La Tuna del Distrito Universitario de Granada, representando a la UGR, ha conseguido dos galardones en el XVII Certamen de Tunas Villa de Lopera. Concretamente, el Premio a Mejor Tuna y el Premio a Mejor Solista.

Juan Francisco Casas Muñoz: «La responsabilidad de seguir siendo un referente»

«Veinticinco minutos sobre un escenario. Setenta y ocho años sobre los hombros»

Cuando el público toma asiento, todo parece sencillo.

Cinco tunas. Un escenario. Un jurado. Un puñado de canciones. Unos premios al final de la noche. Eso es lo que se ve. Lo que no se ve empieza mucho antes.

Empieza cuando un compañero cruza el Atlántico desde México para volver a cantar con la Tuna. Cuando otro recorre cientos de kilómetros desde Cádiz, La Línea, Jaén, Málaga, Antequera, Palma del Río, Murcia o desde cualquier otro rincón donde la vida le haya llevado. Cuando alguno llega el mismo sábado, actúa, comparte apenas unas horas con sus compañeros y vuelve a casa esa misma noche porque al día siguiente le esperan su trabajo, su familia o sus obligaciones.

Lo que no se ve son las madres, las esposas, los hijos o los nietos que entienden que, durante un fin de semana, quien tienen al lado necesita volver a un lugar al que nunca ha dejado de pertenecer.

Y tampoco se ven las dos botellas de tequila que un compañero trae desde México. No para celebrar una victoria. Ni siquiera pensando en los premios. Las trae para celebrar algo mucho más importante: que, una vez más, volvemos a estar juntos.

Porque nadie cruza un océano por un trofeo. Se cruza por un abrazo. Por unas risas.

Quizá ahí empiece realmente la Tuna. No en un escenario. Sino alrededor de una mesa.

Porque una Tuna no se mantiene viva porque conserve su repertorio. Se mantiene viva porque conserva su manera de entender la amistad.

Hace unos días tuvimos el privilegio de participar en el XVII Certamen Internacional de Tunas «Villa de Lopera».

Lo primero que merece ser dicho no tiene nada que ver con nosotros.

Organizar hoy un certamen de tunas exige una generosidad extraordinaria. Detrás de un fin de semana de música hay meses de trabajo silencioso, llamadas, reuniones, búsqueda de apoyos, coordinación y una enorme ilusión por mantener viva una tradición universitaria que cada año encuentra más dificultades para seguir existiendo.

Por eso, antes de hablar de premios, queremos expresar nuestro agradecimiento a la Tuna de Lopera. Por la invitación, por el cariño recibido y por demostrar que todavía hay quienes entienden que conservar una tradición también es una forma de construir futuro.

Durante todo el fin de semana, su gente, la alcaldesa Mari Carmen Torres Bellido y hasta la peña «La Taberna» nos hicieron sentir en casa. Nos cuidaron a nosotros y a las más de cien personas que llenaron las calles de Lopera con guitarras, bandurrias, capas y canciones. Cuando uno organiza un certamen sueña con que los participantes disfruten. En Lopera consiguieron algo todavía mejor: que nos sintiéramos parte del pueblo durante unas horas.

Porque las tradiciones no desaparecen de repente. Desaparecen cuando dejan de cuidarse.

A menudo se piensa que una actuación comienza cuando se levanta el telón. En realidad, empieza mucho antes.

Empieza en cada ensayo. Aunque quizá debería decirse de otra manera.

A los ensayos no se viene a ensayar. Se viene ensayado.

Puede parecer una frase exigente. Lo es. Pero también es una forma de entender el compromiso.

Cada compañero llega con el trabajo hecho. Entonces aparecen los pequeños matices. Una segunda voz que ajustar. Un final que puede sonar mejor. Una guitarra que debe respirar con las demás. Una entrada que necesita un silencio distinto.

