Era un día gris y, al final lluvioso, por suerte apenas si nos afectó durante el viaje; parecía como si la diosa naturaleza quisiera congraciarse con el grupo, sólo un pequeño contratiempo mientras estábamos visitando el cementerio medieval y yo entretenido con las antenas de cortina que se divisaban en la zona correspondientes al entonces poderoso conglomerado de la radio soviética, la mítica y combativa Radio Moscú. Pero tras unos veinte minutos de aguacero, que el grupo aprovechó para refugiarse en el local del negocio próximo al inmenso camposanto, aunque parece un museo a pesar de su soledad. La señora solucionó el día gracias a esa oportuna lluvia que le permitió realizar unas cuantas ventas y negociar los regateos, toda una odisea que hay que practicar cuando se está por esos mundos, los comerciantes hacen de las suyas y los precios suben cuando llegan los grupos.

Partiamos a primera hora de la mañana hacia uno de los lagos alpinos más altos del mundo: Lago Sevan a 1900 metros y 1200 kilómetros cuadrados de agua. Nuestro destino: la bella península de Sevanavank donde encontramos otra de las joyas del viaje; el monasterio del siglo IX y la mañana nos obsequiaba con un florido lugar a pesar de las decenas de escaleras que hay que subir para poder contemplar la belleza desde esa atalaya que permite tener una visión de 360º sobre la zona. Antaño fue una isla pero al ir extrayendo agua para fines agrícolas se convirtió en la actual meseta o promontorio; abajo, en la orilla, los tradicionales comercios de los lugares turísticos, arriba los monasterios y si uno continúa caminando, tras sobrepasar lo que parece fue una batería militar, encontramos la valla y el acantilado que protege a una de las residencias de los peces gordos del gobierno en la zona que hace honor al título de «la joya de Armenia»: un lugar realmente privilegiado para los nativos que vienen aquí a pasar sus vacaciones, aunque nosotros apenas lo notamos y nos daba la sensación de estar en un lugar turístico desangelado y sin marcha, no había ambiente, los negocios a medio gas. Para ellos llegar hasta aquí es como ir a la playa, recordemos que el territorio no tiene salida al mar y en él desaguan 28 ríos o arroyos creando una cuenca controlada destinada al consumo humano y al regadío, el drenaje se produce por el Hrazdam.

Por supuesto, el desastre del Mar de Aral también apareció en el Lago Sevan, aunque parcialmente, pues no se ejecutó el proyecto original pero a pesar de ello, el lago perdió gran parte de su contenido gracias a los gigantescos proyectos hidráulicos y túneles que extraían mucho más de lo que entraba. En su perímetro encontramos varias ciudades o pueblos y la reforestación de las orillas no llegó a completarse en su totalidad, aunque siendo observador, uno puede encontrar lugares que fueron trabajados con personal forzado.
En la pequeña península los monasterios son el vivo testimonio de un pasado en que los lugareños se refugiaban en lo que era una isla deshabitada hasta el siglo VIII cuando llegaron los primeros monjes que construyeron la capilla y algunas de las celdas -hoy sólo hay sus ruinas-. El trabajo culminó con el reinado de Ashot I [fundador de la dinastía Bagrátida] en el 874 y fruto de ello son las dos iglesias, San Arakelots [Santos Apóstoles] y Astvatsatsin [Santa Madre de Dios]. Desde aquí el citado soberano inició la batalla contra los invasores árabes en el año 859 y, tras la construcción de los monasterios, la actividad monástica fue continua hasta 1930 cuando abandona el lugar el último monje: se iniciaba la noche más oscura para los creyentes en todo lo que entonces formó parte del conglomerado de la Unión Soviética.
Hoy es un lugar de recogimiento y retiro para los seminaristas; cuando llega el verano, abre sus puertas la Academia Teológica Vazkeniana y el monasterio negro vuelve a irradiar fe y luz en todo el contorno, la colina pasa por ser uno de los lugares más visitados de toda Armenia.

A la entrada encontraremos numerosos khachkars [lápidas o piedras talladas] y la del interior, en forma de cruz, nos ofrece un Cristo poco habitual para nosotros pues está representado con rasgos mongoles y eso fue precisamente lo sirvió para que los belicosos guerreros del Lejano Oriente no destruyeran las iglesias si en ellas encontraban estas figuras talladas en el XII-XIII. Sin duda una buena estrategia para no tener que andar reconstruyendo todo; en muchas de esas losetas o piedras talladas encontramos temas bíblicos y motivos bastante recurrentes en las típicas alfombras. Los muros que habían resistido numerosos episodios bélicos, fruto de las numerosas batallas, acabarían desapareciendo en el XVI-XVII. Pero debemos colegir que la belleza y quietud del lugar invitan al recogimiento: un punto elegido con muy buena visión hace 1200 años. Hoy centro de espiritualidad, retiro y símbolo de la lucha del pueblo armenio.

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