Enseñar a leer, escribir o resolver problemas matemáticos sigue siendo fundamental en la escuela. Pero cada vez son más los centros educativos que entienden que aprender a convivir, gestionar las emociones o resolver conflictos de forma pacífica es igual de importante para el desarrollo integral del alumnado. En esa dirección trabaja el CEIP Los Jarales, de Rincón de la Victoria (Málaga), que ha convertido la convivencia escolar en uno de los pilares de su proyecto educativo.
Durante el curso, el centro ha desarrollado tres iniciativas específicas dirigidas a las distintas etapas de Educación Primaria, adaptando las actuaciones a las necesidades y características de cada edad. Un trabajo continuado que ha permitido reforzar valores, mejorar las relaciones entre iguales y dotar al alumnado de herramientas para afrontar situaciones cotidianas desde el respeto y la empatía.

Los más pequeños han descubierto el valor de la convivencia a través de los cuentos. Las historias, los personajes y las situaciones narradas se han convertido en una oportunidad para reflexionar sobre la amistad, la solidaridad, la ayuda mutua o el respeto hacia los demás. La literatura infantil ha servido así como vehículo para aprender a ponerse en el lugar del otro y comprender mejor las emociones propias y ajenas.

En el segundo ciclo, las actuaciones se han centrado en la mejora de la conducta dentro del aula. Mediante dinámicas participativas, refuerzo positivo y estrategias de autorregulación, el alumnado ha trabajado aspectos relacionados con la responsabilidad, el respeto a las normas y la convivencia diaria, favoreciendo un clima de aula más tranquilo y colaborativo.
Por su parte, el alumnado de tercer ciclo ha participado en el proyecto “Convive. Nivel 1”, una iniciativa impulsada por el área de Bienestar Social orientada a fortalecer la inteligencia emocional, la comunicación asertiva y la resolución pacífica de conflictos. Un trabajo especialmente relevante en una etapa en la que comienzan a producirse importantes cambios personales y sociales.

Uno de los aspectos más destacados de estos proyectos ha sido el paso de una convivencia basada en la reacción ante los problemas a otra centrada en la prevención. El alumnado aprende a identificar sus emociones, analizar sus respuestas ante los conflictos y buscar alternativas más adecuadas para relacionarse con los demás. En definitiva, se trata de formar niños y niñas capaces de convivir de manera saludable tanto dentro como fuera del entorno escolar.
Desde el centro destacan que los buenos resultados obtenidos son fruto del trabajo conjunto de toda la comunidad educativa. La coordinación entre el Aula de Convivencia, el Equipo Directivo, el profesorado, el Equipo de Orientación y el propio alumnado ha permitido dar coherencia y continuidad a todas las actuaciones desarrolladas. Un papel especialmente relevante ha desempeñado la figura del Coordinador de Bienestar y Protección de la Infancia, impulsor de numerosas iniciativas destinadas a garantizar el bienestar emocional y la cultura de paz en el centro.

El balance final es esperanzador. Aulas más cohesionadas, alumnado con mayor capacidad para gestionar sus emociones y una comunidad educativa comprometida con la convivencia son algunos de los logros alcanzados. Porque educar en valores, escuchar, dialogar y aprender a convivir siguen siendo algunas de las lecciones más importantes que puede ofrecer la escuela.






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