El director musical guía ese trabajo con una responsabilidad enorme. Otros compañeros, antiguos directores o músicos con experiencia y, sobre todo, con criterio, aportan su visión cuando creen que pueden mejorar algo. Se debate. Se escucha. Se corrige.

No se trata de imponer. Se trata de conseguir que la Tuna suene mejor que el día anterior.

Siempre un poco mejor.

El público escucha canciones. Nosotros seguimos escuchando las voces de quienes nos las enseñaron.

En una Tuna cada uno tiene su responsabilidad. El director musical dirige la música. El jefe dirige algo mucho más difícil: Las personas.

Organiza. Escucha. Media cuando aparecen diferencias. Toma decisiones que no siempre son cómodas. Intenta que los egos nunca estén por encima del escudo. Procura, aunque a veces pierda hasta los papeles, que cada compañero encuentre su sitio.

Y, sobre todo, recuerda constantemente que el protagonista nunca puede ser una persona.

El protagonista siempre debe ser la Tuna.

Quizá por eso, cuando termina una actuación, nunca pienso primero en los premios. Pienso en otra cosa.

¿Hemos estado a la altura de lo que representamos?

Porque el jurado puede preferir otra actuación. El público puede emocionarse más con otra canción. Eso forma parte de cualquier certamen.

Lo verdaderamente importante es bajar del escenario sabiendo que no podíamos haber dado más.

Hay actuaciones que reciben premios. Y hay actuaciones que dejan la conciencia tranquila. Las dos merecen ser celebradas.

Porque los premios hablan de una noche. La conciencia habla de toda una trayectoria.

En Lopera ganamos el Primer Premio a la Mejor Tuna y el Premio al Mejor Solista.

Sería absurdo decir que esos reconocimientos no hacen ilusión. Claro que la hacen.

Pero también sabemos que esos premios no nacieron aquella noche. Comenzaron hace meses. En cada ensayo. En cada conversación. En cada viaje. En cada sacrificio personal.

Y comenzaron mucho antes que nosotros. Hace setenta y ocho años.

Hay veteranos que hoy podrían quedarse tranquilamente en casa, con la conciencia bien tranquila. Algunos fueron jefes. Otros dirigieron musicalmente esta Tuna. Algunos conviven incluso con enfermedades o con las limitaciones propias de la edad.

Y, sin embargo, siguen viniendo.

No vienen porque necesitemos completar una fotografía. Vienen porque la Tuna sigue formando parte de su vida. Porque la Tuna es, y siempre será, su casa.

Y hay pocas cosas tan reconfortantes como saber que siempre existe un lugar al que uno puede volver sin necesidad de llamar a la puerta.

Y quizá esa sea una de las mayores lecciones que puede ofrecer una institución como la nuestra.

Hay mesas donde un universitario de diecinueve años brinda con un compañero que comenzó a cantar cuando él todavía no había nacido.

Después suena la primera guitarra… y dejan de existir las generaciones.

Empieza una canción. Y todos vuelven a tener la misma ilusión. Eso también es la Tuna.

Nuestra Tuna tiene una singularidad que siempre hemos llevado con enorme orgullo.

Nunca hemos necesitado distinguirnos por el color de una beca. Desde nuestros orígenes hemos llevado sobre el pecho el escudo de la Universidad de Granada. Y eso significa mucho más que un detalle estético.

Significa representar a toda una Universidad. No a una facultad. No a un centro concreto.

A toda una institución. Y eso es un privilegio, y también una enorme responsabilidad.

Porque cada vez que subimos a un escenario sabemos que no cantamos únicamente en nombre de quienes estamos allí. Cantamos también por quienes estuvieron antes. Y por quienes algún día ocuparán nuestro lugar.

El público escucha canciones.

Nosotros seguimos escuchando las voces de quienes nos las enseñaron.

Hay quienes cuentan los años que llevan en la Tuna. Nosotros preferimos contar las generaciones que hemos tenido la suerte de conocer.

Porque, al final, una Tuna no se mide por el tiempo que pasa. Se mide por el tiempo que permanece.

