Herodes no quería matar a Juan, pero por aquello de no desdecirse y por las apariencias, al final, le corta la cabeza y se la llevan en una bandeja.
Pilatos no ve culpa en Jesús, pero cede y lo dejan que lo crucifiquen.
Comenta Hans Kelsen en ese clásico que es: “Valores y Justicia” que cuando Jesús dice que él es la Verdad. Pilatos al preguntarle: ¿Que es la verdad? Piensa como un relativista.
Estas cosas pero no necesariamente por este orden me venían a la cabeza mientras asistía a un vía crucis que las hermanitas de los pobres habían organizado. Los actores se mezclaban con el público y a uno le daba la sensación de estar en la Jerusalén del imperio romano.
El actor que encarnaba a Jesús, se identificaba de tal forma, que había persona mayores que se le acercaban para ayudarle o decirle que le querían. Como en la película de Jesús de Montreal del mismo director de Las invasiones bárbaras. De hecho en la crucifixión del vía crucis al levantar la cruz, se desestabiliza y la gente gritó como en la película.
Lo más que uno podía hacer, es quedarse en silencio. Puesto a especular (que viene de espejo) me pongo a pensar que hubiera sucedido si a Pilatos le da un ataque de valentía y como representante de una civilización que se basa en el derecho, hubiese puesto la carne en el asador para defender a un justo. Al fin y al cabo él disponía de la guardia romana, acostumbrada a reprimir revueltas. Ante el: ”crucificalo”, podía haber respondido: No. le voy a aplicar un “habeas corpus” y a vosotros si no os disolvéis os meto en las mazamorras.
Pero claro, para eso no puedes ser muy relativista. Ya en casa, sobre la mesa vuelvo a ver el libro, por fin lo abro: “Marco a Tulia.
Sigo escribiéndote, Tulia, y te saludo. Mi buen maestro de Rodas me enseñó lo engañadora que es la memoria humana, lo pronto que las cosas se confunden en la mente y se mezclan y la facilidad con que alteran el orden de los sucesos.”
Milka Waltari. Marco el Romano. Tomo II.
Salvador Fernández-Vivancos Fernández.





Deja una respuesta