Hará unos dos años (en 2004) que José Manuel García –hermano mayor de la Hermandad Virgen de las Nieves– me dejó, entre otros, el programa de la Feria y fiestas de Gabia Grande, del año 1942. Está editado por la imprenta Iberia, en la calle Gomérez 19, de Granada; pero en esta dirección ya no quedan rastros de la imprenta. En la portada del programa vemos un dibujo a plumilla de Ismael Caro, donde la Virgen de las Nieves aparece flanqueada entre la iglesia de la Encarnación y la Ermita. Y ya en páginas interiores, nos topamos con este sugestivo título: ¡Qué orgullo ser de Gabia!, de Manuel Gámez R. Copio literalmente unos párrafos, donde rebosa el cariño por la patria chica: Entre lo mucho que tenemos que agradecer a Dios por las deferencias que ha tenido con nosotros, la que ocupa su lugar principal, es el haber consentido que veamos la luz primera en este lindo pueblo andaluz que conserva un embrujo moruno en su arquitectura y en sus costumbres. Nos ha regalado también el vergel de nuestra Vega, un panorama encantador lleno de luz y alegría y presidido por la ingente mole de nuestra nevada sierra. Para complemento de dichas gracias, tenemos la suerte de estar cobijados bajo el manto de nuestra Patrona, la Virgen de las Nieves, que nos ha defendido y nos defenderá de todos los males y azotes a que estamos expuestos durante nuestro paso por este mundo.

Unas páginas más adelante viene El Rosario de la Ermita (romance), escrito por el gabirro Antonio Rodríguez Espinosa, que fue el primer maestro de Federico García Lorca en la escuela de Fuente Vaqueros. He aquí algunos fragmentos: Hay en torno de la Ermita / una pequeña terraza / ceñida por recios muros / hacia la Vega orientada, / donde los viejos celebran /sus sesiones cotidianas, / recibiendo las caricias / amorosas y templadas / del sol, que de rosa tiñe / las cumbres de Parapanda / (…) Alguno dice que estuvo / allá en la Guerra de África, / y ‘despachó’ más infieles / que arenas tiene el Sahara. / Todos fueron arrogantes / y mozos de rompe y rasga, / que se batían como fieras / por su honor y por su dama. / ¡Qué mujeres las de entonces! / (dicen cuando de ellas hablan). / Tan honestas… tan sencillas… / tan garbosas y tan guapas; / qué limpias y qué bonitas, y qué costumbres tan sanas. / En cambio, ¡cómo reniegan / de las cosas que ahora pasan! / Entre las mozas del día / no se encuentra una muchacha / que no resulte veleta, / cursilona y casquivana. / Todas llevan por vestido / una camisa de a cuarta / tan cortita y tan ceñida / que da vergüenza mirarlas. / (…) Los mozos son de alfeñique / y no sirven para nada. / Holgazanes… libertinos… / sin el valor y arrogancia / de los varones de antaño, / orgullo y prez de la raza. / (…). Cuando termina el rosario / los abuelos se separan / y se despiden diciendo: / ‘Si Dios quiere, hasta mañana’. / ¿Quién sabe si al día siguiente, / cuando toque la campana, / subirá alguno la cuesta / para nunca más bajarla?
En el programa de fiestas no podían faltar los típicos anuncios: Sebastián Torres Donaire. Fábrica de jabones Ntra. Sra. de las Nieves. Queipo del Llano, 22. Y en aquel entonces, Gabia Grande ya podía presumir de tener su Palacio de las Pipas: Próxima apertura del Gran Cine Moderno. Empresa Carmona. Los más variados, seleccionados programas de la presente y próxima temporada. Parada del tranvía. Éste médico tiene hoy una calle dedicada a su nombre: Dr. Francisco Martín Sierra. Médico titular. Medicina General y Cirugía. Consulta de 1 a 3. Calle Morente, n º 1.

