Plaza Mayor e Iglesia de San Andrés de Villanueva de los Infantes

Villanueva de los Infantes: Un rincón del Siglo de Oro que sigue vivo

Un pueblo que sorprende por su historia, enamora por su vida y se queda en quien lo descubre. Villanueva de los Infantes no es solo un rincón del Siglo de Oro: es un lugar que se siente… y al que siempre se vuelve.

Hay lugares a los que uno llega sin esperar demasiado… y, sin embargo, terminan dejando huella. Eso es lo que ocurre cuando descubres Villanueva de los Infantes.

Boda de Juan F. y Sara, Plaza Mayor, Villanueva de los Infantes ::Joaquín Sanjurgo

Quizá porque desde fuera parece uno más de tantos pueblos manchegos. Quizá porque no forma parte de los destinos habituales. Pero basta poner un pie en sus calles para darse cuenta de que aquí hay algo distinto. Algo que no se explica solo con palabras, pero que se siente desde el primer momento.

Recuerdo perfectamente la primera vez que llegué. Lo que más me sorprendió fue su Plaza Mayor: amplia, armónica, viva. No es solo una plaza, es un escenario donde el pueblo se muestra tal y como es. Y, presidiendo el conjunto, la iglesia de San Andrés, que a primera vista podría confundirse perfectamente con una catedral. Su presencia impone, pero a la vez acoge. Es de esas construcciones que no solo se miran, se contemplan.

Muy cerca, en otra de sus plazas, la Plaza de la Fuente Vieja, el tiempo parece detenerse de otra manera. Más recogida, más íntima o familiar, pero igual de auténtica. Son espacios distintos, pero con una misma esencia: la de un pueblo que vive sus calles.

A partir de ahí, todo empieza a encajar. Las calles cuidadas, la piedra, la luz de La Mancha reflejada en cada rincón. Las casas con escudos heráldicos que no están ahí como decoración, sino como testimonio de un pasado que sigue presente. Pasear por Infantes es, en cierto modo, leer su historia en voz baja.

Alhóndiga Villanueva de los Infantes, C/ Gral. Pérez Ballesteros ::Joaquín Sanjurgo
Villanueva de los Infantes, Balconadas, Portadas ::Rafael Merino,

Y es que Villanueva de los Infantes no es solo bonito. “Es histórico”. Es, en cierto modo, un rincón del Siglo de Oro que sigue vivo. Aquí murió Francisco de Quevedo, en el convento de Santo Domingo, uno de los grandes nombres de nuestra literatura. A ello se suma la huella de la Orden de Santiago, que convirtió a este enclave en un punto clave del territorio, dejando una marca profunda en su arquitectura, en su urbanismo y en su identidad.

(Foto tomada por ABC, Celda dónde murió Francisco de Quevedo, Convento de Santo Domingo en Villanueva de los Infantes. Actualmente, este lugar es conocido como la Hospedería Real el Buscón de Quevedo)

Además, existe un estudio que sitúa este pueblo como el posible “lugar de La Mancha” del que habla Miguel de Cervantes. Más allá de la certeza absoluta, hay una verdad sencilla: aquí todo invita a imaginar.

Pero si algo define realmente a Villanueva de los Infantes no es solo su pasado, sino su presente.

Porque aquí la vida ocurre. Y ocurre en la calle.

Se ve en la gente paseando sin prisa, en los niños jugando en la Plaza Mayor y en la Plaza de la Fuente Vieja, en las conversaciones que surgen casi sin buscarlo. Se ve, sobre todo, en los bares, que no son simples locales, sino auténticos puntos de encuentro donde se mezclan generaciones, historias y risas. El aperitivo no es solo una costumbre: es un momento compartido, casi una forma de entender la vida.

Es también un lugar al que se vuelve. Muchos marcharon a ciudades como Madrid o Barcelona y, con el tiempo, regresan buscando lo que aquí nunca se perdió: la raíz. Y con ellos llegan hijos y nietos que descubren el pueblo por primera vez. Eso explica por qué sigue teniendo vida. Porque no es un pueblo que se vacía, es un pueblo que se reencuentra.