Los tiempos cambian. La Universidad cambia. La sociedad cambia.

Mantener viva una Tuna universitaria resulta hoy mucho más difícil que hace unas décadas.

Cada vez cuesta más organizar certámenes. Encontrar apoyos. Conservar espacios. Hacer comprender que la Tuna no es una reliquia del pasado, sino una parte viva del patrimonio universitario.

Quizá algún día las instituciones comprendan que proteger una tradición no consiste únicamente en conservar documentos o fotografías. También consiste en cuidar a quienes todavía la mantienen viva. Porque las tradiciones no sobreviven gracias a quienes hablan de ellas. Sobreviven gracias a quienes siguen dedicándoles tiempo cuando ya casi nadie mira.

Existe un viejo proverbio que dice que una sociedad crece cuando los mayores plantan árboles sabiendo que nunca se sentarán a su sombra.

Siempre me pareció una hermosa forma de entender la vida Con el tiempo comprendí que también explica muy bien lo que significa pertenecer a una Tuna.

A veces nos preguntan cuál es el secreto para seguir siendo un referente después de tantos años. Y, sinceramente, no creo que exista ningún secreto. Simplemente intentamos cuidar lo que otros cuidaron antes que nosotros. Nada más, y nada menos.

Las instituciones que sobreviven al paso del tiempo no lo hacen gracias a una generación extraordinaria.

Sobreviven porque muchas generaciones normales decidieron cuidar de algo extraordinario”

Porque nadie recibe una Tuna para disfrutarla únicamente. La recibe con la obligación moral de entregarla un poco mejor de como la encontró. Ese es el verdadero reto. No ganar un certamen. Sino merecer el legado recibido.

Quizá entonces volvamos a un certamen.

Ya no para cantar.

Solo para escuchar.

Nos sentaremos discretamente entre el público.

Nadie reparará demasiado en nosotros.

Y será una magnífica noticia.

Sobre el escenario aparecerán otros rostros.

Otros nombres.

Otros jóvenes.

Habrán afinado sus instrumentos con los mismos nervios que un día lo hicimos nosotros.

Se colocarán bien la capa.

Se ajustarán la casaca para que el escudo de la Universidad de Granada luzca sobre el pecho.

Respirarán hondo.

Y empezarán a cantar.

Entonces comprenderemos que nunca fuimos imprescindibles.

Y no habrá noticia más hermosa que esa.

Porque significará que la Tuna siguió su camino sin necesitarnos.

Que aquello que recibimos con respeto supimos entregarlo con la misma dignidad.

Que quienes nos enseñaron pueden descansar tranquilos.

Y que nosotros también podremos hacerlo algún día…

Nadie es dueño de un legado.

Somos, simplemente, sus guardianes durante un pequeño instante de la historia.

Porque hay responsabilidades que no pesan.

Hay responsabilidades que dan sentido a una vida.

«…Se apagan las luces del teatro. El público comienza a marcharse. Un muchacho guarda su guitarra en la funda antes de salir. Sobre el escenario descansan los trofeos que, una vez más, acreditan a la Tuna del Distrito Universitario de Granada como la mejor de la noche. Los recoge con la misma naturalidad con la que tantos otros lo hicieron antes que él. Después se coloca la capa sobre los hombros y abandona el teatro junto a sus compañeros. Sin saberlo, acaba de heredar mucho más que unos premios. Acaba de recibir una historia de casi ocho décadas…»

«…Y la Tuna continúa.»

Juan Francisco Casas Muñoz
Maestro de Religión en centros públicos de Granada
Diplomado en Magisterio y Licenciado en Ciencias Religiosas

Redacción

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Comentarios

11 respuestas a «Juan Francisco Casas Muñoz: «La responsabilidad de seguir siendo un referente»»

  1. Carmen Marí

    Es precio ver cómo hablas de la Tuna, como la sientes y la vives. Es precioso saber que existe y existirá ese legado por siglos y siglos. Cuando escucho a la tuna me encanta y cuando escucho a mi hermano dentro de la Tuna más.
    Enhorabuena

    1. JUAN FRANCISCO CASAS MUÑOZ

      Me alegra que te guste. Un besico.