Copio unos renglones de El toque de los viejos, donde Cecilio Ramos V. se quejaba –y con razón–, de que la gente le daba al pico y rezaba poco: Este es el nombre con que el vulgo bautizó a unas campanadas que a las cuatro en punto de la tarde suenan en la Ermita, señal que hace la ermitaña a los ancianos que acuden al rezo del Santo Rosario (…) Desgraciadamente, pocos, muy pocos, son ya los que asisten a estas tradicionales típicas reuniones fuera y dentro de la Ermita. La piedad decae en estos tiempos modernos, no sólo en la juventud, triste es confesarlo. ‘Que recen los viejos’, dicen los jóvenes de nuestros días, y los viejos de estos mismos días, en vez de seguir tan buen consejo, se sitúan y reúnen en la carretera y parada del tranvía no a rezar sino a criticar y comentar el motivo o causa supuesta del viaje que hizo a Granada el fulano o la fulana. En fin, los cotilleos de siempre, pero anda que si Cecilio se diera una vuelta estos días por la Ermita, vería que ya no queda ni la ermitaña.
Y ahora unos minutos para la publicidad de la época, así que no se vayan: Casa Adriano. Comestibles finos, paquetería y alpargatería. Queipo del Llano, 33. En esta misma calle, afeitaba la barba y trasmontaba el pelo Manuel Ruiz, en su moderna barbería Barón de Maynard. ¿De dónde sacaría el nombrecito?, cuando mejor negocio hubiera sido ponerle Barbería los Condes de Gabia. Unos metros más allá, teníamos a Sebastián Polo Pertíñez. Elaboración de cáñamos y linos, trenzas e hilados de los mismos. Manuel Gómez Rodríguez era lo que se dice un tendero de confianza: Comestibles en general. Buen peso y mejor agrado. Plaza de Álamos. Francisco Bertos Vizaira tenía que alimentar a la tropa: Barbería, alpargatería y reparación de relojes. Plaza de las Comedias. Entonces estaban de moda las carretas, ya que los neumáticos vendrían años más tarde: José Serrano García. Taller mecánico de carruajes. Especialidad en ruedas construidas con madera catalana seca. Comandante Villanova, 4.

En esta calle se anunciaba Luis Bertos Mingorance, que lo mismo te vendía un metro de tela, que una olla o un puñado de clavos: Tejidos, paquetería, loza y quincalla. José Pertíñez Bertos, con su teléfono y todo, ya barruntaba el negocio del ladrillo: Materiales de construcción. Carretera de Granada, teléfono 4. Narciso Polo García era de los que pensaban que, quien entra, no sale: Bar Salsipuedes-Ultramarinos. Plaza del General Franco, 37. Este otro no necesita mayor presentación: El Dios Baco. Maestro Parranga. Zapatero italiano. Remendón con título. Constructor de calzados a la medida. Chiribiti, nº 0.

Con el título de Traca final, Cecilio Ramos resumía aquel antológico programa de fiestas de 1942: Como en cinta cinematográfica, desfilan ante nosotros, como un sueño, los cuatro días pasados de fiestas. Adiós dianas públicas, veladas, conciertos, tres bandas de música, función religiosa, procesión, fuegos artificiales, iluminaciones, feria, concursos, bailes, verbenas, fútbol, tiro de pichón, carreras, cucañas, globos, teatro, circos, columpios, tíos vivos, romería, turrón, churros, ferial, danzas, alegría…, adiós, quizá para siempre, adiós… Es un cierre precioso, pues resume toda una época: la de los piojos y las cartillas de racionamiento, la del cáñamo y la pertinaz sequía, la del tabaco verde y la gorra de visera. Ntra. Sra. de las Nieves. Fábrica de harinas, pan y aceite. Parsuaga-S.R.C. Sí, la vida sabe mejor con una rebanada de pan con aceite, porque nos transporta al tiempo de nuestros padres y abuelos, a nuestra propia infancia. Finalmente añadir que, el 23 de marzo de 1954, el periódico IDEAL destacó este acontecimiento: Unas nueve mil personas se concentran en Gabia Grande con motivo de la tercera peregrinación mariana.
[Posdata: Este artículo fue publicado en la desaparecida revista, Las 4esquinas, de Las Gabias, en octubre de 2006]





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