Hace unas semanas recibimos una noticia que nos llenó de emoción: dos antiguos alumnos del Aula Permanente de Formación Abierta (APFA) de la UGR, que en su día también fueron socios de ALUMA, estaban actualmente en una residencia de mayores. Desde la Junta Directiva nos pusimos en contacto con su familia con el deseo de poder visitarlos y compartir con ellos un momento tan especial.
Así, en una espléndida mañana de junio, un grupo de miembros de la Junta Directiva y socios de ALUMA nos desplazamos hasta la localidad de Cájar para encontrarnos con esta entrañable pareja de veteranos universitarios, alumnos de la primera promoción del año 1994.
Carmen del Águila Segura, socia número 225 de ALUMA, y su marido, Gerardo Rodríguez Ruiz, socio número 226, nos recibieron con una alegría que iluminó la jornada. Sentados en un hermoso jardín, bajo la sombra generosa de los árboles, compartimos una conversación llena de recuerdos, sonrisas y emociones. Nos hablaron de sus primeros pasos en el APFA, de aquellas clases que vivían con la ilusión de quien descubre un mundo nuevo, y recordaron entre risas la sorpresa que les causó una sesión de pintura en la que posaron desnudos un chico y una chica, dejando asombrados a aquellos alumnos que comenzaban esta aventura con el entusiasmo y la curiosidad de los niños.
Lo más admirable fue comprobar cómo, a pesar del pese al paso de los años, conservan vivos en su memoria los nombres de profesores y profesoras, así como innumerables anécdotas de aquella etapa tan feliz de sus vidas. Resulta verdaderamente emocionante escuchar esos recuerdos en boca de dos personas de 102 y 98 años, cuya lucidez y cariño hacia la universidad y hacia ALUMA permanecen intactos.
Su felicidad al reencontrarse con miembros de su querida asociación fue inmensa. Y para quienes tuvimos la fortuna de visitarlos, este encuentro supuso un auténtico regalo: un soplo de esperanza que nos recordó que el deseo de aprender, compartir y seguir creciendo nunca desaparece cuando nace del corazón.
Durante la visita, José Rodríguez, presidente de ALUMA, les hizo entrega del pin de la asociación, un ramo de claveles, el pañuelo de ALUMA, el libro conmemorativo de los treinta años de historia de la asociación y un ejemplar de la revista El Senado, símbolos todos ellos del afecto, el reconocimiento y la gratitud que sentimos hacia quienes contribuyeron a construir nuestro camino.
La emoción del encuentro se vio enriquecida con la participación telemática de Juan Antonio Maldonado, director del APFA, quien quiso saludar personalmente a estos antiguos universitarios sénior. Con gran cariño, los invitó a asistir a la inauguración del próximo curso académico, ofreciéndose incluso a trasladarlos en su propio coche. Una propuesta que llenó de ilusión a Carmen y Gerardo y que despertó en todos nosotros la esperanza de volver a compartir muy pronto nuevos momentos junto a ellos.
Para quienes realizamos esta visita, resultó profundamente reconfortante reencontrarnos con algunas de las personas que, en aquellos años noventa del pasado siglo, hicieron posible el nacimiento y crecimiento de ALUMA al calor del Aula Permanente de Formación Abierta (APFA). Gracias a su entusiasmo, su compromiso y su confianza en un proyecto entonces incipiente, hoy seguimos disfrutando de una asociación viva y dinámica.
En estos días en los que conmemoramos el XXX aniversario de la fundación de ALUMA, queremos rendir un homenaje lleno de gratitud a aquellos pioneros que comenzaron esta maravillosa aventura y que sembraron una semilla que continúa dando frutos.
Porque ALUMA es amistad y compañerismo. Es el deseo permanente de aprender. Es ilusión compartida, esperanza renovada y ganas de vivir. Y encuentros como este nos recuerdan que los verdaderos lazos nunca se pierden, sino que permanecen vivos en la memoria y en el corazón.






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