0. INTRODUCCIÓN
Estoy convencido de que, en nuestro siglo, la filosofía no solo debe buscarse en los tratados y ensayos propios de la disciplina, sino también en otras manifestaciones creativas, como las obras literarias, el cine o las series de televisión. En este trabajo me propongo, justamente, llevar a cabo ese ejercicio en relación con una de ellas: Battlestar Galactica —título que podría traducirse como “Galáctica, estrella de combate”—. No obstante, antes de proceder a extraer su enjundia filosófica —que se desarrollará a lo largo de diversos apartados, sin pretensión de exhaustividad dada su riqueza en ese sentido—, expondremos algunos datos técnicos sobre la serie, así como su argumento y sus personajes más destacados. Este será, pues, el primer punto de nuestro estudio.
1. DATOS TÉCNICOS, ARGUMENTO Y PRINCIPALES PERSONAJES
Battlestar Galactica es una serie televisiva que se inscribe dentro del género de la ciencia ficción, de nacionalidad estadounidense, pero con una fuerte participación canadiense. Consta de una miniserie inicial (2003), compuesta por dos episodios largos —de entre 85 y 90 minutos de duración cada uno—, que sirve de preámbulo imprescindible para entender la acción de la serie propiamente dicha. Esta última se estructura en cuatro temporadas (emitidas entre 2004 y 2009), que arrojan un total de 73 episodios, con una duración media de entre 42 y 45 minutos.
Dentro de aquellos, cabría distinguir —y confieso que se trata de una distinción muy personal— entre “episodios progresivos”, que suponen un avance en el despliegue de la trama general, y “episodios introspectivos”, que se detienen en determinados aspectos del universo narrativo —como la economía sumergida, el racismo, la precariedad laboral, etc.—, o bien arrojan luz sobre elementos del pasado. Podría afirmarse que, si bien son los primeros los que confieren dinamismo a la serie, son los segundos, en cambio, los que le otorgan su “poso reflexivo”, sin que ello signifique que los anteriores carezcan por completo del componente meditativo.
Una vez aportados estos datos técnicos básicos, pasemos a exponer el argumento de esta producción para la pequeña pantalla adelantando que ofreceremos una versión simplificada del mismo, de modo que la necesaria omisión de ciertas cosas no altere su sentido.

Después de abandonar su planeta originario, Kobol, la humanidad se asienta en doce nuevos mundos —“las Doce Colonias”—, en cada uno de los cuales se establece una de las doce tribus que la componen, formando entre ellas una federación cuya capital se encuentra en el planeta Caprica.
En esos nuevos mundos la humanidad prospera y se desarrolla extraordinariamente, hasta el punto de crear robots inteligentes (los “cylons”) para realizar los trabajos más onerosos. No obstante, llegó un momento en el que los cylons se rebelaron contra sus creadores humanos, iniciándose la llamada “Primera Guerra Cylon”, que, luego de causar enormes pérdidas tanto materiales como humanas, concluyó en una suerte de armisticio, tras el cual los cylons desaparecieron sin dar señales de vida durante sesenta años.
Sin embargo, en un momento dado, los cylons abandonaron su misterioso retiro y regresaron mucho más evolucionados —prueba de ello es que ahora estaban gobernados por androides indistinguibles, en apariencia, de los seres humanos— para lanzar, inesperadamente, un ataque devastador sobre las Doce Colonias que, además de reducirlas a ruinas, acaba prácticamente con todos sus habitantes, situando a la raza humana al borde de la extinción.
Únicamente escaparon del genocidio, por un lado, algunos grupos dispersos de individuos en las propias Colonias —que acabarán organizando formas de resistencia contra las fuerzas ocupantes cylons— y, por otro, las aproximadamente cincuenta mil personas que, en el momento de la letal ofensiva, se encontraban a bordo de diversas naves, civiles o militares, en el espacio exterior. Dichas naves se juntan constituyendo una variopinta flota estelar que, bajo el amparo de la Battlestar Galactica —el único crucero de combate en funcionamiento que había sobrevivido—, se dirige, liderada en el plano político por la presidenta accidental Laura Roslin y en el plano militar por el comandante (y más tarde almirante) William Adama, hacia un remoto y legendario planeta llamado “Tierra”, cuya existencia había sido transmitida por la tradición, a donde habría marchado una decimotercera tribu humana durante la diáspora de Kobol, con objeto de comenzar allí de nuevo, lejos y a salvo de la amenaza cylon.
Tras una odisea de cuatro años, marcada por la persecución constante de sus enemigos y por periódicos enfrentamientos con ellos, la flota alcanza finalmente su destino, que no resulta ser exactamente el esperado.
Centrémonos, por último, en los personajes más importantes de la serie en cuestión. Dentro de la rica galería de personajes que presenta aquella, destacaríamos, por la “parte humana”, los siguientes:
–William Adama: es el comandante y, posteriormente, almirante de la nave “Battlestar Galactica”; un militar muy experimentado —el inesperado ataque cylon le sorprende cuando estaba a punto de retirarse—, reservado, sufrido y juicioso, poseedor de una cualidad admirable, a saber, la capacidad de reconocer sus errores y rectificarlos; se trata de un verdadero líder para momentos críticos que concita la adhesión incondicional de sus subordinados.
–Laura Roslin: es la presidenta accidental de lo poco que resta de las antiguas Doce Colonias, esto es, de las diversas naves que componen la improvisada flota estelar, al ser el único cargo con vida de la administración que regía aquellas; desarrolla principalmente su actividad en la nave “Colonial One”, que vendría a ser la sede del poder civil dentro de la flota; representa una mujer carismática, de firmes principios pero también pragmática en la medida en que sabe sacrificarlos por causas de fuerza mayor, que lucha con entereza —sin descuidar ni un ápice su labor— contra una enfermedad incurable, lo que confiere a su figura una dimensión de “trágica grandeza”; constituye, junto a William Adama, el otro gran líder —en este caso político— que necesita la restringida comunidad humana que gobierna en horas muy bajas.
–Lee Adama: hijo del almirante Adama —con el que mantiene una relación de amor y conflicto, aunque finalmente prevalece el primero—, es el “CAG” de la “Battlestar Galactica”, es decir, el jefe de los pilotos de las pequeñas naves de combate (conocidas como “vipers”) que despegan del interior de ese crucero de guerra cuando la situación lo requiere; recibe también el nombre de “Apollo” y, a decir verdad, es un individuo apolíneo en sentido nietzscheano, pues resulta sensato, equilibrado —valiente, pero no temerario— e idealista; precisamente, ese idealismo le conduce, desde la esfera militar de la que procede, al ámbito de la política tras un breve paso por el Derecho.