  2. Cruz Fernández

    Me encanta la tuna y su trasmisión qué llega a lo más profundo es un legado qué va de generación a generación tocando sobre todo el corazón de los qué escuchan y deleita su trasmisión al coeazon

    1. JUAN FRANCISCO CASAS MUÑOZ

      La esencia de la Tuna trasciende la música. Es alegría compartida, afecto sincero, cercanía con quien lo necesita y respeto en cada paso. Todo ello envuelto en la música, la tradición, la elegancia y el saber estar que distinguen a este ambiente tan nuestro.

  3. Benjamín Noguez

    No hay palabras mejores y más certeras, La Tuna es un patrimonio de la universidad, pero también lo es del lugar y la sociedad. Celebro su existencia y espero nuevas generaciones sigan alimentando esta larga historia, y a la vez, puedan retroalimentarse de esa energía, de esos sentimientos y emociones que inundan el alma dando un sentido vital tan especial, que se irradia a todas las personas que les rodean.
    Por las antiguas, actuales y futuras generaciones, que queda todavía mucho por decir…

    1. JUAN FRANCISCO CASAS MUÑOZ

      Me alegra mucho leerte, eres historia viva, y actual, de esta nuestra Tuna. Un abrazote!

  4. JUAN FRANCISCO CASAS MUÑOZ

    Me alegra que te guste. Un besico!!!!!

  5. José Ruiz García

    Con todo mi respeto hacia tu comentario, quisiera expresar lo siguiente:
    Hay una condición «sine qua non» que debe cumplir cualquier tuna o estudiantina: todos sus integrantes deben ser ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS, lo que implica JUVENTUD en los mismos. Esto es lógico si pensamos que esta asociación es propia de los años en los que sus componentes desempeñan el glorioso menester u oficio de ESTUDIANTE en la UNIVERSIDAD.
    Es decir, podríamos concluir en que una tuna o estudiantina está compuesta por JÓVENES ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS a los que, además, une la amistad y el amor a la música.
    Cualquier asociación que no cumpla ese requisito nunca se podrá considerar una tuna. Sus miembros pueden haber sido tunos -o no- y se denominará cualquier otra cosa -léase cuarentuna, asociación de antiguos tunos, asociación de antiguos estudiantes universitarios o yo qué sé qué más, pero nunca será una TUNA, por muy profundo que se lleve ese sentimiento.
    Es mi humilde opinión, la de una persona que en la década 1972 – 1982 fue integrante de la gloriosa y magnífica Tuna del Distrito de la UGR.

    1. carlos saldaña

      Hola José.

      Tenemos gala conocer a la gente de las generaciones pasadas, a todas las que sean posibles, ya que hemos sido tantísimos que algunos se nos escapan. Ahora mismo por el nombre no te pongo cara. Sería genial que te acercaras alguna vez.

      Por otro lado. Las condiciones sine qua non no lo son tanto, no en este caso.

      La tuna, el MESTER (es mester), como todo, ha experimentado cambios radicales por su entorno, por su campo de acción que es la sociedad. Y también como todo hay que saber adaptarse. Sería genial, casi idílico, poder mantener las condiciones de las que hablas, las condiciones de hace 30 o 40 años en que la Tuna era una opción sumamente popular, y en muchos casos de las escasas que tenían la gente. Ahora mismo los chicos tienen muchísimas más opciones, con otro tipo de inquietudes y con otras perspectivas

      Adaptarse ha sido la única opción para mantener este grupo, esta gloriosa y magnífica (sic). El trabajo diario, sortear problemas, buscar soluciones, y seguir trabajando ha sido la receta para mantenernos ahora, 78 años después, de manera firme e ininterrumpida.