Y luego están sus fiestas. No como eventos aislados, sino como expresión real de una comunidad. San Antón, la Semana Santa, la Ruta de los Patios, los Mayos (el mayo a las Damas), el día de la Cruz, San Isidro, el Día del Cristo, San Marcos, la Virgen, San Cristóbal, la verbena, la feria o la conocida Fiesta del Pisto (que llegó incluso a batir récords por su tamaño) forman parte de un calendario que no se observa desde fuera, sino que se vive desde dentro. Aquí las tradiciones no se conservan: se transmiten.

Fiesta del Pisto: Ayto. de Villanueva de los Infantes

Villanueva de los Infantes fue incorporada oficialmente en 2017 a la prestigiosa asociación «Los Pueblos más Bonitos de España».

Además Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1974.

Fiesta de la Cruz ::Jesus F. Maestro,

Incluso quise que otros lo descubrieran como yo lo hice. Como miembro de la Tuna del Distrito Universitario de Granada y de la Tuna de Medicina de Granada, traje hasta aquí a compañeros de distintas tunas para que vivieran el ambiente del pueblo, su gente y su forma de entender la vida. Y muchos de ellos, como me ocurrió a mí, han vuelto después. Porque hay algo en Infantes que te invita a regresar.

Plaza Mayor, Villanueva de los Infantes, Boda de Juan F. y Sara, Tunas de Granada: Distrito, Medicina, Aparejadores, Loyola, Caniles, Tuna de Medicina de Murcia, Tuna Palmeña :: Joaquín Sanjurgo

Y no es casualidad. Villanueva de los Infantes es también un pueblo con una profunda vida musical, donde las rondallas (como la Cruz de Santiago o Los Tunos) forman parte de su identidad. Quizá por eso la conexión fue tan natural: porque aquí la música no es un espectáculo, es una forma de encuentro.

Tanto es así, que me surge casi de manera inevitable una idea: imaginar sus plazas llenas de capas, guitarras y voces en un certamen de tunas que encaje con el alma del pueblo. No como algo impuesto, sino como una prolongación de lo que ya es.

Boda de Juan F. y Sara, Tunas de Granada: Distrito, Medicina, Aparejadores, Loyola, Caniles, Tuna de Medicina de Murcia, Tuna Palmeña. Plaza Mayor, Villanueva de los Infantes :: Joaquín Sanjurgo

Porque hay una idea que sobrevuela todo esto: Villanueva de los Infantes no es un pueblo que se visita, es un pueblo al que se vuelve.

Y no lo digo como una frase bonita. Lo digo desde la experiencia. En mi caso, llegué casi por casualidad… y he vuelto incontables veces. Tantas, que este pueblo ha terminado formando parte de mi propia historia. Aquí no solo he paseado sus calles o he vivido sus fiestas: aquí me he casado, en la iglesia de San Andrés.

Y si algo he aprendido es que, cuando un sitio te deja huella de verdad, quieres compartirlo con los tuyos. Por eso, apenas unas semanas después de nacer mi hija, no tardé en traerla para que conociera este pueblo.

Y es que Infantes inspira. Inspira tanto que, incluso sin buscarlo, te sientes hijo adoptivo del pueblo (quizá algún día), y acaban brotando en forma de palabras sencillas, de esas que nacen solas cuando lo que se siente es de verdad:

Almeriense de nacimiento,
granadino de corazón,
y en Infantes, junto a Sara,
hallé mi hogar… y el amor.

Y quizá por eso, cuando un lugar se vive así, deja de ser un destino para convertirse en parte de tu propia historia. Se cuela en tus recuerdos, en tus decisiones, en los momentos importantes que quieres compartir con los tuyos. Se convierte en ese sitio al que siempre apetece volver, no por lo que tiene, sino por lo que te hace sentir.

Porque hay lugares que se conocen… y otros que, sin darte cuenta, te eligen.

Juan Francisco Casas Muñoz
Diplomado en Magisterio Licenciado en Ciencias Religiosas

Redacción

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