibilidad de sobresalir” (8).

V. S. Naipaul ::Faizul Latif Chowdhury (Wikipedia)

Después de escuchar este duro testimonio del escritor V. S. Naipaul, mi respetado Swami, ¿qué podría decirnos de todo ello?

SWAMI. — Afortunadamente la democratización de la India tras su descolonización e independencia abolió formalmente el sistema de castas (artículo 17 de la Constitución de 1947). Y aunque los cambios sociales tardan en fructificar en las mentalidades humanas, la sociedad India, la India moderna, va liberándose de semejantes prejuicios y creencias irracionales. Nuestra joven y mundialmente conocida escritora, Arundhati Roy (9), recordaba por eso en una reciente entrevista que “en este país vivimos en varios siglos y al mismo tiempo” y que la actual situación del subcontinente indio es “la de un país viejo intentando vivir en uno reciente”. Es seguro que el impacto de la globalización irá erradicando progresivamente todos esos tabúes ancestrales, que tanto han lastrado su desarrollo humano y social.

El hinduismo, como cualquier otra ideología, religión o filosofía, puede albergar en su historia palmarias injusticias, situaciones inaceptables y lesivas para la dignidad humana. Pero también es verdad que hay pocas concepciones del mundo, pocas religiosidades tan tolerantes, tan permeables, tan abiertas al cambio y a incluir en su seno sus propias contradicciones. Ningún hindú puede convertir en absoluto un único y exclusivo camino. El hinduismo asumió, en su momento, el “liberalismo político” y la “democracia”, y estoy seguro que podrá asumir también, que lo está asumiendo desde hace tiempo (10), la igualdad de hombres y mujeres, la erradicación de la pobreza y de las injusticias sociales (11), así como la progresiva aplicación, en sus instituciones políticas y sociales, de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

BIBLIOGRAFÍA CITADA Y NOTAS

1) El término Manú procede de la raíz “mana” (inteligencia); el hombre es, por eso, “manava”.

2) El sistema de castas comienza a formarse hacia el año mil a.C. La palabra sánscrita que las designa es “jâti” que significa “nacimiento” (actualmente indica un grupo social). El término “casta” procede de los portugueses, los primeros europeos que se establecieron en la India (Vasco de Gama llegó en 1498) y procede del latín “castum” (casto).

3) La “Rta es un concepto que procede del Zend Avesta irano-persa (“asha”, “arta”) y significa también orden cósmico y moral.

4) Aún en la actualidad los expertos hablan de la imposibilidad de determinar su número exacto. En los años sesenta los especialistas señalaban la existencia de cerca de tres mil castas (¡).

5) Tanto en el mito de los metales de Platón, como en la postulada ideología indoeuropea del historiador Georges Dumezil (cf. Los dioses indoeuropeos) nos encontramos con esta parecida estratificación social y funcional: clase gobernante, clase guerrera y clase trabajadora. Con la diferencia de que no eran castas cerradas, sino con posibilidades de una cierta movilidad social.

6) En el Código de Manú se prescribe: “nada debe ser hecho independientemente por una niña, ni por una joven, ni siquiera por una anciana; incluso en su propia casa. En la infancia debe estar sujeta a su padre, en la juventud a su esposo, cuando su señor ha muerto, a sus hijos”.

7) Gunnar Myrdal, en su gran estudio sobre la pobreza de Asia Meridional (Asian Drama: An Inquiry into the Poverty of Nation, Nueva York, 1968) llegó a la conclusión de que la religión india constituye “una tremenda fuerza de inercia social” y que en ninguna parte actuaba como un agente positivo de cambio, como lo hicieron el calvinismo o el Jodo Shinshu. Aparte del torpor espiritual inducido por el hinduismo, Myrdal puso de relieve que la prohibición hindú de matar vacas era por sí misma un obstáculo mayor al crecimiento económico, en un país donde el número de vacas improductivas igualaba la mitad de la población, ya de por sí muy considerable. (Sobre el origen del tabú y de la veneración a las vacas, cfr.: Marvin Harris, Vacas, cerdos guerras y brujas. Los enigmas de la cultura, Alianza, 1980).

8) India: A Wounded Civilización, Nueva York, Vintage Books, 1978, pp. 187-188. La Dalit and Tribal People’s Electronics Resource Site, de la India, denunciaba hace apenas unos decenios la exclusión social de aproximadamente 250 millones de personas, pertenecientes a las castas bajas.

9) Novelista, autora de El dios de las pequeñas cosas, Anagrama, Barcelona, 1991.

10) La ley de 1976 sobre protección de los derechos civiles trata de establecer una mayor igualdad entre los ciudadanos indios

11) Gracias a un impresionante despegue económico que, si bien todavía no alcanza a la mayoría de su población -el boom económico indio está siendo llevado a cabo por no más del 25 % de una población de más de 1. 100 millones de habitantes- ha hecho de la India la cuarta potencia del mundo en lo que se refiere a la tasa de crecimiento de su economía (de un 7% a un 9% de promedio en esta década) y uno de los líderes mundiales en sectores como el informático, el telemático y el nuclear, sin olvidar su mayor industria, la cinematográfica de Bollywood, que mete diariamente a más de catorce millones de indios en las salas de cine del país. Si a ello añadimos que el 70% de su población tiene menos de 35 años y que alguna de sus Universidades de elite se codea con las mejores del mundo en ciencias puras y en tecnologías punta, sus expectativas de progreso material son verdaderamente esperanzadoras.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL CONSULTADA SOBRE EL PENSAMIENTO HINDUISTA

Agud, Ana, Pensamiento y cultura en la Antigua India, Akal, Barcelona, 1996.

Canedo, J., Resumen de literatura sánscrita, C.S.I.C., Madrid, 1942.

Glasenap, Helmuth von, La filosofía de los hindúes, Barral, Barcelona, 1977.

Hegel, J. G. F., Lecciones sobre Historia de la Filosofía, FCE, México, 1966.

Mahadevan, T. P. M., Invitación a la filosofía de la India, F. C. E., México, 1991.

Mosterin, Jesús. El pensamiento de la India, Salvat, Barcelona, 1982.

Pániker, Salvador, Aproximación al origen, Kairós, Barcelona, 1980.

Riviere, J. Roger, El pensamiento filosófico de Asia, B. H. F., Gredos, Madrid, 1960.

Rodríguez Adrados, F., Villar Liébana, F. (editores), Atma y Brahma. Upanisad del Gran Aranyaka y Bhagavadgita.

Trungpa, Chögyam y Guenther, Herbert V., El amanecer del Tranta, Kairós, Barcelona, 1976.

Villar Liébana, Francisco, Himnos Védicos, Editora nacional, Madrid, 1975.

Watts, Alan W, Psicoterapia del Este, Psicoterapia del Oeste, Kairós, Barcelona, 1968.

Weber, Max, Sociología de la religión, Istmo, Madrid, 1997.

Weber, Max, Economía y sociedad, FCE, Madrid, 1993.

Zimmer, Heinrich Filosofías de la India, Eudeba, Buenos Aires, 1979.

 

 

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Tomas Moreno Fernández,

Catedrático de Filosofía

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