El investigador, docente y escritor considera que este reconocimiento supone un respaldo a la cultura, la educación y el estudio del patrimonio, casi una década después de la publicación de su obra de referencia sobre la fiesta.
Doctor en Humanidades y Ciencias Sociales, maestro, investigador y divulgador cultural Miguel Ángel Martínez Pozo ha sido distinguido con el Premio Cascamorras 2026 otorgado por la Asociación Cascamorras de Baza, un reconocimiento que llega casi una década después de la publicación de Una fiesta internacional: Cascamorras. Antropología, historia, leyenda, tradición y valores, una de las investigaciones más completas realizadas sobre esta singular celebración.
Lejos de interpretar el galardón como un reconocimiento estrictamente personal, Martínez Pozo entiende esta distinción como una reivindicación del valor de la cultura, la investigación, la educación y la divulgación del patrimonio cultural.
«A veces pensamos que el valor de una obra debe medirse en el momento en que aparece, cuando en realidad hay investigaciones que necesitan tiempo para desplegar todo su significado», explica. En este sentido, considera especialmente simbólico que el reconocimiento llegue nueve años después de la publicación de su trabajo, ya que los estudios sobre patrimonio e identidad colectiva suelen abordar realidades complejas que continúan dialogando con la sociedad mucho tiempo después de haber sido escritos.
«Algunas investigaciones son como las semillas: no muestran toda su fuerza en el momento en que se siembran, sino cuando el tiempo les permite echar raíces y dar fruto», señala.

Durante años, Martínez Pozo ha defendido la necesidad de estudiar las tradiciones populares desde una perspectiva multidisciplinar. En su opinión, el Cascamorras constituye un fenómeno cultural de enorme riqueza que no puede explicarse únicamente desde la historia.
«La historia nos ayuda a reconstruir acontecimientos; la antropología nos permite comprender símbolos y rituales; la sociología explica cómo una comunidad construye identidad; y la educación garantiza la transmisión de ese patrimonio a las nuevas generaciones. Solo cuando todas esas miradas dialogan obtenemos una visión completa de una tradición».
Uno de los aspectos más destacados de su investigación ha sido el análisis de la diferencia entre historia y leyenda, dos conceptos que considera complementarios. Mientras la historia intenta reconstruir los hechos a partir de documentos y evidencias, la leyenda ayuda a comprender cómo una comunidad interpreta su pasado y transmite determinados valores de generación en generación.
Para el investigador benamaurelense, las leyendas no deben entenderse como relatos sin valor por el hecho de no ser verificables históricamente. «La historia nos ayuda a comprender los hechos; la leyenda nos ayuda a comprender a las personas», resume.
Desde una perspectiva antropológica, Martínez Pozo también ha estudiado la figura del Cascamorras como heredera de antiguas mascaradas rituales relacionadas con el simbolismo del chivo expiatorio, personajes encargados de asumir y expulsar simbólicamente los males colectivos. Sin embargo, considera que el significado contemporáneo de la fiesta ha evolucionado profundamente.
«Si antiguamente podía simbolizar la expulsión de los males de una comunidad, hoy me gusta verlo como una figura capaz de reconciliar, unir y recordar aquello que compartimos. En una sociedad donde con demasiada facilidad se buscan culpables y enfrentamientos, el Cascamorras puede enseñarnos que ninguna comunidad crece buscando enemigos, sino construyendo puentes».

Esa reflexión adquiere especial relevancia en un momento en el que diferentes sensibilidades y colectivos vinculados a la fiesta mantienen posiciones enfrentadas sobre determinadas cuestiones. Sin entrar en polémicas concretas, el investigador apuesta por el diálogo y el entendimiento como herramientas fundamentales para afrontar cualquier discrepancia.
«Las tradiciones son demasiado importantes para convertirse en trincheras. El patrimonio debe ser un espacio de encuentro y no de confrontación. Deseo sinceramente que cualquier diferencia pueda resolverse como debería haber hecho desde siempre: desde el respeto mutuo, el consenso y la voluntad de entendimiento y, si finalmente corresponde a la justicia pronunciarse sobre determinadas cuestiones, habrá que respetar sus decisiones pero, más allá de cualquier resolución jurídica, todos deberíamos recordar que el Cascamorras seguirá existiendo cuando nosotros ya no estemos».
Como docente, Martínez Pozo también reivindica el papel de la educación como herramienta esencial para la conservación del patrimonio cultural. A su juicio, las tradiciones sobreviven porque alguien las transmite y porque las nuevas generaciones encuentran en ellas un elemento de identidad y pertenencia.
«Nadie protege aquello que desconoce y nadie ama verdaderamente aquello que no comprende», afirma.
Otro de los aspectos que considera fundamentales es la defensa de la libertad de investigación. Durante su trayectoria, reconoce haber comprobado cómo determinados estudios pueden generar incomprensiones o controversias, pero insiste en que las ideas deben debatirse siempre desde el respeto y los argumentos.
«Las investigaciones pueden discutirse, revisarse o cuestionarse, pero una sociedad culturalmente madura no teme al conocimiento. Lo estimula».
A pesar de que los ejemplares físicos de su libro sobre el Cascamorras se encuentran agotados desde hace años, la obra continúa disponible gratuitamente en internet y ha sido descargada por miles de lectores de distintos países. Una decisión que responde a una convicción personal profundamente arraigada: que el conocimiento alcanza su verdadero valor cuando se comparte.

Precisamente ahí encuentra una de sus mayores satisfacciones como investigador. Más allá de premios y reconocimientos, asegura que resulta emocionante comprobar que una investigación continúa siendo leída, consultada y utilizada años después de haber sido publicada.
Martínez Pozo concluye con una reflexión que resume buena parte de su trayectoria intelectual y humana: «Las personas pasamos, las tradiciones evolucionan, pero el conocimiento permanece. Y cuando una comunidad apuesta por la cultura, está apostando también por su memoria, por su identidad y por su futuro».






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