Tras visitar y disfrutar de esa peculiar atmósfera que te daba una sensación de paz que invitaba a la introspección ¿o era el silencio reinante?, tocaba volver sobre nuestros pasos y recorrer el camino a la inversa. Curiosamente parecía más corto e inclinado que cuando tocó subirlo. Han despertado los chamarileros y en el lado de la montaña ha comenzado a aparecer con los cachivaches de los tenderetes que les dan de comer, luego comprobaremos que habrá muchos más en la plaza, cerca del aparcamiento, donde deambulan los que ya están para trotar y dejaron de ver lo más interesante de la península: el monasterio de Sevanavank.
A la hora fijada todos al bus y tras recorrer un trecho a la inversa, éste tomaba una carreterilla, junto al lago, que nos llevará por estas montañas de tierra [roca o tufa] negra hasta llegar a otra gran sorpresa para el viajero. Por aquí y por allá, pequeños núcleos habitados, casas sembradas en medio de la naturaleza, en medio de la nada, las típicas faenas agrícolas o extracciones mineras muestran su peculiar y particular belleza tras la lluvia. En algún rincón nos pareció distinguir los restos de una colonia penal de los tiempos soviéticos que seguramente se emplearon para los proyectos de reforestación que dejaron cubiertos algunos de los muchos calveros que ahora lucen una densa capa vegetal.

Esa parte del viaje fue la más lluviosa, con ganas: parecía que el lago la llamaba y no dejaba ver el paisaje ante la impresionante cantidad que dejaba la tormenta rica en relámpagos y sus correspondientes truenos. Por el horizonte, a la izquierda, en el sentido de la marcha, aparecieron unos impresionantes mástiles que corresponderían al centro emisor de Noratus, la gran antena de cortina sobresalía entre aquella decena de torres de lo que antaño fue la todopoderosa voz de Radio Moscú [posteriormente reconvertida en La Voz de Rusia y finiquitada hace años por Vladimir Putin] que atravesaba mares y océanos para llevar un tipo de radio que competía con la poderosa VOA que prácticamente nunca la llegaría a superar en las encuestas de popularidad entre los diexistas de la época en la que la radio de onda corta que vivía su dorada etapa. ¡Qué tiempos más fantásticos en la radio internacional, contrastan con la decadencia que ahora vivimos y donde nada es lo que parece; hasta la BBC languidece, en los momentos en que pergeño estas notas, estaban 500 profesionales despedidos, desde el Brexit del Tío Gilito, rubio y descocado, el Reino Unido perdió, también, el prestigio de su buque insignia radiofónico y televisivo: los mismos que lo han desmontado se quejan ahora de las fake news que todo lo invaden. Hoy, ese viejo centro emisor, en el sur del Lago Sevan, cuyas antenas destacaban en el horizonte gris de la gran tormenta, al parecer está gestionado por los militares y se usa parcialmente para emitir los programas de diferentes emisoras públicas norteamericanas, incluso de la VOA se lanzaron desde aquí. Dicho sea de paso, los estadounidenses tienen un gran complejo diplomático que da cobertura a toda esta caliente región desde que tuvieron que abandonar Teherán.

Tocaba poner pies en tierra, la lluvia hace que todas las explicaciones se hagan en el bus, parado, a la espera del momento apropiado para visitar el impresionante cementerio medieval que arranca con el siglo IV. El lugar está poblado de estelas o khachkars, en algunos casos superan los dos metros y encontraremos infinidad de tatuajes en la roca, fueron cincelados a partir del XII, desde entonces el lugar funge de cementerio, aunque el más moderno está algo separado de este histórico camposanto. Recuperado con la ayuda de la cooperación americana -allí están la mayor cantidad de expatriados armenios llegados en diferentes momentos de la historia a resultas de los terribles y violentos encuentros que padecieron estos pueblos a lo largo de los siglos- que adecentó el lugar y hoy necesita una buena limpieza o dejar entrar algún que otro rebaño de ovejas para que se coman el impresionante manto verde que crece, salvaje y virgen, entre losa y losa. En algunos tramos la hierba alcanza una buena altura y este hecho, después del paseo tras la lluvia, fue el que hizo que los que nos desplazamos más al interior del gigantesco recinto de siete hectáreas y casi mil piezas, acabásemos prácticamente empapados: fue la entrada que tuvimos que pagar si queríamos aprovechar el tiempo observando esos pétreos soldados -así los percibieron los invasores- más escondidos, pero necesitarías semanas para poder ir anotando la totalidad de esas piedras que explican hechos en un momento de la historia de la región.

Pasa por ser el más grande en el mundo desde que los azeríes destruyeran el de Julfa situado en Najichevan; éste se había salvado de los turbulentos períodos de la historia, incluso del comunismo, pero no logró superar el radicalismo islámico que me recuerda a los talibanes cuando destruyeron los gigantescos budas de Babiyan. Poder recrearse y observar la multitud de detalles es todo un placer difícil de describir, quizá influye el regreso a mi infancia feliz, las charlas y martillazos del cincel en los Tajos de Alhama. Una de esas históricas y artísticas piezas fue obsequiada al Museo Británico en 1977 de manos del catolicós Vazgen I.
Hay tumbas por doquier y, en algunas, se pueden observar con todo detalle páginas de la historia, de la profesión o de las habilidades del difunto, daba la sensación de estar leyendo un libro esculpido en la piedra, eso sí, hay que estar atento a las explicaciones del guía o te pierdes la novela.

La leyenda sobre el lugar dice que cuando las tropas de Tamerlán llegaron al cerro de enfrente, el lugar, al atardecer, fue confundido con los escudos de los soldados: decidieron no darse por enterados y pasar de largo ante los cientos de losas erguidas, desde lejos, parecen gigantes poco amistosos. Volvería la lluvia que nos hizo buscar refugio y se acortara la visita para realizar el camino a la inversa; los cuarenta kilómetros que había que recorrer hasta llegar a un excelente restaurante alejado del mundanal ruido, pero que si uno no tiene reserva, no podrá reponer fuerzas ante lo concurrido del negocio. Noratus quedaba grabado y difícil de olvidar por su grandeza y por la radio.
- Acceder al resto de ARTÍCULOS DE ESTA SERIE
Armenia, 2/17: «Repaso histórico»
Armenia, 3/17: «Un viaje postergado»
Armenia, 4/17: «Ereván, su vibrante centro»
Armenia, 5/17: «Ereván, el museo de los manuscritos»
Armenia, 6/17: «Ereván, los últimos retazos»
Armenia, 7/17: «La visita al tempo yazidí de Quba Mere Diwan»
Armenia, 8/17: «Echmiadzin, la ciudad santa de Armenia»
Armenia, 9/17: «El parque al aire libre»
Armenia, 10/17: «El tramo más largo, Ereván a Gyumri»
Armenia, 11/17: «Gyumri y la fortaleza negra»
Armenia, 12/17: «El lago Sevan y sus monasterios»
Armenia, 13/17: «El cementerio medieval de Noratus»
Armenia, 14/17: «Estación de esquí Tzaghkadzor»
Armenia, 15/17: «Khor Virap San Gregorio»
Armenia, 16/17: «Garni, templo paleocristiano y concierto de Duduk»
Armenia, 17/17: «Geghard, concierto coral»





Deja una respuesta