–Kara Thrace puede considerarse la contrafaz de Apollo; “Starbuck”, como también se la conoce, es un personaje dionisíaco —nuevamente en el sentido nietzscheano del término— dado que se trata de una mujer impulsiva, indisciplinada, caótica y, sin embargo, el mejor piloto de combate, con diferencia, de la “Battlestar Galactica”, dotada de una rara intuición y una fe inquebrantable en sí misma que se revelarán como cruciales para el éxito de la misión de la maltrecha flota espacial. Sin lugar a duda, una de las figuras más icónicas de la serie
–Gaius Baltar: el personaje más desconcertante de todos, habida cuenta de su condición camaleónica; en efecto, a lo largo del desarrollo de esta creación televisiva asume, sucesivamente, los roles de científico brillante, político triunfante, reo sometido a juicio y “gurú” hipócrita de una secta religiosa tras ser absuelto; a lo que se añade, para completar el cuadro, su profunda inestabilidad psicológica, puesto que está dominado por sentimientos de culpa y de miedo, presenta una marcada tendencia al autoengaño, incurre en reacciones de carácter histriónico y, para terminar de complicar las cosas, padece alucinaciones visuales y auditivas —cuya protagonista es Caprica Six—, con las que interactúa.
En lo que respecta a los “cylons humanoides”, por así decirlo, más que detenernos en uno en particular, convendría clasificarlos entre antagonistas absolutos de la raza humana y aquellos que se muestran más dispuestos a tener una relación más civilizada e, incluso, a colaborar con ella. Dentro de los “antagonistas” se encuadrarían:
- Los númerosi 1, 4 y 5, es decir, John Cavil, Simon y Aaron Doral: los tres son varones; el primero, en contraste con los otros dos, presenta aspecto de persona mayor y es el verdadero jefe del bando cylon, caracterizado por su astucia, su crueldad y su desprecio hacia los seres humanos; por su parte, Simon —el único modelo de apariencia afrodescendiente— y Aaron Doral, que ejercen, respectivamente, de médico y de relaciones públicas (cuando se infiltra entre los humanos), son fieles peones de John Cavil, con quien comparten una total ausencia de empatía hacia la humanidad.

Dentro de los que están dispuestos a “confraternizar” se situarían:
- Los números 1 2, 6 y 8, es decir, Leoben Conoy, Caprica Six y Sharon (el primero un varón y las dos restantes, mujeres, en el caso de la última, de rasgos asiáticos): Leoben Conoy presenta un carácter cuasi místico y entablará una relación muy especial con Kara Thrace (porque es el único que visualiza el destino singular que le está reservado a aquella) mientras que Caprica Six (seductora y que exhibe una doble naturaleza de “ángel/demonio”) y Sharon (aquejada de “problemas de identidad”) establecen vínculos, respectivamente, con el ya mencionado Gaius Baltar y Karl C. Agathon (otro notable piloto de combate de la “Battlestar Galactica”), de carácter sentimental en lo que concierne a Caprica Six y de tipo conyugal, además, en lo que atañe a Sharon.
Tratamiento aparte merece el “cylon humanoide” número 3, una mujer blanca (como Caprica Six) de nombre D’Anna Biers, que, si bien en un principio milita en la facción de los antagonistas, luego, cuando “cae en desgracia” ante el dirigente de dicha facción —John Cavil— por su empeño en penetrar en los más recónditos y prohibidos arcanos de los suyos, se aproxima a la otra facción. Su pasión por la búsqueda de la verdad le imprime una dimensión filosófica que la distingue del resto de sus congéneresii.
Una vez efectuada la semblanza de los principales personajes que pueblan esta serie, nos ocuparemos a continuación de los temas más relevantes que aparecen en ella, los cuales conforman, por así decirlo, su “núcleo reflexivo”.
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i Los “cylons humanoides” fueron concebidos en series numeradas, de manera que, cuando uno muere, su conciencia transmigra a un cuerpo exactamente igual. Es lo que llaman “el proceso de resurrección”; además, esa conciencia que transmigra se enriquece con las nuevas experiencias adquiridas a través de las sucesivas existencias.
ii El modelo número 7 —Daniel— fue eliminado antes del desarrollo de los acontecimientos principales por decisión de John Cavil, al considerarlo un diseño demasiado sensible y cercano a lo humano, incompatible con su concepción de los cylons, lo que explica su ausencia en la serie y añade un elemento más a la compleja dinámica interna de los mismos.
INDICE
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (1/7): Introducción
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (2/7): Temas
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (3/7): Antropología filosófica
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (4/7): Filosofía práctica: ética y política (I)
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (5/7): Filosofía práctica: ética y política (II)
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (6/7): Filosofía de la técnica
Battlestar Galactica: en busca de una humanidad perdida. Un estudio filosófico (7/7): Referencias históricas y culturales






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