En un momento en el que Granada aspira a reforzar su proyección cultural con iniciativas como la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031, resulta especialmente significativo —y sorprendentemente poco visibilizado— el logro de una de sus formaciones más brillantes: el Coro Pequeñas Voces de la Alhambra.
En apenas cinco meses, este coro, integrado por niños y jóvenes de entre 7 y 17 años, ha alcanzado un hito extraordinario al conseguir tres primeros premios en algunos de los certámenes corales más relevantes del panorama nacional e internacional.

La agrupación inició su trayectoria de éxitos en diciembre de 2025 con el Primer Premio en el IV Certamen Coral de Binissalem. En febrero de 2026, revalidó su excelencia al imponerse en el IV Certamen Coral “Ciudad de Granada”. Y más recientemente, en abril de 2026, ha logrado el Primer Premio en el 31º Certamen Internacional de Habaneras de Torrevieja, una de las citas más prestigiosas del género, donde su interpretación ha emocionado por su calidad técnica y sensibilidad artística.
Bajo la dirección de Myriam Gálvez, el coro se ha convertido en un ejemplo de compromiso, disciplina y amor por la música. Pero, más allá de los galardones, representa algo aún más valioso: el talento joven que crece en Granada y que proyecta el nombre de la ciudad con excelencia dentro y fuera de sus fronteras.

En este contexto, resulta inevitable preguntarse cómo es posible que un logro de tal magnitud no esté ocupando el lugar que merece en la conversación cultural local. El Coro Pequeñas Voces de la Alhambra no solo suma premios; encarna, en sí mismo, el espíritu cultural, educativo y humano que iniciativas como Granada 2031 buscan poner en valor.
Reconocer y visibilizar este tipo de éxitos no es solo una cuestión de orgullo, sino también de coherencia con el modelo de ciudad cultural al que Granada aspira.
Olga Cruz Miranda
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