Juan José Gallego Tribaldos: «Pinos Puente»

En la Vega de Granada,
a los pies de Sierra Elvira,
el pueblo de Pinos Puente
late, vive y se enraíza
a la vera del Genil,
del Velillos y Cubillas
que inseminan las choperas
con placidez clandestina.

El Cerro de los Infantes,
según narra Tito Livio,
fue una acrópolis ibérica
colindante al río Velillos,
donde pudo ser que Ilurco
se aposentó en un principio
y hoy suscita el interés
de arqueólogos y eruditos.

Asentamiento prehistórico,
posiblemente fenicio,
en este cerro se hallaron
interesantes vestigios
de artesanos alfareros
que hace más de treinta siglos
por la Vega de Granada
practicaban ya este oficio.

El Cerro de los Infantes
conlleva una justa fama
por los arcanos hallazgos
que en su suelo se ocultaban,
como restos epigráficos
y piezas de numismática,
aunque lo más relevante,
las esculturas romanas
de Apolo, Venus y Baco
en bronce y mármol talladas.

El nombre de “los Infantes”
se le debe a una batalla
que perdieron los cristianos
ante el sultán de Granada
y en la misma perecieron,
en una adversa jornada,
dos príncipes herederos
de la corte castellana,
cuando el reino nazarí
estas tierras dominaba.

En la olmeda de Alitaje
se hallan los olmos más altos
que por este entorno existen,
siendo el lugar adecuado
para ir de romería
en las fiestas del poblado
al acabar las faenas
veraniegas de los campos.

En Pinos existe un puente
que le da nombre a la villa
con tres arcos de herradura
y piezas de sillería;
sorprende el arco de paso
bajo torre derruida
con su bóveda mudéjar,
y, en una blanca capilla,
la Casita de la Virgen
en el pueblo tan querida,
deslumbrando sobre el puente
como estrella matutina.

Dicen algunos que el puente
es construcción primitiva
cuando romanos o godos
gobernaban la península,
pero otros hay que lo niegan
y la edificación fijan
por los tiempos del medievo
en plena etapa islamista,
con su estilo califal
sobre el torso del Cubillas.

El puente tiene una historia
muy curiosa y atractiva,
pues según narran las crónicas,
cuando Isabel de Castilla
le denegó a Colón
el plan que le proponía
de navegar a occidente
para llegar a las Indias,
el intrépido marino,
ante dicha negativa,
abandonó Santa Fe
con una urgencia imprevista.

La reina se arrepintió
de la decisión tomada
enviando un mensajero
para que Colón tornara
y en las Capitulaciones
el proyecto se ultimara.

Fue en el histórico puente
donde al marino alcanzara
el heraldo de la reina,
cuando Colón ya marchaba
para buscar otras fuentes
que su empresa financiaran
siendo inmediato objetivo
la monarquía de Francia.

Por el siglo XIX,
en la Vega de Granada,
florecieron las industrias
pioneras en toda España
para conseguir azúcar
prensando las remolachas
que originaron fortunas
y una clase adinerada,
aunque también las rencillas
se expandieron como el agua.

Por la Vega, las choperas
en torno al pueblo ensambladas,
van marcando la cadencia
que en los veranos amansa
el soponcio de las tardes,
el calor de las mañanas
y los murmullos nocturnos
del braceo de sus ramas
siendo los pinospontenses
sus fieles más entusiastas.

Las acequias y canales
van repartiendo las aguas
por las generosas tierras
de la Vega de Granada,
que arropada por la sierra
se extasía ensimismada
con el verdor de maizales
al primer rayo del alba.

Los chopos, que en primavera
exhiben con elegancia
sus cimbreos de bailarinas
con melenas verdeclaras,
en el otoño se encienden
como las piras en llamas
al albur de los ocasos
cuando van de retirada
y por la Sierra de Elvira
la luz brota anaranjada.

 

Próxima entrega: NIGÜELAS

 

 

 

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Juan José Gallego Tribaldos

Profesor jubilado y escritor,  autor de

Ortografía práctica del español; Ronda para niños,

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