      Muchos damos fe de las facilidades y apoyos institucionales y sociales de antaño. Esos mismos apoyos y facilidades ahora mismo son sumamente escasos. Aún así, la gente ha querido afrontarlos, adaptarse y superarlos para poder continuar con este grupo, al que tanto queremos.

      Hoy en día, el apoyo de algunos antiguos componentes es fundamental, ese soporte, y experiencia, unado a la gente joven es un tándem que nos mantiene con buena salud, pero sobre todo que nos mantiene presentes y aún con el nivel al estamos acostumbrados.
      Es muy difícil captar nuevos chicos, pero se hace, más difícil es mantenerlos, pero se intenta. Antaño se seleccionaba gente para entrar, ahora es un verdadero triunfo tener nuevos y, que trabajen al margen de la fiesta. La situaciones, la vida, va cambiando, y a veces a peor.

      La forma más sencilla es hacer grupos de gente mayor, sin presiones institucionales, para pasarlo bien, quedar, y echar un ratito cuando se pueda. Lo difícil es trabajar por el nombre de un grupo y sostenerlo cara a la historia que mantiene. Como el mismo grupo de antaño, que sigue teniendo vigencia.

      Arrostrar esos problemas, esos inconvenientes, han sido la clave para mantener un grupo al que los antiguos puedan volver, o del que puedan sentirse orgullosos. De otro modo seríamos un recuerdo muy bonito de algo que pasó hace mucho tiempo y que pocos tendrán en mente.

      Se trabaja y se mantiene a pesar de los pesares. Seguramente la cosa cambiará, esperamos que mejor, pero de momento hay que mantenerlo. Nuestro lema: TRADICIÓN Y FUTURO lo resume. La tradición nos la han dejado, el futuro hay que buscarlo como sea.

      Con 78 años de tradición, cara a nuestro 80 aniversario (ininterrumpido) nos alegra poder hacer todo lo que esté en nuestra mano para mantener este grupo. Todo el trabajo vale la pena porque, los que damos el callo, amamos lo que representa nuestra Tuna. Así mantenemos un lugar al que volver a los que nos han precedido y esperamos que siga así por mucho tiempo mas.

      Tuna del Distrito Universitario de Granada solo hay y ha habido una; hay que cuidarla y mantenerla. Con hechos. Y los hechos ahí están.

  6. José Ruiz García

    Con todo mi respeto hacia tu comentario, quisiera expresar lo siguiente:
    Hay una condición «sine qua non» que debe cumplir cualquier tuna o estudiantina: todos sus integrantes deben ser ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS, lo que implica JUVENTUD en los mismos. Esto es lógico si pensamos que esta asociación es propia de los años en los que sus componentes desempeñan el glorioso menester u oficio de ESTUDIANTE en la UNIVERSIDAD.
    Es decir, podríamos concluir en que una tuna o estudiantina está compuesta por JÓVENES ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS a los que, además, une la amistad y el amor a la música.
    Cualquier asociación que no cumpla ese requisito nunca se podrá considerar una tuna. Sus miembros pueden haber sido tunos -o no- y se denominará cualquier otra cosa -léase cuarentuna, asociación de antiguos tunos, asociación de antiguos estudiantes universitarios o yo qué sé qué más, pero nunca será una TUNA, por muy profundo que se lleve ese sentimiento.
    Es mi humilde opinión, la de una persona que en la década 1972 – 1982 fue integrante de la gloriosa y magnífica Tuna del Distrito de la UGR.
    Con todo mi respeto hacia tu comentario, quisiera expresar lo siguiente:
    Hay una condición «sine qua non» que debe cumplir cualquier tuna o estudiantina: todos sus integrantes deben ser ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS, lo que implica JUVENTUD en los mismos. Esto es lógico si pensamos que esta asociación es propia de los años en los que sus componentes desempeñan el glorioso menester u oficio de ESTUDIANTE en la UNIVERSIDAD.
    Es decir, podríamos concluir en que una tuna o estudiantina está compuesta por JÓVENES ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS a los que, además, une la amistad y el amor a la música.
    Cualquier asociación que no cumpla ese requisito nunca se podrá considerar una tuna. Sus miembros pueden haber sido tunos -o no- y se denominará cualquier otra cosa -léase cuarentuna, asociación de antiguos tunos, asociación de antiguos estudiantes universitarios o yo qué sé qué más, pero nunca será una TUNA, por muy profundo que se lleve ese sentimiento.
    Es mi humilde opinión, la de una persona que en la década 1972 – 1982 fue integrante de la gloriosa y magnífica Tuna del Distrito de la UGR.

