Hay personas que pasan por la vida con pie firme y salen de ella dejando su huella en los libros de Historia, para bien o para mal. Otras pasan como de puntillas, sin hacer ruido, y el eco de su presencia se desvanece hasta quedar integrado en el aire que nos envuelve. Y hay otras que, habiendo dedicado su existencia a intentar mejorar la sociedad que las vio nacer y crecer impulsando proyectos e incluso poniendo su fortuna al servicio de los mismos, se apean de este tren en marcha que es la vida mientras los compañeros de viaje van olvidando al que los acompañó durante una parte del trayecto sin importarles que les hiciera más amena una parte del mismo.
En este último grupo se halla un gran hombre, un hombre que, enamorado de Granada siempre, pidió en su última voluntad ser enterrado en ella, y fue el tren expreso de Madrid el encargado de cumplirla el 17 de julio de 1936. Granada, consternada, recibía en la Estación de Andaluces el féretro de Julio Quesada Cañaveral y Piédrola, duque de San Pedro de Galatino, conde de Benalúa y señor de Láchar. Ese prócer de Granada, como lo denominó su biógrafo Antonio Corral López, cerró su paso por la vida con el último viaje, el definitivo, de tantos como realizó, y no faltaron hombros para conducirlo por las calles de nuestra ciudad hasta la catedral donde desde entonces descansa. El 16 de julio, el periódico Ideal dedicaba su portada al luctuoso suceso acontecido la víspera.

Granada tiene una deuda de gratitud con el duque de San Pedro de Galatino y es de justicia que su nombre, que a tantos hoy no dice nada, no caiga en el olvido porque, gran visionario, supo reconocer y poner en valor los tesoros —poco apreciados por sus coetáneos— que nuestra ciudad y su provincia ofrecen a oriundos y foráneos. Pero Julio Benalúa, como era conocido por sus amigos, hombre de vasta cultura y “muy viajado” tenía una sensibilidad especial que le llevó a proyectar a Granada hacia el futuro. Él entendió bien que Granada no solo era pasado —con ese rico patrimonio histórico-artístico que poseía—, sino presente del que disfrutar y futuro que debía conquistar. Para ello, invirtió su fortuna personal en crear empresas que estarían al servicio de ese pujante turismo que estaba por llegar y que él se atrevió a vaticinar. Granada necesitaba infraestructuras que invitaran a venir y así nació de su mano el fastuoso Hotel Alhambra Palace que el rey Alfonso XIII, su amigo, inauguró el 31 de diciembre de 1909. A él habrían de sumarse años después el Hotel Sierra Nevada —ubicado en las proximidades del Barranco de San Juan (Güéjar Sierra) y conocido por los granadinos como “hotel del duque”—, el impulso de la construcción de la carretera de Sierra Nevada y la creación de ese tranvía de la Sierra del que un monolito que se eleva a los aires entre aromas de arrayán en los jardines del paseo de la Bomba se hace eco con sus palabras: “Fue mi anhelo abrir camino a la Sierra y ofrecer a Granada sus emociones y tesoros”.

Pero su labor no se quedó solo en lo turístico. Fue además un gran dinamizador social y económico en la Vega de Granada donde acometió grandes empresas: la azucarera Conde de Benalúa de Láchar, el tren de vía estrecha que la conectó con Íllora, un pantano, una fábrica de electricidad, molinos de aceite y harina, lagares, tahonas, escuelas…
Hay que agradecer a la Federación de Empresas de Hostelería y Turismo de Granada la creación del Premio Duque de San Pedro de Galatino (que este año celebrará su XXVIII edición) con el que se reconoce la labor en este ámbito de empresas y particulares al tiempo que mantiene viva la memoria de Julio Quesada Cañaveral, pero considero que Granada aún puede hacer más

Autoridades, instituciones, Iglesia, medios de comunicación y ciudadanos tenemos la responsabilidad de hacer pedagogía para que las generaciones venideras tengan presente a “nuestro duque”. Quizás un busto en un lugar próximo al espacio que acoge sus restos o la concesión a título póstumo del ducado de Sierra Nevada —que para él pidió la ciudadanía granadina hace un siglo y que desestimó el gobierno de la Dictadura de Primo de Rivera— serían buenas opciones para este 2026 en que don Julio lleva 90 años durmiendo en el corazón de nuestra catedral, en la capilla de la Virgen de la Antigua ubicada junto a ese fantástico tabernáculo de plata que él, también, sufragó y encargó a José Navas Parejo.

Don Julio Quesada Cañaveral y Piédrola, gracias por querer a Granada, gracias por mostrarla al mundo, gracias por modernizarla y mejorarla. Una ciudad que aspira a ser capitalidad europea de la Cultura no puede olvidar a quien proyectó, en su época, la imagen de nuestra ciudad a nivel internacional, mejoró su visibilidad e infraestructuras y contribuyó a su desarrollo cultural, económico y social.


Victoria Eugenia Muñoz Jiménez
Licenció en Filosofía y Letras
especialidades de Filología Románica y Filología Francesa
Profesora de Secundaria en el Colegio Juan XXIII-Chana
Autora de varios libros, siendo el último ‘El secreto del Duque‘ Ed. Miguel Sánchez
Ver vídeo entrevista a Victoria Eugenia con motivo de la publicación de su libro dedicado a tan ilustre personaje:






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