Pedro López Ávila: «Naturaleza de las ideologías»

En el tiempo que vivimos el reverso de la verdad tiene millones de caras y un campo infinito.

Con los años a cuestas uno cree haber intuido que la credulidad de los seres humanos: ideológica, religiosa o del tipo que fuere es como una impresión que tiene lugar en nuestra alma a edades muy tempranas y que, con el paso del tiempo, nos va a diferenciar a unos de otros. Así, cuanto más sumisa y menos contrapesos presente nuestra conciencia, por distintos motivos – sobre todo culturales- -resulta más fácil imprimir algo en ella. Es decir, si estamos vacíos por dentro y carecemos de resistencia moral, ética o intelectual, por ejemplo, pareciera que nos inclinaremos con mayor facilidad bajo el peso de la primera persuasión, argumento o estratagema que nos llegare, aunque viniera del mismísimo diablo: Por esta circunstancia los niños, los vagos, el vulgo y los necios son propensos a dejarse llevar por los embaidores de este mundo.

El pensamiento de A. Machado a través de su Juan de Mairena se presenta aquí como anillo al dedo para observar comportamientos humanos en cualquier tiempo. Nuestro autor decía: «Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad . Por eso hay hombres capaces de comulgar con ruedas de molino». En este sentido, a lo largo de los tiempos siempre han existido los sofistas que han tratado de cambiar la realidad obvia por medio de la palabra, es decir sustituir la realidad empírica por una realidad narrativa. Su finalidad no es otra que la de ejercer poder y manipulación sobre la mente del otro para que este último ceda a una versión distorsionada de los hechos. En la actualidad los políticos, en general, aunque unos más que otros, se empeñan en decir falsedades, aun a sabiendas de que lo que están diciendo es falso; por tanto, van totalmente en contra de su propia conciencia, pero la conciencia hoy en día no vale para nada.

Cuanto acabamos de decir en la actualidad se le denomina posverdad; dicho de otro modo, a la maquinaria de los partidos le importa muy poco los hechos objetivos; lo que tiene vital importancia es convencer al otro a través de emociones, de tal manera que si es de noche el prójimo deba sentir en sus ojos el sol de la mañana. Lo curioso es que los mentirosos siempre deben ir cambiando su relato en función de las circunstancias, sujetas a mutación constante y, por tanto, han de variar su discurso de aquí y de allá lo que van diciendo de una misma cosa, encontrando versiones totalmente dispares,de manera que a unas personas o instituciones hablan de esta forma y a otras de otra . En el tiempo que vivimos el reverso de la verdad tiene millones de caras y un campo infinito.

Así, cuando todo el mundo miente y la verdad importa nada, el sujeto se cansa, se despolitiza y se aparta. Ante tanta desesperanza nos encontramos delante de un electorado apático y confundido que es mucho más fácil de gobernar. La filósofa Hannah Arendt decía al respecto “el sujeto ideal del gobierno totalitario no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino las personas para quienes la distinción entre el hecho y la ficción, y la distinción entre lo verdadero y lo falso ya no existe”. Así pues, a los que manejan el cotarro y llevan toda la vida en esto de la cosa pública – de la que viven sin grandes méritos intelectuales -, se les ocurren unas cosas que a un servidor, cuando los escucha, no puede por menos que soltar una carcajada irrefrenable, sobre todo, cuando oigo pensamiento tan brillante como este: «Yo con Begoña». ¡Qué barbaridad! Esto dinamita las leyes de la cordura y desmantela la viva historia del parlamentarismo mundial, mayor mediocridad es imposible ¡Madre mía!

Para Shelley, poeta romántico, (1792-1822) las ideologías no eran verdades filosóficas, morales o éticas, sino mecanismos psicopolíticos de control. Entendía Scheley que cuando una persona adopta una ideología deja de pensar por sí misma y empieza a ver el mundo a través de un guion preestablecido,convirtiéndose en prisionera de su propia mente. Para el poeta inglés «las ideologías son camisas de fuerza mentales que el poder utiliza para que la gente participe en su propia sumisión»; naturalmente, también entendía que la única forma de romperlas era a través de la libertad intelectual, el escepticismo y la imaginación empática que nos permite ver al ser humano real detrás de cualquier etiqueta política o religiosa.

Las ideologías no solo son un debate de ideas, dogmas o sistemas de creencias para la supervivencia social. sino también pertenencia al grupo a la comunidad o a la tribu. Hablar de algo que no se corresponda con los modelos preestablecidos en el mundo actual; o lo que es lo mismo, tener sesgos ideológicos contrarios a «la congregación» implica arriesgar la relación con tu familia, amigos o grupos políticos. Para el parroquiano es mucho más llevadero decir, dados los hechos: «están comprados», «mentiras» o «son bulos», antes que cambiar de opinión y pasar por el doloroso proceso de reconocer «me han mentido, me equivoqué», la gente prefiere proteger su identidad antes que aceptar la verdad empírica.

Por último, es conveniente decir que nuestros sesgos, en estos momentos, ya no son debilidades exclusivamente humanas y naturales, sino que hoy existe un sistema tecnológico masivo, con algoritmos muy precisos, que todos sabemos su desmesurado poder y que están diseñados para sacar partido a nuestra indignación, bajo el disfraz de lo razonable. Para este fin contamos con la industrialización de las redes sociales, que están diseñadas para reconfortarnos en nuestras creencias o para generar repulsa en el otro bando. De este modo, solemos rodearnos de gente que piensa casi como nosotros, a tal extremo, que llegamos a verla como la verdad o el sentido común. Y así, existe un importante número de personas que, sin pertenecer a la «hermandad» y sin el más mínimo conocimiento jurídico – aunque bastante desconectadas de la realidad y «comulgando con ruedas de molino», siguen repitiendo en las redes, en empaquetada indignación: «Yo con Begoña».

Pedro López Ávila

Ver todos los artículos de


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

IDEAL En Clase

© CMA Comunicación. Responsable Legal: Corporación de Medios de Andalucía S.A.. C.I.F.: A78865458. Dirección: C/ Huelva 2, Polígono de ASEGRA 18210 Peligros (Granada). Contacto: idealdigital@ideal.es . Tlf: +34 958 809 809. Datos Registrales: Registro Mercantil de Granada, folio 117, tomo 304 general, libro 204, sección 3ª sociedades, inscripción 4