  7. JUAN FRANCISCO CASAS MUÑOZ

    Muchas gracias, José, por tu comentario y por aportar tu punto de vista desde la experiencia de haber pertenecido a la Tuna del Distrito de la Universidad de Granada en una etapa tan importante de su historia. Es un placer leer reflexiones de quienes habéis contribuido a engrandecer esta institución.

    Entiendo perfectamente lo que quieres expresar y, de hecho, comparto el origen de ese planteamiento. Históricamente, la tuna ha estado ligada al estudiante universitario. Sin embargo, también creo que la propia historia demuestra que la tuna siempre ha ido adaptándose a la realidad de cada época.

    Pongo un ejemplo muy sencillo. En las décadas de los 50 y 60 era habitual que un tuno permaneciera únicamente el tiempo que duraba su carrera, tres, cuatro o cinco años. Sin embargo, en vuestra generación, entre los años 70 y 80, esa realidad ya había cambiado y era relativamente frecuente permanecer diez años en la tuna. Es decir, incluso dentro del siglo XX las normas y las costumbres ya habían evolucionado.

    Hoy, varias décadas después, la universidad también ha cambiado. Ya no es extraño encontrar personas que cursan dos grados, un máster o incluso un doctorado. En mi caso, por ejemplo, he realizado dos titulaciones universitarias, un máster y actualmente me planteo iniciar un doctorado. Jurídica y académicamente seguiría siendo estudiante universitario, aunque tenga 37 años. Por eso considero que la condición de «ser estudiante universitario» ya no puede interpretarse exactamente igual que hace cincuenta años.

    Pero, además, creo que existe una realidad aún más evidente. Si hoy aplicáramos de forma estricta el criterio de que únicamente pueden formar parte de una tuna quienes cursan una carrera durante unos pocos años, muchas tunas simplemente habrían desaparecido. La permanencia de algunos veteranos ha permitido transmitir repertorios, costumbres, protocolos y una forma de entender la tuna que, de otro modo, probablemente se habría perdido.

    Quizá ahí esté, precisamente, uno de los mayores valores de la tuna actual: la convivencia entre generaciones. Para mí, esa intergeneracionalidad es una riqueza enorme. Un estudiante recién llegado puede aprender de quien lleva diez, veinte o treinta años viviendo la tuna, del mismo modo que los veteranos también aprenden de las nuevas generaciones y de los cambios que trae la universidad.

    Comprendo perfectamente que existan opiniones diferentes y las respeto profundamente. De hecho, de ese debate han surgido también las cuarentunas y otras asociaciones, muchas veces nacidas precisamente porque algunas tunas universitarias desaparecieron y quienes seguían sintiendo ese modo de vida buscaron otra forma de mantener vivo ese espíritu.

    Personalmente, entiendo que ser tuno trasciende el mero hecho administrativo de estar matriculado en una universidad. La tuna nace en la universidad, pero también se alimenta de la amistad, de la música, de las tradiciones y de la transmisión de unos valores entre generaciones. Quizá por eso siempre me ha gustado aquella expresión que resume muy bien ese sentimiento: ***Semel tuno, semper tuno*** («una vez tuno, tuno para siempre»).

    En cualquier caso, te agradezco sinceramente tu comentario. Este tipo de reflexiones enriquecen el debate y demuestran que todos compartimos, aunque desde perspectivas distintas, el mismo cariño por la Tuna.

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